Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

La emergencia humanitaria en la salud mental


En el día internacional de la salud mental se han publicado los primeros estudios sobre el impacto de la pandemia y asimismo de las restricciones de las relaciones sociales sobre la salud mental y como respuesta el gobierno ha presentado el que ha denominado plan de acción para el periodo 2021-2024 dotado con cien millones de euros.

El plan no es nuevo, sino que incorpora los temas que han venido siendo objeto de análisis y propuestas en los sucesivos borradores de la hasta ahora frustrada actualización de la estrategia nacional de salud mental, cuyo último texto aprobado data de hace más de una década. En el plan de acción se prevé el fortalecimiento de la formación y la atención a la salud mental tanto en el ámbito de la atención primaria como de la hospitalaria, incorporando entre las medidas preventivas el reconocimiento la especialidad de la psiquiatría infantil y el incremento de la precaria atención psicológica. Entre los ejes del plan se repiten las líneas del actual borrador de estrategia 2021-2026 como son el suicidio, las conductas adictivas y la lucha contra el estigma, así como las actuaciones frente a los determinantes sociales y el impacto de la pandemia, que como el desempleo, la precariedad y la inseguridad se ceban en ambos casos en los sectores sociales más empobrecidos y vulnerables.

Las primeras reacciones han ido de una valoración en general positiva por parte de las asociaciones profesionales de psicología y psiquiatría, considerándola como un primer paso en la buena dirección, hasta la crítica por el oportunismo que supone su publicación con carácter previo a su aprobación en el Consejo Interterritorial del SNS y también del escaso monto presupuestario previsto para el desarrollo del elenco de medidas contenidas en el plan. Incluso la formación política "Más país" ha hecho el cálculo de lo poco que significa los cien millones previstos por ciudadano a lo largo de sus más de tres años de periodo de vigencia y asimismo la asociación de psicólogos clínicos residentes ha calculado que tampoco es suficiente para paliar tan solo las contrataciones necesarias de su especialidad. A todo esto hay que matizar que la atención a la salud mental, como el conjunto de la atención sanitaria, se trata de una competencia cuya gestión está transferida hace mucho tiempo a las CCAA, lo cual no quiere decir que el Ministerio de Sanidad no tenga competencias ni responsabilidades en materias propias como la formación, el estatuto del personal, la investigación, los medicamentos, los planes y estrategias de salud, así como la coordinación sanitaria. Además, y en un plano más amplio, el gobierno central y la justicia tienen la responsabilidad de velar por el respeto a los derechos fundamentales de la persona y los más específicos de los pacientes.

Sin embargo, más allá del objetivo repetido de la lucha contra el estigma social de los trastornos mentales, ni unos ni otros se han planteado todavía los problemas estructurales más de fondo del sistema de salud mental, tanto en el plano internacional como en particular en nuestro país, donde la reforma del tradicional del modelo asilar del hospital psiquiátrico, después de más de cuatro décadas de aplicación, podemos concluir que cuanto menos se ha quedado a medio camino: de hecho, con la habitual asimetría entre CCAA e incluso entre áreas de salud, en el mejor de los casos tenenos mayoritariamente una psiquiatría clínica, tanto ambulatoria de distrito como hospitalaria, pero nos hemos quedado muy lejos del objetivo enunciado en las sucesivas estrategias de salud mental de una atención integral y comunitaria. Algo similar a lo ocurrido con la atención primaria, la salud laboral y la salud ambiental, es verdad que en cada una desde distintos puntos de partida.

Este estancamiento en el desarrollo del modelo comunitario de salud mental en la mayor parte de las CCAA, en contraste con el avance vertiginoso de la farmacopea asociada al hospital como centro de investigación aplicada, de desarrollo de tecnologías y de gasto han favorecido la consolidación primero y luego la regresión hacia un modelo clínico y psiquiátrico, que ya creíamos haber superado, centrado ahora en la contención física, el monopolio del tratamiento farmacológico e incluso del anacronismo de la terapia electroconvulsiva, en particular en el abordaje de los trastornos mentales graves como las psicosis. Una deriva represiva que niega los derechos fundamentales, en particular de las personas aquejadas por los trastornos mentales más severos.

En definitiva, en la sociedad actual, sobre todo después de la pandemia, ha aumentado para bien la sensibilidad política y ciudadana hacia la salud mental, sin embargo parece que los principales trastornos percibidos son aquellos asociados a la dinámica social de los sectores más activos, en particular de los adolescentes, las mujeres y los desempleados, afectados cada vez más por procesos como la ansiedad o la depresión, como consecuencia de la transición en marcha de la sociedad productiva y analógica a la sociedad de consumo digital. Unos trastornos que se han visto incrementados en el último año y medio de pandemia como dicen todos los estudios y que necesitan más atención, pero sin caer en la reducción psiquiátrica o psicológica de los conflictos sociales, ante los que se necesitan la atención de salud mental y también de las organizaciones sociales como los sindicatos y de la ayuda mutua para actuar sobre las causas y conseguir el reconocimiento de sus derechos o superar la soledad.

A todo esto, los trastornos más graves corren el riesgo de quedar tan olvidados como hasta ahora lo están las personas que los padecen: los que Bauman llamaría 'residuos' de la sociedad de consumo, que sin duda son además los que más han sufrido las restricciones de movilidad y relacionales de la pandemia, pero que no tienen las mismas posibilidades de expresarlo y sobre todo de que se les escuche. La emergencia humanitaria en salud mental.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

Periodismo riguroso y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider