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EL PERIÓDICO
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La desilusión


“Debemos aceptar finitas desilusiones, pero nunca perder la esperanza infinita.”

Martin Luther King Jr.

La historia nos demuestra que las personas suelen comportarse políticamente movidas por los sentimientos más que por razonamientos objetivos. En general, cuando se viven grandes perturbaciones económicas, lo cual es cíclico, la conducta colectiva está marcada por la aparición de personajes que ofrecen soluciones simples a problemas complejos. A menudo violentas.

Gracias a la utilización de los medios masivos, la velocidad de transmisión de aquellos mensajes simplificados se acelera y, con ello, la capacidad de análisis de las audiencias disminuye. Así, es característico que se busquen culpables en lugar de causas. Las acciones épicas que observan pasivas desde un sofá, con la pantalla enfrente, se asumen como posibles. El grado de comprensión es el propio de una persona de doce años. La radio y el cine primero y luego la televisión llevaron a cabo, en todo el siglo XX, un adiestramiento en ese sentido. Se confundió la realidad con la ficción. Se anuló la realidad histórica. Se adoctrino en la verdad diseñada por los poderes fácticos. Eso hizo posible al nazismo, al fascismo, al estalinismo. Se destruyó la memoria y, con ella, la verdad.

Pero nada hubiese sido posible sin antes haber convencido a las comunidades de que la que desilusión era su opción última. Convencerlos de que habían sido abandonados a su suerte. Ya en la primera mitad del siglo pasado se hizo presente el universo de las conspiranoias. Del hiperconsumismo al austericidio. En la actualidad, los jóvenes demuestran una decepción más allá de los niveles habituales para sus años. Se lanzan a considerar la deserción del activismo como respuesta a la ausencia de opciones atractivas. Se adhieren a alternativas mágicas surgidas de las factorías de la postverdad. Están aceptando las distopías. Mientras que, las alternativas que tienen que ver con su futuro, se deshacen en los incumplimientos reiterados de una dirigencia política insensata que les hace el juego a los extremismos.

En la desesperación anida el odio como respuesta. Esos colectivos se están movilizando. Están alimentando su desilusión a cada subida de la electricidad. En cada fracaso personal que tienen que asumir. La ultraderecha lo sabe y presiona con los viejos trucos. Cuenta con los poderosos respaldos de siempre que le permiten actuar con impunidad.

Entonces, presenciar como se canta la Internacional en el Congreso del PSOE celebrado en Valencia invita a pensar varias cosas. Una, las razones por las que ha votado en la Eurocámara a favor de otorgar el premio Sákharov a la señora Jeanine Añez, condenada por golpista contra un gobierno legítimo en Bolivia. Otra, porqué sigue votando en contra de investigar la posible corrupción de Juan Carlos de Borbón. Además, las razones por las que no ha derogado las leyes “Mordaza” y de la Reforma Laboral, disponiendo de mayoría parlamentaria. A día de hoy lo sigue postergando.

En tanto, seguimos mirando la tele desde la comodidad de nuestro sofá.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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