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EL PERIÓDICO
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Una crisis desaprovechada


En uno de mis artículos anteriores citaba un reciente libro de Mariana Mazzucato, ‘No desaprovechemos esta crisis’, en el que destaca la importancia que debe desempeñar el sector público en el futuro de la economía como creador de valor e innovador.

Sus palabras son muy claras: «Necesitamos con urgencia Estados emprendedores que inviertan más en innovación: de la inteligencia artificial a la sanidad pública pasando por energías renovables». La idea principal es la siguiente: «Un virus asesino ha mostrado las grandes debilidades de las economías capitalistas occidentales. Ahora que los gobiernos están en pie de guerra, tenemos una oportunidad para arreglar el sistema. Si no lo hacemos, no tendremos ninguna opción contra la tercera gran crisis –un planeta cada vez más inhabitable– y todas las crisis menores que llegarán con ella en los próximos años y décadas». Acababa con una hoja de ruta para salir de la crisis. 

El primer fiasco para avanzar en el cambio necesario han sido los escasos resultados logrados en la cumbre COP26, celebrada en Glasgow, que conducen más a la desesperación que a la esperanza

La crisis no ha finalizado aún, aunque se haya restablecido en gran parte la actividad económica, pero se incrementan los contagios y no sabemos si vendrán nuevos confinamientos y restricciones. Algunos países ya se han planteado confinar a los no vacunados. Dentro de este contexto de incertidumbre, sin embargo, se está dando una recuperación económica, y por lo que se observa no se están tomando medidas que se encaminen en la dirección que señala Mazzucato y otros autores. Para combatir la crisis se han llevado a cabo acciones muy diferentes a las que se dieron en la crisis de 2008. Se han impulsado políticas expansivas frente a las de austeridad de entonces, lo que ha evitado la caída en el abismo.

Se trata, no obstante, no sólo de evitar la caída libre, lo cual ha sido necesario y urgente, sino de sentar las bases para la puesta en marcha de un nuevo modelo que dé por finalizada la etapa del capitalismo neoliberal. Las dos crisis padecidas en tan poco tiempo han mostrado el fracaso de la globalización financiera y el fundamentalismo de mercado. A pesar de ello, los economistas monetaristas y creyentes en el mercado a pies juntillas no se dan por vencidos y tratan de volver, aunque sea como zombis, como dice Krugman. Lo consiguieron en la crisis anterior y lo pretenden ahora.

El primer fiasco para avanzar en el cambio necesario han sido los escasos resultados logrados en la cumbre COP26, celebrada en Glasgow, que conducen más a la desesperación que a la esperanza, como titulaba el artículo anterior. Conclusiones muy limitadas frente a los problemas existentes y que por si fuera poco la experiencia nos indica que no se suelen llevar a la práctica en su totalidad. Nunca he sido optimista acerca de los acuerdos de las cumbres, tanto en lo que se refiere al cambio climático como las que ha habido sobre la pobreza. Este pesimismo de la razón viene dado porque no creo en el capitalismo verde como tampoco que este sistema sea capaz de acabar con la pobreza. Pero al pesimismo de la razón opongo el optimismo de la voluntad, siguiendo a Gramsci. Confío en los movimientos sociales capaces de inducir al sistema a reformarse. En esta línea se han producido avances a lo largo de la historia, aunque estemos en los momentos presentes en un periodo de gran retroceso.

En España, los avances son complicados aunque no imposibles. Pero el panorama no resulta muy alentador con el avance de la ultraderecha y una derecha que se aproxima cada vez más a ella. Esta derecha tan ignorante me recuerda a la que describe Adam Tooze en ‘El apagón’ (Ed. Crítica, 2021) al referirse al partido Republicano en EE UU: «En dos momentos de profunda crisis nacional se ha revelado como un vehículo para la búsqueda indisciplinada de los intereses particulares, así como del efectismo, en lugar de ser un vehículo de verdadera política nacional». Como ganen las elecciones será la vuelta al pasado más rancio.

Catedrático emérito Universidad Complutense.

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