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EL PERIÓDICO
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Unas reflexiones a vuela pluma sobre la necesidad de alcanzar un relato democrático compartido


Una lengua libre es propia de los libres

Sófocles

No será posible compartir un relato democrático en nuestro país, en tanto que la derecha recalcitrante y la ultraderecha, no condenen el Golpe de Estado del 36 sin ambigüedades y medias palabras y, admitan que tuvo un carácter totalitario, que derrocó por las armas a un régimen de carácter democrático que había sido elegido en las urnas y que se basaba en una Constitución que reconocía, entre otras cosas, el pluralismo político, la división de poderes, amplias libertades y otorgaba derechos a quienes hasta ese momento se habían visto privados de ellos. Tienen especial significado los esfuerzos por reconocer derechos a la mujer en lo concerniente a la mejora de las relaciones laborales, el divorcio y unas políticas, nada desdeñables, en materia de igualdad.

¿Qué trajo consigo el triunfo de las tropas totalitarias, apoyado por la dictadura mussoliniana y el nacional socialismo alemán? En primer lugar, una durísima represión y un secuestro de todo atisbo democrático, durante décadas. Todo intento de libertad de pensamiento fue drásticamente cercenado, partidos políticos y sindicatos fueron perseguidos, exigiéndose la sindicación obligatoria al Sindicato Vertical, inspirado en el modelo fascista italiano. Los principios morales y una ética heredera de la Ilustración desaparecieron por completo y fueron sustituidos por un nacional catolicismo de carácter tridentino.

Es oportuno recordar, aquí y ahora, algunas tropelías cometidas –y no precisamente las más graves- para que tengamos presente el clima asfixiante y la ausencia de toda crítica, por leve que esta fuese. Añadamos a esto las delaciones y las represalias en todos los órdenes.

Recientemente, hemos conmemorado el Centenario del nacimiento de ese espléndido intelectual y novelista que fue Miguel Delibes. En “Cinco horas con Mario”, una de sus obras de mayor calado, recordemos que a Mario le imponen el término ‘cruzada’ en una colaboración periodística porque no era conveniente calificar lo sucedido como una Guerra Civil. Así se las gastaba la censura.

Fernando Fernán Gómez, cuyo Centenario conmemoramos este año, al final de su obra teatral de amplio éxito, “Las bicicletas son para el verano”, nos deja unas palabras que no deberíamos pasar por alto: No ha llegado la paz, lo que ha llegado es la victoria. No es difícil imaginar lo que tuvieron que soportar los vencidos.

Fueron años de indigencia intelectual, manipulación, ignorancia y tergiversación de la historia. Por estas y otras razones, es preciso continuar la línea emprendida y que la Ley de Memoria Democrática, actualmente en tramitación, sea aprobada. Naturalmente, la aprobación de una Ley es un paso, mas es esencial que los conservadores, especialmente, lo que se ha venido denominando franquismo sociológico, condenen sin tapujos el Golpe de Estado y que las víctimas de la dictadura, cuyos restos aun permanecen en cunetas, puedan tener pronto una digna sepultura, poniendo fin a largos años de olvido y abandono y, porque no decirlo, de cobardía.

Recuerdo, memoria y reparación tienen por fin que darse la mano y fundirse. Hay que legislar con dignidad y decisión, para poder mirar hacia delante sin hipotecas ni lastres del pasado.

Sobre la represión que siguió a la Guerra Civil y sobre las atrocidades que se cometieron por cientos de miles, hay una abundante bibliografía. Quiero hoy poner sólo un ejemplo pero podrían contarse por centenares. Voy a referirme a Pedro de Blas, primer alcalde socialista de Alcalá de Henares, que llevó a cabo una gestión moderada, que salvó vidas… lo que no le libró de ser sometido a un largo periplo, por diversas cárceles: Pamplona, Astorga, Santiago… antes de ser puesto en libertad condicional en 1947.

Era un obrero, un sindicalista. Llegó a la corporación local de Alcalá de Henares tras las elecciones de abril de 1931. Hombre íntegro de solidas convicciones republicanas. En abril del 36, poco antes de la sublevación militar, fue elegido alcalde tras la dimisión de Juan Antonio Cumplido, otro hombre integro del que me gustaría hablar con mayor detenimiento en otra ocasión. En 1937 fue sustituido y permaneció en el ayuntamiento como representante de la Unión General de Trabajadores.

Militaba en el Partido Socialista en el ‘ala prietista’ y su actuación estuvo caracterizada por la moderación y el equilibrio.

Tengo un libro en las manos, lleva por título “Luces y sombras en tiempo de paz. Alcalá de Henares en la Segunda República. 1931-1936”. Su autora, Pilar Lledó Collada, historiadora, ha ‘buceado’ en diversos archivos, entre otros los de la Fundación Pablo Iglesias y tiene interesantes y rigurosas publicaciones sobre los años 30 y 40 en Alcalá, con especial incidencia en la marginación e invisibilidad de la mujer y su desaparición de la vida pública.

Regresemos a Pedro de Blas. Su profesión era albañil, mas poseía unas innatas condiciones de organizador. Era, lo que consideramos hoy, un buen gestor. ¿Cuáles eran sus prioridades? La primera combatir el paro y, para ello, basó su mandato en promover obras públicas, muchas de ellas de carácter educativo y cultural. Otra de sus preocupaciones era mantener el orden público y que no se produjeran algaradas ni enfrentamientos callejeros.

En unos momentos convulsos y tendentes a la violencia, puso un notable interés en que las arcas, que conservan los restos de los Santos Niños y de San Diego de Alcalá, fueran protegidas para evitar que sufrieran daño alguno. En esta labor contó con el decidido apoyo de Manuel Vicario, amigo de Manuel Azaña.

Finalizada la contienda Pedro de Blas, que contaba cincuenta y dos años, fue encarcelado bajo acusaciones como que había apoyado la ‘rebelión roja’. Se le instruyó el correspondiente sumario y fue condenado a treinta años. Curiosamente, una vez más, por el delito de adhesión a la rebelión.

Reproduciré la cita textual que Pilar Lledó hace en su libro del alcalde franquista, en la que este responde negativamente a una petición para que un hombre de cerca de sesenta años obtuviera la libertad provisional. El infamante texto dice así:

“Contesto a su atento escrito en el que se interesa informes para efectos de libertad condicional del penado Pedro Blas Fernández, para significar a V. que teniendo en cuenta la protesta unánime de familiares de caídos y otros sectores de la ciudad, no procede en estos momentos le sean aplicados dichos beneficios al referido penado”

Es de destacar que textos de este cariz existen a centenares en los archivos, aunque haya quien ha efectuado muchos esfuerzos para correr un tupido velo y que no fueran conocidos y que no se pudieran comprobar los aspectos oprobiosos que contienen.

Para diseñar el futuro es necesario superar el pasado, sin ira, sin rencor. Para que quede definitivamente atrás, hay que poner de manifiesto la instrumentalización grotesca y la justificación de actuaciones criminales, como denominar ‘cruzada’ a lo que no era sino una sanguinaria represión.

Otro ‘modus operandi’ basado en la proliferación de textos, pretendidamente asépticos y equidistantes, que contenían en realidad planteamientos falsos y sesgados. Esto solía ir acompañado de recomendaciones que desaconsejaban que salieran a la luz estos sucesos y de una censura férrea que evitaba cualquier crítica a la dictadura. Pretendiendo pasar página sin haberla leído. Esta labor, que hoy produce no poca repugnancia, ha sido por parte de algunos medios y pseudo-historiadores abundante. Por eso, es preciso denunciar la apatía y el conformismo y, recordar las ‘despiadadas condenas’ y brutales actuaciones llevadas a cabo.

Debemos a las víctimas y a sus descendientes que han padecido humillaciones, en esos años de miedo, de silencio impuesto y de un totalitarismo que ni siquiera pretendía disimular su condición, una reparación que palie, al menos los sufrimientos y las frustraciones al no poder ni siquiera enterrar dignamente a sus familiares.

Se manipuló hasta la saciedad, el periodo que abarca desde las Elecciones Municipales que trajeron la Segunda República hasta la Guerra Civil. Así, varias generaciones de españoles asocian este periodo a convulsiones, inestabilidad y atrocidades… cuando en realidad la Segunda República significó un proyecto modernizador y europeizante. La figura emblemática fue, seguramente, el alcalaíno Manuel Azaña que tan vinculado estuvo al Ateneo de Madrid. Con frecuencia, observo su mirada limpia e inteligente en el retrato de Enrique Segura, existente en la Docta Casa.

Pedro de Blas fue un republicano más que, en todo momento, cumplió con su deber y actuó con cordura, con moderación y pensando en el bienestar general y en que los conflictos no se le escaparan de las manos y no trajeran consigo problemas añadidos.

Los trabajadores que ocuparon puestos políticos, intentaron con todas sus fuerzas, que los enfrentamientos de los extremistas no perturbaran la estabilidad del sistema. Por eso, hicieron ímprobos esfuerzos a fin de cortar drásticamente, los alborotos y que las amenazas de violencia, no realizaran los negros presagios de los que eran portadoras. Frente a los intolerantes practicaron una tolerancia que les honra. Esto al menos, debe conocerse mejor para valorar la gestión que realizaron de los intereses públicos.

Por estas razones, se ofende su memoria cuando se recurre a visiones interesadamente manipuladas y a doctrinas anestésicas que pretenden llevar las aguas a su molino. El momento de la verdad reparadora, ha llegado.

El mejor servicio que puede hacerse a los ciudadanos es con sencillez y pedagogía, decir como transcurrieron los hechos, con exactitud y rigor y, advertir de los peligros de las actitudes incendiarias y revisionistas, que haciendo caso omiso de datos bien documentados y de hechos contrastados, sólo buscan el enfrentamiento y la división.

La historia siempre nos lleva a una red de hilos que se entrelazan. Por tanto, hemos de ser conscientes de que los criterios y análisis autoritarios, inflexibles, dogmáticos y excluyentes solo sirven para “envenenar nuestro presente”.

Es imprescindible un conocimiento crítico del pasado para entender lo que pasa y entendernos a nosotros mismos. En Alemania o Italia, por no poner más que dos ejemplos, se tiene conciencia del peligro del totalitarismo y existe una legislación destinada específicamente a impedir que se propaguen las ideas perniciosas que llevaron a la Segunda Guerra Mundial, que algunos llaman, Segunda Guerra Civil Europea.

De ahí, que antes de emprender cualquier viaje, convenga estudiar con detenimiento el mapa, eso sí, sin confundir nunca mapa con territorio.

Creemos que es conveniente, desde las páginas de El Obrero, someter a revisión y crítica los objetivos, el texto y las iniciativas que la Ley de Memoria Democrática va a proyectar sobre la sociedad española… unas medidas de todo punto necesarias con la intención de que, por fin, cicatricen las viejas heridas y nuestro país encare el futuro con una memoria democrática compartida.

En los próximos años va a decidirse el futuro y alcance geoestratégico de la Unión Europea. Precisamente, por eso, se hayan defendido en el pasado unas posiciones u otras, es fundamental en este momento crítico que todos encaremos los escollos a superar, desde un relato democrático compartido.

Quienes fueron y continúan siendo totalitarios van desprendiéndose de sus disfraces y poniendo de manifiesto que han sido y son nacionalistas sin escrúpulos y anti-europeístas.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.

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