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EL PERIÓDICO
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La ignorancia ilustrada


Rationalitas et intelligentia non constituunt

fideiussorem vincere ignorantia.

La ignorancia ilustrada es aquella condición que resulta de expresar por todos los medios, formas y recursos disponibles por un ser humano el arte de la ignorancia y la mediocridad, mediante la dimensión figurativa de su pensamiento.

Descansa en la habilidad para no parecerlo y disimularlo, de demostrar ante el público una imagen de absoluta sabiduría, conocimiento y dominio de los más diversos temas, cuidando de no evidenciar su total ausencia. Puede responder a un individuo que se presenta como docto, leído o experto en una materia, informado, pero en el trasfondo de sí mismo, no se reconoce tal verdad. Suele recoger información poco contrastada, opiniones vanas, comentarios sin demasiado asidero, recurre a supuestas fuentes, que solo consisten en ser “lectores de tapas”, es decir aquellos que leen el resumen de un libro en su tapa de contraportada y hacen de ello doctrina “fundamentada”.

Los ignorantes ilustrados, han aumentado significativamente desde la aparición de internet y la proliferación del uso de las redes sociales, donde se constituyen, auténticos foros experienciales de sabiduría ignorante, un conocimiento que hace de la excepción o particularidad, una generalidad y de la opinión publicada una certeza indiscutible.

El fenómeno no es nuevo, siempre han existido aquellos que sabían mas de curas y enfermedades que los médicos o los científicos, los que, a través de su experiencia vivida, (en la universidad de la calle), dictaminaban y dictaminan hoy en día, sus certezas de cualquier conocimiento, mas allá de cualquier estudioso o demostración deductiva e incluso científicamente racional.

Lo curioso que tales sujetos, siempre con cierto toque narcisista, hacen gala de sus conocimientos, recurren a una verborrea, que aparece como una expresión de una oratoria erudita.

La gran mayoría de la población tiene un coeficiente intelectual normal, unas aptitudes normales y unos conocimientos e imaginación también normales. Es decir, todos somos mediocres en el buen sentido de la palabra: “de calidad media”, según la primera acepción en la definición de la RAE. No se trata pues de una limitación, sino de ser conscientes de nuestras posibilidades, iguales a las de casi todo el mundo y no asumir cierta pose de superioridad por el supuesto de la posesión de conocimientos.

En su relación con el conocimiento, la ignorancia adquiere un significado de “carencia” o de imperfección, ¿por qué entonces querer figurar por lo que no se es, ni se posee?

En filosofía el estado de ignorancia va parejo e inversamente proporcional a la adquisición de conocimiento, siendo éste el objeto de estudio de la epistemología. Sospecha antes de creer, se cuestiona y cuestiona, intentando encontrar alguna verdad. El paradigma científico-positivista centra su filosofía de la ciencia en lo que se dio en llamar la teoría verificacionista del significado. Newton y Descartes fueron sus principales exponentes, sin embargo, el comportamiento de lo social no es absoluto sino relativo, y la observación aún verificada, no necesariamente me aporta conocimiento, simplemente me aporta la certeza de que lo observado, captado o leído, se basa en alguna comprobación, de acuerdo con determinados parámetros, pero no significa que me conduzca a conocer la esencia verdadera o cierta de aquello que me traslada la información.

Algunas creencias de una llamada sabiduría popular buscan en la tradición, en las costumbres ancestrales, en la trasmisión oral, la explicación y el conocimiento que garantiza la certeza de un hecho o de una situación. Así por ejemplo la superstición se trasmite de la misma forma que una doctrina dogmática en la que se basan las creencias y, sin embargo, podemos afirmar que existe una falta de aseveración o corroboración racional o científica, que nos permita otorgarle credibilidad.

El avance del conocimiento, como contrapunto a la ignorancia, siempre ha sido una crítica y oposición a las creencias religiosas y los mitos, así como al ejercicio del poder social, que consagran el statu quo y dificultan la evolución hacia el progreso.

Con la transición del tiempo que conocimos como edad contemporánea a la nueva era digital, los cambios de paradigmas conllevan una búsqueda inmediata de respuesta a todo aquello que ocasiona interrogante y para ello las nuevas tecnologías facilitan acceso instantáneamente mediante las redes sociales o los grandes buscadores, para encontrar una respuesta que tranquilice y nos dé luz a los interrogantes surgidos.

Pero esa búsqueda, no necesariamente es la correcta o esta fundamentada, si bien es una verdad que nos resulta convincente, aceptable y sobre todo que calma mi ansiedad. Quienes la escriben o la difunden, persiguiendo un afán de protagonismo, un interés comercial, o buscando dar sentido a sus convicciones, aunque no sean estas surgidas del conocimiento, el análisis y/o la reflexión científica, sino más bien surgidas de un empobrecido racionamiento, de una respuesta profesional estándar (que no siempre puede dar respuesta a todas las situaciones), de los objetivos comerciales o incluso de mentes alarmistas.

Recordemos que el miedo y la duda que esconde, en mayor o menor grado, suele estar detrás de muchas de aquellas indagaciones que buscan respuestas. El miedo es una emoción que aparece por una intensa sensación de una duda que provoca angustia, a veces es desagradable, provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado y otras veces por la incertidumbre de las acciones que debemos llevar a cabo.

Así, si alguien me argumenta que no coma fruta demasiado madura porque me ocasionará algún perjuicio, pero otros nos dicen que puede prevenir el cáncer, el individuo será favorable a creer aquello que tenga un relato mejor elaborado y que aparece fundamentado, pero en el fondo esta predispuesto a creer, o tal vez a no creer otra versión porque no confía o no cree en el emisor del mensaje, lo justifica con algún mecanismo de defensa, “es un razonamiento pasado de época, hay pensamientos más actuales, no sabe de lo que habla, hace poco leí un comentario sobre Freud, que decía: “es un cavernario, hoy las cosas y el conocimiento ha avanzado mucho”, etc….” .

En tiempos pasados, la religión, las supersticiones, la confianza en amigos o conocidos, a través del boca a boca, llevaban a creer determinados conceptos, era frecuente escuchar, “yo tengo un amigo que sabe”, “el cura me lo ha dicho”, un conocido que estudia…”, “conozco a un fisioterapeuta que me ha dicho……” “ en el grupo de WhatsApp han comentado que …” y el mensaje recibido es extensible a todos y cada uno de los casos, a veces modificado o enriquecido. Pues con la sobrecarga de datos e información y salvando las distancias en muchas ocasiones las personas tienden a creer una aseveración que, sin dudarlo, esas personas creen constatadas o son ellos mismos los que escudriñan sin mucha solidez en distintas fuentes, hasta que se convencen.

El cura o el amigo de antes, puede ser hoy un profesional en una WEB o la página de alguna organización, que lógicamente ha sido creada con algunos fines determinados, en un grupo de WhatsApp, aquello aparecido en una red social de exagerada difusión o simplemente lo dicho como ejemplo de lo que “le sucedió a una amiga”.

En otras ocasiones son las exageraciones en una respuesta, las que se dan como mínimos para una situación determinada, extrapolando la información, el conocimiento adquirido llega al receptor, con alguna deformación por sobredimensión o por la distorsión de los supuestos.

Así algunas personas van acumulando conocimiento en diferentes áreas, distintos conceptos que han averiguado con verdadera ansiedad, preparado en diferentes campos y con una experiencia comparada (comparada con otros iguales, con los que tal vez comparten alguna situación), terminan convirtiéndose, mediante aquello que algunos en la vida mundana, lo expresan como “la escuela de la vida”; en personas ilustradas o tal vez seria correcto decir, ignorantes ilustrados.

La verdadera búsqueda del conocimiento debe comenzar por analizar las fuentes, corroborar la veracidad, comprobar la experimentación demostrada, es decir asegurarse de que no es una teoría deductiva simplemente o inductiva, sino que de alguna manera responde a una verdad corroborada, además de analizada, permítaseme, epistemológicamente.

Hay teorías muy convincentes, que pertenecen a la ficción o que provienen de la interpretación o percepción, de mitos y leyendas, que sin lugar a duda pueden constituir una fuente simbólica interesante para la ayuda en la búsqueda del conocimiento, pero que en cualquier caso obedecen a una especulación dogmática o acto de fe, incluso a una especulación cognitiva.

Los conocimientos adquiridos por aquellos sujetos, que a la sazón hemos dado en llamar ignorantes ilustrados, provocan una sensación de tranquilidad, ya que han apaciguado sus inquietudes, pero en otras ocasiones estos mismos individuos intentan convencer a otros de esos conocimientos, incluso a aquellos, tal vez algo mas versados en ciertos temas, lo que conlleva un cierto grado de obsesión, que en alguna ocasión puede llegar a ser la fuente de algún conflicto.

La filosofa Marina Garcés afirma que: “la guerra anti ilustrada legitima un régimen social, cultural y político basado en la credulidad voluntaria” ………, en otro apartado continúa: “Entiendo la ilustración como el combate contra la credulidad y sus correspondientes aspectos de dominación”

Garcés no comparte ese pensamiento apocalíptico que ve como imposible o fútil la tarea ilustrada de sapere aude o “atreverse a saber”, a pensar por uno mismo y con otros, ejerciendo ese uso público de la razón del que habló I. Kant.

Lo importante para Garcés no es tanto la cantidad de información y sus vías de adquisición, sino su calidad o la manera en que se elabora, un modo de relacionarnos con el ser que contribuye o no a transformarnos a nosotros y a nuestro mundo. Los mismos impulsores del movimiento ilustrado advirtieron que la disponibilidad y la accesibilidad de los nuevos conocimientos no cerraban el problema, sino que abría otros: la velocidad, la arbitrariedad, la inutilidad y la imposibilidad de comprender lo que se está produciendo. De manera similar, Garcés ve en el sistema de generación de conocimiento algunos mecanismos de neutralización a la crítica o espíritu crítico, tales como la saturación de la atención, la segmentación de públicos, la estandarización de los lenguajes y la hegemonía del solucionismo entre otros.

Si me hago eco del pensamiento de la filosofa Marina Garcés, es porque la generación de conocimiento no debe de ser un obstáculo, siempre que la persona que indague sobre cualquier tema sea capaz de pensar y analizar, pero libre de todo condicionamiento. El solucionismo es una de las grades amenazas, se buscan respuestas para allanar una duda o un problema de la vida cotidiana, se persiguen conceptos que alerten de las consecuencias que se deben enfrentar, en la vida diaria, con el consumo, con el desarrollo de la actividad diaria o simplemente de la vida, (o mecanismos que implican vegetar en un medio social determinado). Se buscan soluciones inmediatas, pero ello no implica respuestas o conocimientos que puedan dar contestación a la esencia de esas búsquedas. No pretendo juzgar, ni dar como respuesta el pensamiento de Garcés, pero he cogido estas ideas para añadirlas a mi reflexión.

El mediocre siempre verá problemas, y atisba dudas en las soluciones de los problemas de su vida y de la vida de cualquier otra persona que lo rodea, se cierra en sus negaciones y no es visionario, no puede ver lo que hay más allá en el horizonte, en ocasiones no es capaz de ver su propia realidad.

Algunas veces se esconde detrás de la mortaja de algo pasado, otras se esconden en el devenir y el mañana no es otra cosa que el sueño errante de lo inexistente, una mentira que desde lo onírico justifica la existencia, una explicación de que mañana será mejor o mas allá de la muerte esta la respuesta a la felicidad, una creencia por acto de fe o una mentira piadosa.

La ignorancia, es propia de las mentes mediocres, que subrepticiamente, aunque no sea de exprofeso, bucean en la ignorancia para huir del sufrimiento, aquello que se desconoce, no causa ansiedad y en la simpleza de las cosas se puede pastar sin mas objetivo que vivir. Vivir sin vivenciar.

Vivo sin vivir en mí,

y tan alta vida espero,

que muero porque no muero.

Teresa de Jesús

Muchos creen en el destino, factor que crea una ilusión, hemos escuchado reiteradamente, frases, como, “la vida es así”, “así son las cosas”, “la esperanza de vida” o mas recientemente “es lo que hay”, ello busca la conformidad, la resignación, alude a una ilusión, la de alcanzar felicidad, tranquilidad y comodidad. Esta manera de pensar está en el ideario político que busca dominar mediante la ignorancia de las masas, que esconde en el fondo una huida de la realidad, huir del conocimiento, refugiarse en la oscuridad, donde nadie me ve y desde donde oteo una existencia limitada.

“Huir del temor es solo acrecentarlo” Krishnamurti

El conformismo, en la mayoría de las veces, no es otra cosa que temor al fracaso y el refugio en la ignorancia, en las creencias, en lo convencional, en lo fatuo, esconde el miedo al saber y el miedo a uno mismo. Así mismo, el conformismo social es un tipo de comportamiento cuyo rasgo más característico es la adopción de conductas inhibitorias de la conciencia en el proceso de construcción de la realidad.

La sociedad, o las sociedades de hoy en día en este mundo globalizado, como se deduce de la ley de la entropía, tienden cada vez a un mayor caos, así, cada vez son más los mediocres y los mediocres y en manos de los mediocres se encuentra la deshonestidad, la corrupción, y de ellos salen las leyes y normas mediocres que sumergen al mundo cada vez en más caos… ¡así es el ciclo de la mediocridad! Y la mediocridad se origina en la ignorancia.

¿Quién no se atribuye alguna virtud, cierto aliento o un firme carácter? Muchos cerebros torpes se envanecen de su testarudez, confundiendo la parálisis con la firmeza, que es donde pocos elegidos, los bribones, se jactan de bigardía y desvergüenza, equivocándolas con el ingenio, los serviles y los para pocos pavonéanse de honestos, como si la incapacidad del mal pudiera en caso alguno confundirse con la virtud… lo habitual no es el genio, ni el idiota, no es talento ni el imbécil. El hombre que nos rodea a millares, el que prospera y se reproduce en el silencio y en la tiniebla, es el mediocre” El hombre mediocre, José Ingenieros psiquiatra y pensador argentino.

Las sociedades de hoy, desde las ópticas conservadoras o las ideologías construidas en la derecha política promueven que la tradición es el valor social fundamental, sin embargo la tradición es un anclaje en el pasado, un mirar permanentemente hacia atrás y suele ser propio de personas que tienen miedo al presente, una romántica nostalgia de mantenerse inmóvil en un tiempo que ya no existe, es no solo vivir en la ignorancia del presente, sino intentar ponerle freno a la inexorable marcha del progreso, en un camino hacia el futuro.

La complejidad del mundo ha llevado al ser humano a simplificar la realidad, a abstraer la naturaleza para hacerla más cognoscible, sumergidos en una ignorancia ilustrada, en un caos que acepta a la sociedad tal y como se presenta con una total imprevisibilidad, una sociedad fútil, vacía, superficial, sin consistencia, producto de esa ignorancia colectiva.

Permítanme ahora citar a J.P. Sartre. Para Sartre la libertad es la categoría antropológica fundamental: el hombre no es consecuencia de determinismo alguno, ni biológico, ni histórico, ni social, ni teológico; es una consecuencia de lo que él mismo ha decidido ser. Y este, es el ser autor o responsable radical de uno mismo, tiene varios efectos en el ámbito de los sentimientos. Este filósofo existencialista en su libro “El existencialismo es un humanismo”; describe tres afectos que acompañan a la libertad: la angustia, el desamparo y la desesperación. Me gustaría agregar a costa de parecer ridículo, que la libertad, observamos muchas veces, se encentra acompañada de una clara desigualdad y sumergida en la citada ignorancia.

En cualquier caso, la ignorancia, puede verse desde ángulos distintos, desde escuelas de pensamiento diferentes, incluso desde distintos ámbitos y estilos de comunicación, pero en cualquier caso podrían ser conducentes hacia la aseveración de que el fenómeno de la ignorancia ilustrada es una realidad insana para el desarrollo de la sociedad.

La educación es la única cura para la ignorancia.

Doctor en Psicología Social, Profesor Retirado de la Universidad de Barcelona. Docente de distintas universidades de España y América Latina.

Conferenciante, Asesor para la vinculación académica Internacional. - Ha sido Experto Internacional de la O.E.A, y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) y director de Proyectos del Fondo Social Europeo. UE.

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