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América Latina y la ilusionante nueva etapa de gobiernos progresistas


  • Escrito por José Luis Centella
  • Publicado en Opinión
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Las victorias electorales de Luis Arce en Bolivia, Gabriel Boric en Chile, Pedro Castillo en Perú o Xiomara Castro en Honduras, junto a las perspectivas de que Lula vuelva a la presidencia de Brasil y Gustavo Petro gane las elecciones en Colombia, indican claramente que los pueblos latinoamericanos dan una oportunidad a la izquierda para plantear una salida progresista a una situación de crisis agravada por la pandemia.

La crisis sanitaria, social y económica ha hecho visibles las consecuencias de años de políticas neoliberales privatizadoras, cuyos responsables han utilizado con descaro el dinero público para socializar las pérdidas de las empresas privadas propiedad de quienes, con no menos descaro, contribuyeron de forma decisiva a auparles al poder.

Cobra especial relevancia reinstalar en la agenda las políticas de reforma agraria, porque la nueva sociedad que deben representar los nuevos gobiernos progresistas de América Latina no se puede construir en base a la pobreza y a la marginalidad social

Es el modelo neoliberal en estado puro y América Latina ha experimentado sus principales consecuencias: empobrecimiento, sometimiento a las multinacionales y pérdida de soberanía nacional.

Vemos también que cuando los resultados electorales no gustan a los poderes económicos, se lanza una fuerte y articulada presión contra los gobiernos progresistas, como ocurre en Bolivia, en Perú o han empezado a hacer ya a las pocas horas incluso en Chile.

Todas estas victorias progresistas sitúan a los nuevos gobiernos ante el reto de hacer algo más que políticas asistenciales y afrontar medidas estructurales que permitan salir del atraso histórico que sufre América Latina. Deben romper la dependencia exterior, uno de los principales obstáculos para alcanzar su plena independencia y para poder utilizar sus recursos naturales y capacidades para mejorar sustancialmente las condiciones de vida de sus pueblos.

Este proceso de integración regional debe procurar también la construcción de una nueva arquitectura comercial, económica y financiera en la que deberían contar con instituciones propias. Estos países han de ser dueños de sus recursos financieros y tener la capacidad de financiar proyectos de desarrollo industrial, así como garantizar la estabilidad económica y financiera de la región mediante una estrategia de industrialización que no olvide al sector agrario. Así se podrá sustituir la actual dependencia de las importaciones y asegurar la soberanía económica.

Al mismo tiempo es indispensable que desarrollen un plan de infraestructuras que mejore la conectividad, las comunicaciones y el abastecimiento, y articular sus propuestas productivas, comerciales y financieras junto a las de las áreas más desarrolladas del planeta. Una de las cuestiones sobre las que el colonialismo cimenta siempre su dominio es la falta de unas infraestructuras que permitan desarrollar un intercambio comercial interno, por lo que todo el comercio quedaba supeditado a la metrópoli colonial.

Nada de esto será posible sin que se pueda romper con la dependencia monetaria y financiera. Para ello es imprescindible que los Estados dispongan de instrumentos bancarios que aseguren un desarrollo independiente de la economía regional, permitiendo la generación de economías productivas, prósperas y sostenibles, con distribución equitativa de la riqueza. En tal sentido, cobra especial relevancia reinstalar en la agenda las políticas de reforma agraria, porque la nueva sociedad que deben representan los nuevos gobiernos progresistas de América Latina no se puede construir en base a la pobreza y a la marginalidad social. En definitiva, en América Latina puede estar jugándose ya la posibilidad de demostrar que es posible la construcción de un modelo social y económicamente avanzado que beneficie a la gran mayoría de la población. Esto permitirá frenar de forma decisiva la ofensiva de una derecha extrema que siempre trata de crecer sobre el desencanto de amplias capas de la sociedad que no encuentran respuestas a sus problemas en el sistema establecido.

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