Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

Lo paradójico del ser: parfois, c’est très paradoxal


Dedicado a Daniel y solo lo sabe él

Hay muchas cosas de la vida cotidiana que pueden llegar a fundirnos en un horror absoluto, en un marasmo de sentimientos contradictorios, en una provocación a la armonía, en el desate de instintos bajos y que sin embargo, -aun siendo motivo muchas veces de divorcio, pérdida de amistades o de huída del hogar- quizás expresándolas de forma clara, sencilla, podríamos llegar a consensos varios, de compatibilidad activa y real en el devenir cotidiano. He tenido diversas experiencias en ese sentido y hay algunas cosas que ya se han establecido bastante claras para mi, es decir, puedo asumir la mal establecida falacia de que me conozco a mi misma. ¡Ostras Pedrín! Conocerse a si mismo y no engañarse merece admiración, yo admiro a los que se conocen y no se engañan, es propio de sabios y por sabios, humildes. Ahora recuerdo un día traduciendo ¡Ostras Pedrín! al francés que quedó algo así como ¡Huitres Petit-Pierre! De la imposibilidad de cómo quedaría el tema me volví algo ecléctica con lo del traducir.

Todo ser humano se comporta de forma muy parecida, nadie es excepcionalmente especial, quizás en los principios de una relación en esas historias que llaman de “amor ciego” que como tal sentimiento, no reconoce la realidad y lo acepta todo...pues puede valer. Al menos funcionará en la imaginación o fantasía que tantas y tantas veces alimenta nuestro espíritu. Me confieso mayor para estos temas, la ceguera en el amor, por desgracia, vino un día a desaparecer de mi vida. Ya no idealizo nada, ya no vivo en las Batuecas de antes, esas que me proporcionaban hermosos trozos de vida, regalado de imaginación y me da pena, prefería cuando una estaba engañada, aunque ésta sea una felicidad ficticia, poco importa, pues es felicidad y ésta siempre se nos escapa entre los dedos.

Una pena. Quizás eso sea envejecer, ver las cosas con una realidad que espanta, con la distancia que da la inquebrantable sabiduría y conocimiento, con el desinterés de tener todo hecho...horrible desinterés, hasta el punto de no creer en nada o hacer las cosas por hacer. Sin embargo cuando la ceguera amorosa existía, nos hacía vivir en un plano distinto, desconocido, atractivo, imaginativo...del que como digo tristemente nos alejamos para ver las “cosas como son”. Esto del amor ciego y de las relaciones personales –cualquiera que ésta sea- que estaban en nuestra imaginación, eran –digo- mágicas, personales, pertenecían en exclusividad a nuestro pensamiento engrandeciéndonos en muy buena medida, nos hacían enormes en nosotros mismos. Pero luego está no la forma nominal del pensamiento, sino el resultado de él, la actuación, la parte práctica. Esta es la más destructora.

Por ejemplo, ¿a quién no le molesta que le cojan su cepillo del pelo y lo dejen lleno de caspa y buruños? ¿Quién no ha maldecido ese secador de pelo a deshoras? Quién, por muy pacifista que se sea, no le han dado ganas de matar al ver por la mañana el tubo de pasta de dientes espachurrado y seco por arriba porque el anterior o la anterior ha olvidado espachurrar como debe ser y además ha olvidado ponerle el tapón. Esto clama el cielo. ¿Y los dos mil vasos usados repartidos no importa dónde? ¿Y esa lata de coca-cola o goga-gola según se pronuncie, encima de la chimenea que solo ves tu? La cadena de la taza del water que queda sin usar incólume mientras olorcillos de pis salen y salen? Lavabos guarretes de pelos, espejos empañados donde uno no llega a verse así mismo en la vida, calcetines pelota por toda la casa, una, dos o tres chaquetas puestas derrengadas en el respaldo de una silla, puertas que acogen en sus picos mogollones de ropas tipo tienda de campaña...Cuando convives con otros y éstos se comen tus pequeños caprichitos que tienes casi escondidos en la nevera...ahí la vida se convierte en traición absoluta y despiadada. Con lo fácil que es preguntar ¿puedo comerme esto que mañana te lo repongo? Y ya está. Pues no, la susodicha se lo zampa y no dice nada, con lo cuál ya se ha convertido en enemiga.

Alguien aparece en tu vida y quiere hacerte vivir de una manera diferente, ¿qué sucede por mucho amor que haya? ¡Comer con ruidito! ¿Porqué? Nadie te obliga a hacer ruido o sorber la sopa, es decir que no es necesario, puede molestar bastante Lo peor: ¡comer con ruidito chicle! Que no es comer la ensalada con la boca abierta que alo mejor ya no tienes mas remedio, no, el chicle se come por ocio y por lo tanto, puede quedar de lado perfectamente porque no es vital para la vida, por lo tanto mascado con ruido solo sirve como arma arrojadiza ¡leche!. Deberían prohibir que la gente coma el chicle con ruidito. Es simplemente insoportable.

Un día pensé que el efecto de estas manías en mi armonía personal que es mucha, surgía por mi implicación en ese medio ambiente. Es decir, que cambiando de ambiente, ya no me eran tan molestas. Si odio a mi amiga porque chiclea lo suyo, me influye porque la quiero, quizás fuera de ese contexto, no pasa nada, sé que pasará y me quedaré tranquila. Las ideas de nuestra mente, nos traicionan, a mi mucho, pienso en ser una asesina como Borges con sus matones de cuchillo, y otras kafkianas ideas, pero son solo eso: ideas de mi imaginación o de mi personalidad maniática, pero no son sentimientos de mi corazón.

Son esas cosas con las que nunca contamos porque son como las pequeñas vocales y consonantes imperceptibles en letra pequeña que conforman la leyenda de la convivencia a la que llegamos, generalmente como consecuencia del amor, ese que en su momento era ciego y por el que estábamos dispuestos a darlo todo. Ahora lo doy todo porque me sale y veo una oportunidad maravillosa de la vida en medio de la crueldad de la existencia. Después esa leyenda deja de ser abrasándonos en la triste, alegre, cotidiana monotonía de la vida. En realidad, el amor, es mucho más grande que lo que se expresa como compatibilidad o no de caracteres, el amor es inabarcable. Pero hoy, quisiera recordar estas pequeñas cosas que nos dejan tiempos de flores hermosas, no quiero aburrir a las ovejas con la vejez sabihonda de mi pensamiento incontrolable.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

Periodismo riguroso y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider