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EL PERIÓDICO
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Un hipócrita en Lesbos


Jorge Bergoglio, alias Papa Francisco, ha estado visitando el campo de concentración de inmigrantes en la isla de Lesbos. Y naturalmente ha aprovechado la ocasión para colocar su discurso falso e hipócrita, que a fin de cuentas es el que caracteriza a la secta vaticana que encabeza el monarca absoluto de ese Estado sin fronteras que es la Iglesia católica.

Francisco reprocha a la Unión Europea su política sobre los inmigrantes. Hace bien, aparentemente. Los europeos somos timoratos, tenemos miedo a lo diferente, y aunque necesitamos a los inmigrantes para que trabajen y paguen las pensiones de las próximas generaciones, les damos con la puerta en las narices para preservar nuestra "pureza" racial, cultural, nacional y religiosa. Buena parte de esa actitud sectaria, supremacista, racista y xenófoba se la debemos precisamente al catolicismo y a sus epígonos.

Son católicos y dicen hablar en nombre de los católicos de sus respectivos países los partidos de extrema derecha y derecha radical de Italia, Francia, Hungría, Polonia y España, muchos de ellos gobernantes o con aspiraciones a serlo. Son católicos los Salvini, Abascal, Orban, Le Pen, Kaczynsky. Son católicos la mayoría de sus votantes, embrutecidos por los discursos nacional católicos que constituyen la base ideológica sobre la que se sustenta el fascismo contemporáneo europeo. Son católicos, en fin, buena parte de los millones de europeos que manifiestan su repugnancia hacia los inmigrantes por tener otra cultura y otra religión, pero sobre todo por ser pobres.

Así que si Francisco se refiere a eso cuando culpabiliza a los europeos del drama de la inmigración, tiene toda la razón. Pero que señale primero hacia su casa y hacia los suyos, hacia su rebaño como dicen ellos. Es decir, que asuma la responsabilidad del catolicismo y la suya propia en la generación y mantenimiento de esa actitud criminal hacia la inmigración.

En cuanto al Papa mismo, el único calificativo que merece Bergoglio es el de farsante. Ya lo era en su país cuando siendo el superior de la orden de los jesuitas allí, convivió armónicamente con las Juntas militares que masacraban al pueblo argentino. Ahora tiene la desvergüenza de presentarse en un campo de concentración con las manos vacías y regalar bonitos discursos.

En Lesbos hay 20.000 inmigrantes bloqueados. Son muchos, pero tampoco tantos. Si la Iglesia católica dedicara un solo día la recaudación que recoge en sus parroquias de todo el mundo a atender sus necesidades, esos miserables de hoy vivirían como reyes el resto de sus vidas. Bastaría con que el Vaticano pusiera en venta una pequeña parte de los ingentes bienes que de forma avarienta atesora desde hace siglos, para que con el producto resultante se pudiera atender como príncipes a todos los inmigrantes, refugiados y desplazados que hay no solo en Europa sino en el mundo entero.

Pero no lo harán. La Iglesia católica es el reino de la hipocresía absoluta.

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).

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