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EL PERIÓDICO
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Escepticismo y gusto refinado (Cultivar las artes liberales)


David Hume. David Hume.

En 1742 David Hume publicó un segundo volumen de ensayos, entre los que cabe destacar: “El epicúreo”, “El estoico”, “El platónico” y “El escéptico”. Los ensayos sospesan con viveza los alicientes y defectos, de cuatro concepciones de la buena vida: la vida del placer, de la virtud, de la devoción religiosa y del escepticismo. El ensayo sobre la vida escéptica, es más largo que los otros tres juntos, seguramente porque es el que despierta más afinidad en Hume. Aunque el escepticismo se asocia frecuentemente al nihilismo y la insensibilidad, Hume sugiere que en realidad tiende a la paz interior, la humildad intelectual y al afán por hacerse cada vez más preguntas. El ensayo también indaga en el método para alcanzar la moderación, el equilibrio y el humanismo de los escépticos, para lo cual recomienda “prestar especial atención a las ciencias y a las artes liberales”.

Hume ya había formulado una premisa parecida, en el primer ensayo de su primer volumen, “De la delicadeza en el gusto y la templanza en la pasión”, una de las joyas más infravaloradas – al menos eso pensamos algunos – de la totalidad de su obra. La hipótesis principal de este trabajo, es que el secreto de la felicidad, está en cultivar las artes liberales porque, en primer lugar, una persona de gusto refinado, puede “confiar su felicidad a los objetos que le convengan”, dado que “tenemos la oportunidad de escoger qué libros leemos, en qué actividades de ocio participamos, y con quien nos relacionamos”.

Aquel que disfruta genuinamente con un buen libro, o charlando con un buen amigo, por ejemplo, tiene muchas más posibilidades de encontrar la felicidad, que aquel que desea fama y riqueza en abundancia. Además, sostiene que “un gusto delicado es preferible al amor y la amistad – eso no lo veo yo tan claro – al permitirnos ser selectivos con las personas”, puesto que “quien tiene bien asimilado el saber de libros y hombres, sólo se regocija en compañía de unos pocos”. En otras palabras, las personas de gusto refinado, son más diestras a la hora de discernir quienes comparten sus opiniones y preferencias. Por lo tanto, pueden establecer relaciones más profundas y estimables con unos pocos elegidos, tal como el propio Hume terminó haciendo con Adam Smith.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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