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La COP26: una ocasión para la esperanza o para la desesperación


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el clima de 2021 (COP26) ha dado comienzo oficialmente en Glasgow el 31 de octubre. Mientras que los líderes mundiales llegaban a la reunión para iniciar las sesiones, fuera del recinto Greta Thunberg y varios manifestantes lanzaban un cántico contra la hipocresía de los políticos porque los gobiernos no toman las medidas necesarias para luchar con eficacia contra el cambio climático. Demasiadas palabras y pocos hechos.

Sin negar los avances que se pueden obtener, más aún con el retorno de EE UU, me temo que se vuelva a repetir lo que ya hemos visto en otras ocasiones, una retórica que no se manifiesta en hechos contundentes y sin la suficiente voluntad para avanzar

No resulta extraño este malestar, pues después de tantas cumbres celebradas se ha avanzado poco frente al avance del cambio climático que lo hace en progresión geométrica, mientras las medidas tomadas caminan a paso de tortuga. Cada vez más aumentan las catástrofes naturales como consecuencia del calentamiento global. Este cambio de la temperatura del planeta no se debe a un nuevo ciclo climático provocado por causas naturales como los que ha habido a lo largo de la existencia de la Tierra, sino que se debe a la acción del hombre, como se encuentra demostrado por los estudios científicos. Este hecho es la primera vez que sucede en las diferentes etapas geológicas que ha habido.

La conciencia de este problema es cada vez mayor entre la ciudadanía y la mayor parte de los líderes políticos. Hasta ejecutivos de grandes empresas y del mundo financiero hablan de este desafío. Si esto es así y se está ante una gravedad sin precedentes lo que hay que preguntarse es: ¿por qué entonces no se actúa con la energía necesaria para atajar una situación cuyos efectos negativos se manifiestan ya pero que aumentarán en el futuro? De hecho, en la apertura de la cumbre de la COP26 el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres ha dicho: “Estamos cavando nuestra propia tumba”. A su vez, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, que fue el primero en intervenir de los dirigentes políticos como anfitrión, manifestó: “Tenemos que hacer de esta COP26 el momento en el que nos pongamos en serio con el cambio climático”.

Ante estas declaraciones y otras de los diferentes gobernantes, así como de los acuerdos a los que ya se han comprometido un número de países considerable, podríamos tener razones para la esperanza. Los acuerdos alcanzados son importantes si se llevan a cabo, pero hay que recordar que no son vinculantes para los países. Hay que destacar a su vez como un factor positivo la incorporación de Estados Unidos a la lucha contra el cambio climático, después de los años terribles que han supuesto el mandato de Trump. No hay que obviar como un elemento negativo que no hayan asistido los dirigentes de Rusia y China que son dos países de los más contaminantes.

Sin negar los avances que se pueden obtener, de todas formas claramente insuficientes, pues es como poner tiritas en grandes heridas, me temo que se vuelva a repetir lo que ya hemos visto en otras ocasiones, una retórica que no se manifiesta en hechos contundentes y sin la suficiente voluntad para avanzar. Esto puede inducir a una cierta desesperación porque cada vez nos acercamos más a un punto sin retorno, si es que no se ha llegado ya a él. El problema no es solamente falta de voluntad política, sino que a la hora de tomar medidas se choca con los grandes intereses económicos y financieros. La retórica empresarial sí que resulta falsa y en todo caso lo que se busca es hacer negocio con lo verde.

De todas formas hay que ir más allá para comprender los límites existentes y esto viene dado por la estructura económica mundial de producción y consumo que es en la que se desenvuelve la acción del hombre. Por ello hay que actuar desde lo global pero también desde lo local. Esto es lo verdaderamente relevante y ello requiere, como pone de relieve Jorge Riechman, una teoría social adecuada a los desafíos de nuestra época y que ha de ser necesariamente una teoría socio-ecológica.

Catedrático emérito Universidad Complutense.

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