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La responsabilidad de los alcaldes en el proceso


Se ha hablado mucho de las acciones llevadas a cabo por el Gobierno catalán y el Parlamento, en relación al proceso independentista, pero muy poco de las actuaciones de los alcaldes y concejales de numerosos municipios. Y, sin embargo, fueron muchas y muy graves.

Puedo hablar con conocimiento de causa porque era alcalde de un pequeño municipio de la provincia de Barcelona, seguí y padecí las consecuencias de no comulgar con el independentismo, y vi cosas, nunca imaginadas en alcaldes que traspasaron todas las líneas rojas de la política y la representación institucional.

Quiero empezar el relato con una cuestión muy simple y fundamental. España, y con ella Cataluña, está en una democracia plena. Es decir, ocupa el puesto 19 en la lista de países supervisados y controlados por diversas agencias mundiales, entre las cuales la del prestigioso The Economist que se considera la más seria y rigurosa. Pues bien, de 167 países valorados, España desde hace varios años se encuentra entre las 23 democracias plenas.

Si esto es así, queda claro que todos podemos manifestar nuestros desacuerdos en leyes y normativas, pero tenemos el deber de cumplirlas, mientras estén vigentes. Dicho esto, lo primero que hacemos al acceder al cargo de concejales, es jurar fidelidad a los preceptos contenidos en la Constitución, y en Cataluña, añadimos los del Estatuto de Autonomía. Volvemos a jurar, cuando pasamos de concejales a Alcaldes. Es una cuestión, sine qua non, para ejercer el cargo.

Si esto es así, la primera misión nuestra, es cumplir lo jurado. Y es una fácil misión puesto que si gozamos de una democracia plena no hay motivos para ir en contra de la legalidad vigente. Punto final. Es decir, ni en mis 12 años de concejal, ni en los 28 de Alcalde, me cuestioné en lo más mínimo lo que debía o podía hacer. Para mí un juramento es sagrado y no hay ningún motivo para romperlo.

Tampoco hay motivos para incumplir todo lo legislado, en materia de funcionamiento, representación y protocolo. En mi ayuntamiento ondeaban las banderas española, catalana y europea. Y presidía mi despacho de alcalde, la foto del presidente de la Generalitat, y presidía el salón de plenos, la foto del Rey. Ya está, sin dudas, sin aspavientos, sin incumplimientos.

Después de 40 años de dictadura, no hay que ser muy especial para comprender la necesidad de cumplir y hacer cumplir los preceptos democráticos que tanto nos costó alcanzar. Nada puede poner en peligro la democracia, y menos por parte de los encargados de acatarla y defenderla.

Pues bien, esto tan lógico y elemental, saltó por los aires por culpa del proceso independentista. Numerosos alcaldes quisieron ganarse la simpatía de una parte de sus conciudadanos, rompiendo el juramento dado, e iniciando una deriva claramente antidemocrática, a favor de un proceso que suponía romper con la Constitución y el Estatuto de Autonomía.

Se cometieron incontables ilegalidades, cobardías nunca imaginadas, como aprobar mociones en contra de la legalidad vigente, o firmar falsos decretos que no se inscribieron en los libros de decretos ni se les dio curso legal, etc., etc. Podría explicitar docenas de comportamientos totalmente impropios de cargos institucionales.

Al lado de estos hechos, otros increíblemente inadecuados como pasear la vara de alcalde por concentraciones y manifestaciones, pidiendo romper con la Constitución. O acompañar a imputados por el proceso a los Tribunales de Justicia. Es decir, cargos públicos, manifestaban su disconformidad con el imperio de la ley. Increíble, pero visto y grabado. Estos días de recuerdos de aquellos hechos, lo hemos revivido.

Y precisamente porque lo hemos revivido toca recordarlo y lamentar que cientos de concejales y alcaldes, cometieran perjurio, decidieran seguir un proceso que rompía lazos familiares, de amistad y convivencia en sus municipios, y creyeran posible alcanzar la independencia por la vía de la improvisación, la imposición y el engaño.

Hay que recordar la responsabilidad de todos ellos / ellas con el proceso independentista y recordarles el perjurio cometido, la responsabilidad de haber puesto en peligro la convivencia y la legalidad democrática, y recordarles la inmensa cobardía de sus acciones y actuaciones. No han pedido perdón ni han reconocido sus culpas, simplemente las han querido olvidar, pensando que nadie se lo recordaría. La historia se lo recordará y muchos de ellos ya no están en sus cargos por decisión de sus ciudadanos.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.

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