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Las compras compulsivas, oniomaníacos tirándose a las rebajas


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

¿Y tu hermana?

- Ha ido a compras.

- ¡Ay, Dios mío, qué dolor siento aquí!

- ¿Dónde?

- En el santo bolsillo. ¡A compras! Adiós mi líquido. Tu hermana y yo vamos a acabar mal. ¿Qué proyectos abrigará; qué nuevos gravámenes me esperan?... Estoy temblando, porque hace tiempo, desde antes del verano, me tiene anunciado el trueno gordo, y yo me devano los sesos pensando qué será, qué no será.

Pérez Galdós, Torquemada en el purgatorio, 1894, pág. 191.

Ahora nos encontramos ante el desenfreno de las compras saliendo del mesecito de diciembre que ha sido de traca. La adicción a las compras, aunque denominado también como oniomanía o shoppingmanía, se identifica como el síndrome de compra compulsiva y es un tipo específico de alteración del comportamiento, semejante a la adición; por el cual una persona es incapaz de controlar sus tendencias e impulsos que le llevan a comprar. Esta adquisición puede estar fijada en un determinado objeto, bien o servicio, de forma que se tenga una tendencia irrefrenable a adquirir toda clase de elementos para móvil, belleza, zapatos, bolsos, por poner un ejemplo; o puede estar asociada al hecho de comprar por comprar, sea el producto que sea.

La pasada semana han empezado las rebajas, bueno el otro día si mal no recuerdo y la verdad es que es toda una aventura. Antes hemos sufrido el CiberMonday, Fiestas impuestas porquesí, Black Friday, y otras provocaciones crematísticas para que te dejes el ánima. Miradas vengadoras, miradas sucias diría yo, cuchillos jamoneros cuando has visto una prenda que otra no, pasos acechantes, navajas por el aire, codazos en el hígado mortales, patadas en la espinilla...un sin fin de monadas que yo me imagino, por conseguir aquella pieza que es mejor que la otra, aquella pieza que es la mejor, la que mejor precio tiene. ¡Que me tiro, que me tiro! Parece que va a decir alguien. Coches que llegan a los parkings como el que llega a un combate de boxeo, ¡que me parto, que me parto! Claro que la mayoría de las veces los objetos que se exhiben en rebajas son objetos ociosos, en realidad, cosas que no son de primera necesidad, no nos son necesarias y sin embargo son atractivas, y de repente se nos aparecen delante de nuestros ojos como imprescindibles. Así es el consumismo. La juventud suele caer en ello porque los tienen arrasados con tanta persuasión por las redes. Detrás puede haber naja autoestima, aislamiento social, depresión, ansiedad o simplemente trastorno límite de la personalidad que es un trastorno de la salud mental que impacta sobre la manera en la que pensamos y sentimos con respecto a nosotros mismos, causando problemas para insertarnos normalmente en la vida cotidiana. Incluye problemas de autoimagen, dificultad para manejar las emociones y el comportamiento con un patrón de relaciones inestables. Mi buen Galdós ya representó estos asuntos en muchos de sus personajes de forma asombrosa para su época: La de Bringas, Torquemada…pero sobre todo Isidora de La desheredada, es el auténtico retrato clínico de esta característica epidemia del ser humano en su relación con la sociedad.

Es un trastorno, que puede agravarse si no se trata debidamente. Las personas que sufren esta adicción pueden padecer ansiedad, falta de control o sentido de culpa. La adicción a las compras puede provocar igualmente problemas familiares, de pareja o laborales, así como endeudamientos, mentiras o robos, debido a los impulsos incontrolados por poseer un artículo. ¡Quelle horreur!

Nos gastamos nuestros cien eurillos de rigor y nos vamos a casa más contentos que unas castañuelas. Manteles, unas velas verde pistacho que me van a juego en el salón, un vaso de corazoncitos, una diadema ancha que luego me aprieta las orejas, una bufanda bien apañadita de las del mayo del 68, un paraguas que luego siempre olvidamos en casa, el sujetador de turno y como no me acuerdo de si es la copa A,B,C o D pues me llevo cuatro que ya habrá tiempo de cambiarlos. Esas botas de piel que luego nos da pena usar y se quedan prácticamente nuevas para el año siguiente, unos pendientes, un niki, otro niki, un jersey, otro de cuello alto que me va muy bien, un cepillo del pelo porque el otro tiene caspa, un desodorante porque lo han rebajado y ahora ya solo vale 35 euros y dan dos por uno, un chal, un monedero que estaba fenomenal fenomenal de precio, un pijama de seda que aunque me dan repelús tengo que tener uno, que el otro ya no me entra por el culo, un pijama de algodón que en realidad son los que uso, unas zapatillas…Sigo: otras zapatillas porque estaban tan bien de precio que merecía la pena llevar dos o tres pares, un delantal hipermoderno, unos cds porque con esto de la Sgae nos han jorobado a todos...un sin fin de cosas y cosas, que no son más que eso: objetos, organismos innecesarios, como muchos de los gobiernos y comunidades variadas.

A codazo limpio le he arrebatado una bata a una de al lado que también la quería, yo la vi primero, jopetas, ¡peor que el Oeste americano! Porque a mi suegra le tengo que llevar una bata, además del equipo de aerobic. Somos todos de un moderno que nos salimos.

En lo que no caemos la mayoría de las veces, o quizás sí, es que las rebajas no son tales desde el momento en que los precios iniciales estaban de antemano por las nubes, y claro, cualquier rebajilla que en realidad se aproxima a su precio de verdad, nos parece la locura conejil. Un timo. Europa y en particular España, desde que nos cambiaron al euro, hemos sufrido y sufrimos de hecho un robo a mano armada constante, sin que apenas nos demos cuenta, pero es tan espectacularmente grande la diferencia de valor entre los objetos, y lo que pagamos que las rebajas nos parecen, eso, el maná caído del mismísimo cielo.

Pero, ojo, esto no es ninguna broma y el perfil general de la compradora compulsiva que por lo general parece que se da mas en las mujeres, tiene un perfil relativo, con problemas y medio depre. Claro, hay más mujeres porque siguen ocupándose de todos los ciudadanos de su familia, que pasan veinte pueblos de ir a comprar y le toca a la desgraciada ir, so pretexto de: ¡Así te despejas! ¡Venga, que en realidad te encanta no lo niegues!

Y claro, a más de una le ha llevado a hipotecar su casa o tener que cancelar sus tarjetas y cuentas bancarias. ¡Caution!, que los comerciantes con tal de vender les importa muy poco si los demás destrozan su vida. Vale.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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