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Cuando los marroquíes tienen la última palabra


  • Escrito por Hamid Hamed Marradi y Rosa Amor del Olmo
  • Publicado en Opinión

Una primavera americana con un poco de historia

Las "revueltas" que se desencadenaron en 2011 en Oriente Medio y el Norte de África han despertado en Occidente, un atisbo de democracia que se asentará al otro lado del Mediterráneo. Lo cierto es que sólo fue un engaño, ya que al final, esas mismas fuerzas retrógradas son las que se han asentado en el poder en estos países incluyendo Egipto. Sin olvidar que cada país de esta región tiene su propia historia, su propio nivel de desarrollo, sus propias particularidades étnicas, religiosas y sobre todo militantes.

Estas revueltas tenían como lema unificador La primavera árabe. Esto es semánticamente contradictorio con la realidad sobre el terreno: los egipcios no solo son árabes, sino que son la civilización de los faraones; los tunecinos también se identifican entre otros, con los cartagineses; los marroquíes son el producto de un mestizaje a través de una larga historia entre las afluencias árabes, amazigh, andaluzas, africanas, judías y musulmanas. De hecho, los escritos de altos funcionarios estadounidenses y occidentales confirmaron que, lejos y a puerta cerrada, se organizó sobre todo una primavera estadounidense.

Rememorando el final de aquella primavera árabe los resultados son bien conocidos. Por solo citar tres casos:

- Derrocamiento del poder de los Hermanos Musulmanes en Egipto por el pueblo egipcio con la ayuda del ejército egipcio. - Bloqueo del Estado en Túnez, que se convertiría en un Estado fallido, bajo el yugo de los Hermanos Musulmanes tunecinos que no querían dejar el poder bajo ningún pretexto.

- Bloqueo del desarrollo de un Marruecos emergente a nivel económico, social y cultural, un Marruecos que ha conocido desde la llegada del rey Mohamed VI un destino más deslumbrante tras la puesta en marcha de proyectos estructurantes que le han dado un rango envidiable tanto a nivel continental como regional.

Todo ello acompañado del acceso al poder de los representantes de los Hermanos Musulmanes en el país, con un toque marroquí. Ejercieron democráticamente el poder gubernamental en coaliciones con liberales e incluso socialdemócratas.

Se trata de la versión marroquí de la primavera árabe que duró 10 años, tras dos elecciones parlamentarias en 2012 y 2016.

El Islam político como punta de lanza del fundamentalismo

Los Hermanos Musulmanes, organización creada por los servicios británicos en Egipto en 1928 para contrarrestar el nacionalismo árabe y las tendencias progresistas, han continuado como decimos con su misión. Esta misión no se relaciona con el transcurrir del mundo, no ha tenido objetivo ni razón de ser, según la evolución de la historia, y especialmente en el llamado mundo árabe.

En Marruecos, fue a finales de los años 60 del siglo XX cuando empezaron a actuar los primeros elementos de esta formación, especialmente sirios y egipcios que querían salvarse de las persecuciones de los gobernantes de estos países que no los veían con buenos ojos. Y tenían razón.

A mediados de los años 90, algunos de ellos entraron en la arena política y empezaron a presentarse a las elecciones parlamentarias, regionales y locales. Después de la primavera árabe, obtuvieron la mayoría en el parlamento y conquistaron varias metrópolis.

Han practicado la política a su manera, tratando siempre de infiltrarse en las instituciones del Estado con sus seguidores, ignorando todas las normas de competencia, y explotando los medios del Estado para reforzar su clientela política.

Este comportamiento no reglamentario ha ido acompañado de la aparición de casos de corrupción y vicios, lo que pone en tela de juicio sus eslóganes de integridad, fe y virtud.

La elección específica marroquí

Históricamente, los marroquíes han reconocido una particularidad más o menos cierta, que se resumía en el hecho de que "no hacemos las cosas como los demás". Es un pueblo enormemente particular con los que hemos tenido bastante desencuentros. Una raza muy personal que no olvida tampoco su tiempo andalusí y que se ha nutrido de muchas culturas a lo largo de estos últimos 70 años. Ni qué decir tiene que Marruecos es un lugar increíble en muchos más aspectos de los que los españoles creen.

Las últimas elecciones parlamentarias se saldaron con unos resultados que nadie esperaba. Como siempre, la tendencia es la de comparar las ideologías y movimientos socioculturales de los países con los nuestros. Nada que ver. Hay que profundizar en su cultura para ver qué pasa y qué va a pasar.

La victoria de los liberales o de sus representantes: el partido de la Agrupación Nacional de los Independientes (RNI) con 105 escaños, el Partido de la Autenticidad y Modernidad (PAM) con 86 escaños y el Partido Nacionalista Conservador, con 81. Mientras que el partido socialdemócrata de la Unión Socialista de las Fuerzas Populares (USFP) obtuvo 35 escaños, el partido regional Movimiento Popular (MP) 29, el antiguo partido comunista de corte marroquí Partido de Progreso y el Socialismo (PPS) 21, y el partido de la Unión de la Derecha Constitucional (UC) tiene 18 escaños. Por otro lado, los islamistas (PJD) han pasado de 125 escaños en 2016 a 13, una pura casualidad, pues su número de diputados en 1996 era de 12 escaños. Otras tendencias han conquistado 12 escaños, incluidas dos representaciones, 1 escaño cada una, de la "izquierda" marroquí.

Una lectura alejada de la fantasía

Se cierra un paréntesis del acceso al poder de los islamistas a la pregunta: ¿por cuánto tiempo? La respuesta sólo puede depender de la situación del país a nivel de los logros de las aspiraciones mínimas para mejorar la situación del pueblo real.

Los marroquíes, al votar contra el islamismo político, han confirmado que aspiran a la modernización del país. - Los partidos políticos que han organizado bien sus filas en los últimos años y que han establecido vínculos de interés con las capas sociales, a través de sistemas de redes y cinturones civiles, económicos y culturales, han sido los grandes ganadores de estas elecciones.

Los partidos que se apoyaron en el aspecto ideológico como medio de movilización fallaron en su entrenador, tanto en la derecha, sobre todo los islamistas, como en la izquierda.

La pandemia ha revelado a los marroquíes la importancia del Estado y de su protección pues son cada vez más numerosos los que se adhieren a las orientaciones del mismo.

La izquierda se encuentra en un estado de suspensión, al menos en sus viejas formas. El individualismo, la ausencia de diligencia y creatividad en sus estructuras actuales han dado al traste con una ideología que ahora mismo está esclerotizada y en cierto modo anticuada, frente a la realidad política, económica y social.

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