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Unai Sordo y la teoría de la práctica sindical


Es frecuente que las élites patronales atribuyan a los dirigentes sindicales un practicismo limitado al menudeo y el regateo para arañar “meras ventajas salariales”. Craso error. Detrás de las prácticas encaminadas a dignificar la vida cotidiana de millones de trabajadores –pues tal es el propósito central de la lucha sindical- existe un contundente bastidor teórico; por cierto, del que suelen carecer los agentes patronales. Así lo demuestra la historia de las grandes centrales sindicales españolas, preocupadas sobremanera y desde siempre por este decisivo componente formativo de su identidad. Lo acaba de corroborar Unai Sordo (Baracaldo, 1972) secretario general de Comisiones Obreras, en un diálogo sobre la formación de cuadros sindicales, ante intelectuales, profesores y alumnos, celebrado en la Escuela del Trabajo que su sindicato tiene en el barrio de Las Rosas de Madrid. Su interlocutor fue el intelectual, político y parlamentario catalán Joan Coscubiella (Barcelona, 1954), actual director del centro, donde se pertrecha con conocimientos específicos a centenares de delegados sindicales procedentes de todo el país.

En principio, Unai Sordo, que se reconoce, al respecto, heredero del legado de Ignacio Fernández Toxo, dice concebir la formación sindical de los delegados y cuadros sindicales como un “proyecto estratégico”, esto es, de largo y decisivo alcance. Para él, la complejidad de la vida social exige una cualificación continua de los y las representantes del mundo del Trabajo. Con ella, asegura, podrán afrontar el carácter “mutante y transitivo” de la realidad en que vivimos y que define inserta en “una salida no resuelta aún de la pandemia, determinada todavía por efectos de la crisis financiera austericida de 2008”.

Para Unai Sordo, esa complejidad que caracteriza hoy la realidad va a exigir a los representantes de [email protected] [email protected] “un alto nivel de detección de las debilidades propias” y unos modelos de cultura sindical lejos de aquellos empleados bajo la dictadura ya que, dadas las condiciones existentes entonces, lo eran de tipo auto-formativo y propiciadores de las prácticas sindicales guiadas por el dicho “cada maestrillo tiene su librillo”. El dirigente de Comisiones Obreras subrayó el surgimiento de dos acelerones que han determinado a su vez, dos importantes transiciones: la primera, “la digitalización de la intermediación social”; la segunda, la exigida por “la sostenibilidad ecológica”. En su seno se plantea “la recomposición de las cadenas de valor en un contexto de incertidumbre, determinado, a su vez, por un momento de pandemia como el que vivimos”.

En opinión del dirigente sindical vasco, de 49 años, la pregunta a resolver se plantea en términos de cómo reconstruir las dañadas sociedades actuales, sumidas en la crisis y en la incertidumbre, donde surgen fenómenos como la proletarización derivada del capitalismo de plataformas. Y amplía la cuestión al ámbito del sistema (capitalista) vigente, “a la hora de reponer el ejercicio necesario para su propia reproducción.”

Dos salidas: progresista o despiadada

Ante esta encrucijada, Unai Sordo destaca que existen dos tipos de salidas. O bien la salida progresista, basada en la consecución de un Contrato Social de nuevo cuño para el siglo XXI; o bien la “salida despiadada” signada por los efectos de la aplicación de las recetas neoliberales, entre otras, “las privatizaciones y las desfiscalizaciones propuestas dentro del mensaje trumpista y del legado posliberal, de los cuales brotan”, a su juicio, “los nacional-populismos y los neofascismos”. El sedimento de esa salida despiadada cristaliza en actitudes que “se limitan a buscar el señalamiento de minorías, generalmente migrantes, mujeres, colectivos de género, “a los cuales imputar y achacar el fracaso” de aquellas recetas post y neoliberales que, por otra parte, esos señaladores no cuestionan.

Así pues, todas las reformas que quepa proponer revelan, para el líder de Comisiones Obreras, algunas de las claves para saber si se avanza hacia una sociedad progresista o si se retrocede hacia una sociedad despiadada. Y, a juicio suyo, todos los procesos de externalización de riesgos han discurrido por esta segunda línea. Ello le da pie para resaltar la importancia del convenio colectivo como instrumento de defensa de los intereses de los trabajadores o del sistema público de pensiones, que considera cruciales para fortificar la salida de la crisis en clave progresista.

Individualismo contra lealtad colectiva

En la escena laboral, señala Unai Sordo que ha cristalizado un tipo de individualismo que lleva a [email protected] [email protected], en su fuero interno, a identificar, por ejemplo, la precariedad que sufren, con sus itinerarios vitales y a resaltar estos frente a y por encima de las lealtades colectivas.

Remarca que la lucha contra la desigualdad social tiene menos glamour que la lucha por las pensiones, por ejemplo, y, tras mostrar su “temor a que se ensombrezcan pronto los efectos beneficiosos para el trabajo y la empresa de los ERTES aplicados durante la pandemia”, reafirma la necesidad de fortalecer la dimensión colectiva del mundo del trabajo frente a esos procesos de individuación.

Pese a que, en opinión de Unai Sordo, la desindustrialización de España privó a nuestro país de centros de decisión real al respecto, sí le cupo emitir una llamada a fortalecer el sindicalismo internacional en Europa, que precisa, según explicó, de un “impulso determinante”. Y ello pese a considerar que el modelo de construcción europea se encuentra todavía “inacabado”.

Aumentar la información sociopolítica

Entre las medidas que propone resalta, además, que su sindicato apuesta decididamente por “reforzar y ampliar los espacios de intervención sindical en los centros de trabajo”. De igual modo, “lejos de cualquier tipo de partidismo”, se pronuncia por incrementar “la información sociopolítica de los delegados sindicales” y atender a sus “habilidades y a su capacidad de organización en los centros de trabajo en medio de la complejidad” generalizada en la que desenvuelven sus cometidos. Desde luego, dentro de un reforzamiento de todo el espacio de estudios cubierto por el sindicato Comisiones Obreras, desde fundaciones como la del Primero de Mayo a la Forem, o la anfitriona de este diálogo, la Escuela del Trabajo, concebidas como escenarios de elaboración teórica y de formación práctica.

Como colofón queda la idea del líder sindical, manifiesta en su frase, “el mundo del trabajo no puede ser el patito feo del Contrato Social para el Siglo XXI” desde el cual abordar, en un registro progresista, la salida de la crisis generalizada. Y ello, dentro de una concepción amplia de la “centralidad sociopolítica del mundo del trabajo”, evocada por Joan Coscubiella, interlocutor de Unai Sordo en el interesante diálogo.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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