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A vueltas con la conquista y colonización de América


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Estamos viviendo un resurgir de actitudes “pseudopatrióticas” en relación con el descubrimiento, conquista y colonización de América que suponen, cuando menos, verdaderos atentados a la Historia por un uso indebido de la misma, en relación con renovados planteamientos de las glorias de España frente a lo que se consideran atentados al honor patrio cuando, por ejemplo, se desmontan monumentos de conquistadores y reyes allende el Océano Atlántico, o se exigen perdones.

Pues bien, una vez más convendría reflexionar un poco sobre este sinsentido de rearme nacionalista españolista hacia el pasado que, en realidad poco o nada tiene que ver con el mismo, aunque también conviene darnos cuenta de otros sinsentidos, derivados de otros nacionalismos, dentro y fuera de España. Planteemos algunas cuestiones:

  1. España nunca descubrió América, ni la conquistó, y no la colonizó, como tal entidad estatal, hasta el siglo XVIII. América, si se nos permite la licencia eurocéntrica, fue descubierta por un conjunto de marinos, exploradores y personas interesados en la aventura, la religión, el poder, el saber y/o el puro lucro en nombre de Castilla. Las “Indias” se incorporaron a Castilla, nada más, y nada menos, pero no a la Corona de Aragón. Castilla administró y colonizó los territorios a través de instituciones en la península Ibérica y otras en América. Conviene recordar cómo eran las estructuras políticas en esta península Ibérica entre el final del siglo XV, con los Reyes Católicos, hasta la llegada de los Borbones con Felipe V. Podemos hablar de Monarquía Hispánica, incluyendo durante un tiempo a la Corona portuguesa, pero no de España. Las cosas cambiaron con los Borbones y la centralización. En ese momento, y con sucesivas reformas administrativas, los naturales de la vieja Corona de Aragón, integrada por el propio Aragón, pero también por Cataluña, Valencia y Mallorca, pudieron tener relaciones de todo tipo, incluidas las económicas, con América. Por cierto, aprovechamos esto también para recordarle al nacionalismo catalanista que la llegada de los Borbones tuvo su parte, digamos “positiva”, para el desarrollo económico catalán, a través del mercado colonial, fundamental para el proceso de acumulación capitalista en relación con la futura revolución industrial autóctona. Los nacionalismos, sean los que sean, siempre obvian lo que parece molesto a sus justificaciones de glorias o agravios del pasado.
  2. Castilla no liberó a nadie en América, aunque conviene matizar esta rotunda afirmación. Hernán Cortés y su hueste fueron hábiles en lo que hoy es México, al darse cuenta de que muchos de los pueblos estaban sojuzgados intensamente por los aztecas, y eso fue un factor fundamental en la victoria sobre los mismos. Pero todo proceso de conquista y colonización posterior supone una sujeción, una violencia física y/o moral sobre el conquistado y colonizado, y eso ha sido así desde los tiempos de Mesopotamia y Egipto hasta hoy. Negar eso es un sinsentido mayúsculo. Los habitantes de América debieron convertirse al catolicismo, debieron vivir y trabajar como dispusieron los castellanos, sin discusión alguna, es decir, cambió su vida 180 grados, y eso tiene mucho que ver con la conocida teoría de la desgana vital, que provocó un descenso demográfico intenso, junto con la llegada de enfermedades “europeas”, más que las matanzas en sí, un capítulo negro, pero no tan acusado como la leyenda negra ideó.
  3. La conquista fue muy rápida sobre un territorio inmenso, y eso también es casi una excepcionalidad histórica, salvo por la experiencia de la expansión del Islam en los inicios de la Edad Media. La conquista de América fue tan rápida no porque se liberara a nadie, y los pueblos abrieran las puertas de sus vidas a los castellanos con alegría, aunque pudiera haber casos. Fue tan rápida porque, piensen ustedes, el choque mayúsculo que supuso la llegada de unos hombres barbados, blancos, con caballos, perros, armaduras, barcos nunca vistos, armas de fuego, que hablaban una lengua rarísima, y que trajeron enfermedades, etc. Si se nos permite la licencia, ¿qué nos pasaría a nosotros si llegaran extraterrestres con afán de conquista y con unos medios, a pesar de nuestros avances, a los que no supiéramos hacer frente? Todo eso supuso un choque hasta paralizante.
  4. Por otro lado, bien es cierto que Castilla fue una potencia conquistadora y colonizadora muy ambivalente. Si por un lado hubo verdaderos desaprensivos que maltrataron a los indígenas a través de las encomiendas y la mita, por otro lado, hubo defensores a ultranza de aquellos pobladores, y muchos de ellos en la propia Iglesia, que consiguieron que se desarrollara una legislación protectora, seguramente, con pocos paralelos en la historia de las colonizaciones, y la existencia de las reducciones es otro ejemplo de un trato humano y digno. La legislación se debió incumplir en muchas ocasiones, pero existir existió. Fue paternalista, cierto, pero existió, intentando impedir la esclavitud y la explotación pura y dura. Por otro lado, es innegable la importancia del mestizaje, un fenómeno también, sin muchos paralelismos históricos. Y este es el momento de aludir a lo llamativo que supone cuando destacados políticos latinoamericanos blancos, exigen perdones a España. Podemos entender y aceptar que los reclamen ciudadanos americanos de origen “indio”, mestizo o negro (descendientes de esclavos, un asunto que no debe olvidarse nunca porque se esclavizó), pero genera perplejidad que lo planteen descendientes de criollos, con marcados apellidos castellanos y/o europeos, que explotaron a los que pasarían a ser sus compatriotas, especialmente después de los procesos de emancipación, y antes también. Las independencias no trajeron libertades y bienestares a la población nativa, es más, seguramente, a pesar de pomposas declaraciones de derechos, esa parte de la población padeció más que bajo el paraguas de la legislación castellana. La historia de América latina desde el siglo XIX y la realidad diaria de hoy están ahí para demostrarlo.

Así pues, mesura, análisis, conocimiento y dejemos de emplear la Historia para justificar supuestas glorias patrias, sean las que sean.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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