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Spencer: El cuento de la princesa


Una fábula basada en una tragedia real. Así presenta Pablo Larrain la cinta que se ha presentado como película sorpresa en la 69. edición del Zinemaldia. Como toda parábola su relato trasciende al personaje que lo inspira. Nos encontramos ante algo así como el reverso del cuento de la criada, la célebre novela de Margaret Atwood que propició una no menos afamada serie televisiva.

En El cuento de la criada se nos habla del papel adjudicado a las mujeres en una sociedad ultraconservadora donde sus derechos quedan derogados. Pero Larrain trae a colación la sumisión que pueden padecer las mujeres, por el mero hecho de serlo, en cualquier posición. Tal sería el caso de Diana Spencer, cuyo envidiable destino se vio reducido al de asegurar la sucesión dinástica del clan Windsor.

La princesa cuya presunta felicidad parecía enviadiable se vio secuestrada por unas tradiciones que le resultaban incomprensibles. El corsé de los protocolos restringía su libertad y asfixiaba toda espontaneidad. Un continuo escrutinio de cuanto hacia o dejaba de hacer también resultaba muy lesivo. Sus intentos por oponerse a esas ataduras eran severamente penalizados por su familia política, celosa por otra parte de su tirón popular.

Su soledad sólo se ve paliada por el trato con sus hijos. Después de todo tampoco tiene homologas con las que aliarse para plantear sus reivindicaciones y se le aísla del personal subalterno que le procese alguna estima. La imagen de su vestido en el espantapájaros plasma perfectamente cómo vive su papel social y mediático.

No es la única vez que alguien inesperado alcanza esas cotas y lo usual es que no logren cambiar las rancias instituciones donde se incorporan. Antes al contrario acostumbran a ser los máximos valedores de unas tradiciones obsoletas, incluso cuando su procedencia plebeya y con cierta formación permitieran pensar lo contrario.

Las biografías cinematográficas de Larrain siempre transcienden a sus personajes, como también ocurría en Jackie y Neruda. Retratan una época y un determinado clima sociopolítico, como también hace su crónica del referéndum chileno que Pinochet perdió contra todo pronóstico y que lleva el muy significativo título de No.

Estamos ante una magnífica película donde todo funciona como un reloj para deleite del espectador.

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