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Reforma laboral y modernización de la economía


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Es indudable que la reforma laboral recientemente alcanzada entre CCOO, UGT, CEOE, Cepyme y el Gobierno Progresista supone un paso importante en la recuperación de los derechos de los trabajadores.

Pero apenas se ha hablado de los efectos positivos que dicho acuerdo pueda tener sobre la economía española si se quiere que su competitividad siga “dirigida por la Innovación”. Así es como clasifica el Índice de Competitividad Global World Economic Forum (WEF) a España junto a un grupo de más de treinta países desarrollados. En estas economías la innovación tecnológica, la globalización y la extensión del sector servicios han convertido al trabajo no cualificado en un factor de producción secundario, cediendo el protagonismo al talento. 

La economía española está en el pelotón de cola con riesgos de descolgarse ya que muestra una claro conflicto entre la estrategia de competencia por creación de valor y la persistencia en muchas empresas de un modelo de gestión de la innovación y del capital humano muy poco cooperativo, propio de países menos desarrollados

Asimismo, en estos países el alto grado de capital organizacional generado en muchas de sus empresas, basado en la cooperación, les posibilita ser capaces de convertir ideas en servicios y productos de alto valor añadido, gracias a la convergencia de las tecnologías desplegadas por el desarrollo de la digitalización (Big Data, Inteligencia Artificial, Robotización, Internet de las Cosas, la nube, la tecnología blockchain, la realidad virtual y la realidad ampliada).

No obstante, la economía española, en el puesto 23 según el WEF-2019, está en el pelotón de cola, con riesgos de descolgarse ya que muestra una claro conflicto entre la estrategia de competencia por creación de valor, de intangibles (información, conocimiento, creatividad, reputación, confianza, capital humano especifico, capital organizacional, etc.) que está eligiendo un volumen creciente de empresas españolas, por un lado, y la persistencia, todavía en muchas empresas, de un modelo de gestión de la innovación y del capital humano muy poco cooperativo, propio de países menos desarrollados, por otro. Según el WEF-2019, con la legislación laboral aprobada en 2012, España estaba en el puesto 61 en cuanto a eficiencia del mercado de trabajo, entre Lesotho y Rusia; en el puesto 44 en relación con los derechos de los trabajadores; en el 73 en cuanto al grado de cooperación entre empresarios y sindicatos; y en el 92 en la relación entre salarios y productividad.

En los países “guiados por la Innovación” los marcos regulatorios laborales que propician la reducción de salarios y condiciones de trabajo son demoledores en términos de retención del talento. Como decía Stiglitz, las actuaciones que generan una descapitalización del capital humano de un país puede llegar a tener consecuencias muy graves para su capacidad competitiva, empobreciendo al conjunto del país.

En este mismo sentido, son muy preocupantes los indicadores de Cultura de Gestión Empresarial del WEF (delegación de autoridad, crecimiento de empresas innovadoras, actitud ante el riesgo empresarial) que nos sitúan en el puesto 85, mostrando que muchas empresas españolas tienen un importante déficit organizacional que lastra nuestra competitividad global.

El diferencial existente en España entre la cualificación de los jóvenes trabajadores y las oportunidades de trabajo y salarios acordes con el esfuerzo formativo realizado provocó, tras la crisis de los años 2007-2012, una fuerte emigración de jóvenes altamente cualificados de la que todavía no nos hemos recuperado. El 48% de los que emigraron estaba en situación de desempleo y un 27% en contratación precaria. En los países de destino un 46% de esos jóvenes obtuvo un contrato indefinido y un 70% cobraban un salario superior al salario medio de España.

Esta reforma laboral, que es la primera en décadas que mejora la posición negociadora de los trabajadores en las empresas, permitirá detener esta sangría de capital humano que no cesa. En 2021 residían en el extranjero 2.654.723 españoles, un 10% más que cuatro años antes.

Economista. Adjunto a la Secretaria General de CCOO.

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