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EL PERIÓDICO
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Encuestas, evaluación y autocrítica


Siempre se han jactado en las filas socialistas de hacer autocrítica, es decir, revisión de los “pecados” (digamos errores y desaciertos), actitud arrepentida y propósito de la enmienda, parafraseando más o menos alguno de los mandamientos de la Santa Madre Iglesia.

No sé yo, me acucian ciertas dudas y me refiero al repaso de faltas veniales o capitales, que de todo hay en la viña del Señor.

Bien, dejemos, por ahora el contenido matérico eclesial y a sus sabios doctores y hablemos, de manera algo más concreta, por la analogía existente con lo que viene ocurriendo desde hace años en nuestro ámbito universitario: es costumbre que llegado el final de cada uno de los semestres en que se dividen los cursos académicos, a los profesores nos “pasan unas encuestas”, es decir, somos “evaluados” bien en presencia o en línea por parte de nuestros estudiantes.

Me consta que algunos de mis colegas ponen el grito en el cielo: “¿qué es eso de que puntúen mi trabajo, mi carrera…unos estudiantes?” No hay poco de prepotencia en esta inquietud airada, cierto, y hay mucho también de inseguridad personal y profesional.

A mí me gustan esas evaluaciones, es más, yo las propicio unos días antes de las “oficiales”, de forma oficiosa, y les pido a mis pupilos que me cuenten sin firmar la opinión del curso respectivo, los aspectos positivos y negativos, y por supuesto, las sugerencias que proponen para futuros compañeros.

Igual es que estoy pasada de rosca a mi edad, o que por eso mismo y mi experiencia tengo muy claro en qué consiste el oficio de profesor del que ya he hablado en algún otro momento, pero me parece muy legítimo y muy sano, preguntar y conocer.

Y de ahí aprender algo, seguro… a veces, hasta se disfruta, pero siempre conviene pararse y reflexionar; mirarse las entretelas y darle una vuelta a lo que dicen de nosotros y de nuestro quehacer docente, salir del cuadro y tomar distancia: escuchar y pensar.

Estos deberían ser los parámetros de la población política, es decir, de los mimbres de los partidos que tanto exhiben sus “particulares democracias”, su capacidad de acogida, entendimiento y cambios entre sí. Hay que tener cuidado con el escaparate, con lo que se vende a un público atento y exigente que pasa muy a menudo evaluación de gestos, intenciones, promesas y proyectos, palabras y acciones…todo ello no se puede quedar en papel mojado, en cumplir las apariencias y no las expectativas.

Considero que no son necesarios tantos discursos grandilocuentes, ni convocatorias multitudinarias para impresionar al contrario (“a ver quién la tiene más grande”, cantaba Serrat), resulta más útil después de entonar el mea culpa, ponerse manos a la obra, y al metal, y a la educación y a la sanidad y a la cultura…procurar el bienestar social, facilitar la vida a tantas personas que confían en los gobernantes de sus pueblos, ciudades y países. Hacer autocrítica, pero de la buena y de la auténtica sin caer en pantomimas ni en teatrito de medio pelo ni en figuras de naipes, que de un leve soplo se caen.

Todo lo que no se evalúa, se devalúa. Corren tiempos de autocrítica, para todos.

Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.

Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.

Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…

Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.

Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.

Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.

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