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La burguesía catalana cede el poder a los nuevos mandarines


Dibujo de humor gráfico sobre la audacia de Catalunya. Muestra a un hombre con una estelada imitando a King Kong encima de las torres de la Sagrada Família, mientras lucha contra 9 pequeñas avionetas ornadas con la bandera española, que lo asedian. / El diario británico The Telegraph Dibujo de humor gráfico sobre la audacia de Catalunya. Muestra a un hombre con una estelada imitando a King Kong encima de las torres de la Sagrada Família, mientras lucha contra 9 pequeñas avionetas ornadas con la bandera española, que lo asedian. / El diario británico The Telegraph

Cristian Segura ha escrito un libro importante (*) sobre la decadencia de las familias de la gran burguesía barcelonesa y catalana, la “gente de orden” que ha enseñoreado este país por más de siglo y medio. En el libro hay ironía y nostalgia, y algo de crítica social a un mundo que se muere a ojos vistas; en estos tiempos de capitalismo ultrasalvaje, hasta la dominación de clase se está "externalizando". El título del volumen, escrito en catalán, puede traducirse por “Gente de orden. La debacle de una élite”.

Analiza el autor el modo suicida en el que la burguesía catalana de siempre, tras colaborar de modo mutuamente provechoso con el régimen franquista y practicar compulsivamente el “pactismo” con las élites españolas durante la etapa pujolista, se ha embarcado a tumba abierta en el independentismo en un intento desesperado de retener el control total de la sociedad catalana, un control que se les escapa a manos y pasa a nuevos actores… que han sido, precisamente, los creadores del famoso y fenecido Procés.

Ocurre que tal proceder no solo carece de precedentes -históricamente, la independencia nunca ha sido una prioridad seria para las élites catalanas-, sino que además llega en el peor de los momentos para esa clase social, cuando el tejido industrial que soportaba la economía catalana ha sido dinamitado a conciencia por las nuevas generaciones herederas de los viejos imperios fabriles, y cuando las instituciones financieras de antigua y acreditada solvencia han pasado a manos de advenedizos y forasteros o directamente han huido del país, mientras los capitales vuelan en bandadas hacia los paraísos fiscales o se invierten en Bolsas y empresas lejanas.

Hoy, los pilares sobre los que se asentaba la prosperidad burguesa catalana -la fábrica, el comercio minorista y el banco-, están en ruinas. Lanzarse a construir desde cero algo tan caro y complejo como un Estado estando en esa situación, es una prueba definitiva de que esta gente ha perdido por completo el sentido de la realidad.

Cristian Segura habla desde dentro de lo que conoce, porque este periodista de El País es hijo de uno de una de esas familias que llevaban en los genes la hegemonía social en Catalunya, si bien la suya, al parecer, ha venido a menos desde hace algún tiempo, aunque aún conserve los vínculos con la tribu. De hecho, muchas de estas familias, todopoderosas hasta época reciente, han perdido en los últimos años la mayor parte de su poderío e influencia a manos, en primer lugar, de sus propios vástagos, que a menudo han fundido el patrimonio familiar centenario en solo una o dos generaciones, y también entre las fauces de los tiburones de la nueva burguesía, criados en la pecera de los partidos y las organizaciones nacionalistas que parasitan la Administración autonómica catalana.

Tampoco derramemos lágrimas por los viejos burgueses. La fortuna de la “gente de orden” en Catalunya se originó en años no tan lejanos, fletando los barcos que partían de Barcelona y cargaban esclavos negros en la costa africana atlántica para venderlos en Cuba, regresando luego a la capital catalana llenos hasta las bordas de azúcar y tabaco; con un par de viajes así, uno se hacía millonario entre mediados y finales del siglo XIX. Con esos capitales se levantaron las grandes industrias catalanas de principios del siglo XX y se financió el “estilo artístico nacional”, el modernismo, un estilo arquitectónico y decorativo disparatadamente churrigueresco, reaccionario y arcaizante, que encarnaba a la perfección el ansia de lujo exhibicionista que poseía a aquella colección de paletos enriquecidos hasta el delirio con el tráfico de carne humana.

Más de una treintena de calles, plazas y estatuas siguen rindiendo homenaje en Barcelona a los negreros fundadores de esas sagas familiares, convertidos en próceres de la Nostra Pàtria.

Más tarde, tras la larga y fructífera colaboración política, económica y social con el régimen fascista de Franco -sintetizada en una frase muy repetida en los salones de la alta burguesía barcelonesa entre 1939 y 1975: “los militares españoles son unos hijos de puta, pero hay que reconocerles que han metido en cintura a los obreros”-, el pujolismo primero y después el independentismo han sido para esa gente como el encaprichamiento del anciano rico que, llegado a la vejez, se lía con una treintañera de virtud fácil para que le dé marcha: un intento (vano) de recuperar la juventud perdida que probablemente terminará en un infarto mortal.

En términos coloquiales se diría que a la burguesía catalana de toda la vida se le ha ido completamente la olla en política, mientras se le escapaba el dinero por los descosidos de los bolsillos. En su substitución en la dominación de clase ha aparecido “un nuevo mandarinato que ha ganado mucho dinero alrededor de la administración pública catalana” (en palabras textuales de Cristian Segura), una nueva burguesía con un pie en la legalidad y el otro en la corrupción, que primero reemplazó a la vieja burguesía en la política y la economía, y amenaza ahora su posición social.

Y es que con República Catalana o sin ella, los mullidos sillones del Círculo del Liceu e instituciones similares ya están acogiendo nuevos traseros: los de los mandarines del independentismo postpujolista.

(*) Gent d’ordre. La desfeta d’una elit” (en catalán), de Cristian Segura. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2021

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).

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