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El tonelaje de la ideología eonómica


  • Escrito por  Carles Manera
  • Publicado en Opinión
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Cuatro declaraciones muy recientes; atendámoslas:

  1. “Aumentar el precio del dinero prematuramente podría afectar gravemente a la economía”. No hay que “repetir decisiones y medidas que fueron perjudiciales y dañinas en 2008” (https://www.20minutos.es/noticia/4891475/0/el-bce-rechaza-subir-tipos-pese-a-admitir-que-la-inflacion-es-mas-alta-y-prolongada-de-lo-previsto-haria-mas-mal-que-bien/).
  2. La nueva variante de ómicron plantea “riesgos a la baja para el empleo y el crecimiento económico y una mayor incertidumbre para la inflación”. Se seguirán comprando ciento veinte mil millones de dólares mensuales en bonos hasta que haya un “progreso sustancial adicional hacia los objetivos del banco central de máximo empleo e inflación” (https://www.larepublica.co/globoeconomia/jerome-powell-dice-que-la-economia-de-eeuu-sigue-lejos-de-su-maximo-en-empleo-3239181).
  3. “Las lecciones de los últimos diez años son que la Unión Europea se ha enfocado demasiado en la prudencia fiscal y demasiado poco en cómo llevar la economía hacia la plena ocupación; ahora el debate no tiene que ser cómo rebajar el déficit, sino cómo impulsar la inversión pública” (https://www.elnacional.cat/es/economia/los-expertos-avisan-de-que-el-plan-economico-de-la-ue-es-insuficiente_603659_102.html).
  4. “Creo que tendríamos que hacer un poco más (…) un poco más sería mejor (…) Hay que gastar más hasta que la recuperación sea lo suficientemente fuerte” (https://www.elnacional.cat/es/economia/los-expertos-avisan-de-que-el-plan-economico-de-la-ue-es-insuficiente_603659_102.html).

Estas palabras que se acaban de exponer –y son sólo una pequeña muestra– no provienen de economistas radicales ni de políticos social-comunistas. Se corresponden con las manifestaciones de Christine Lagarde, presidenta del BCE (número 1), Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal (número 2), Christian Odendahl, economista-jefe del Center for European Reform (número 3) y Paul de Grauwe, catedrático de Economía en la London School of Economics (número 4). Cuatro personajes de perfil liberal, nada sospechosos de izquierdismos extremos; ni tan siquiera tibios. Gente de orden –poca broma– de larga trayectoria en el mundo de la economía aplicada.

Estas cuatro aportaciones sintetizan el pensamiento de muchísimos economistas de perfil netamente liberal que, basados en el rigor de los números y en los recientes procesos de crisis económica (en particular, la Gran Recesión y sus enseñanzas para la Gran Reclusión), señalan algo que es obvio: las viejas recetas no sirvieron para atajar las consecuencias sociales durante los años 2008-2014. Al contrario: agravaron aspectos como la precariedad laboral, la desigualdad y la caída de las rentas. Lecciones de un pasado reciente para enfrentarse a un presente y un futuro actuales. Sin embargo, ante evidencias que sin duda conocen, dirigentes conservadores y sus economistas de cabecera persisten en una tesis central: hay que retirar lo más pronto posible todos los estímulos fiscales y monetarios, para no dejar deudas a las generaciones futuras (esto último da para un artículo específico). La solución propuesta: volver a los recortes presupuestarios, junto a la bajada de los impuestos. Se habla incluso de que urgen políticas económicas “adultas” en este momento incierto de la crisis, de manera que se critica, de forma directa, el planteamiento económico desplegado desde la Comisión Europea (política fiscal) y el BCE (política monetaria). Doctores tiene la iglesia.

Se ve que existen varitas mágicas escondidas que pueden hacer el milagro: reducir la inversión pública –con sus demostrados efectos multiplicadores–, bajar los ingresos tributarios, recortar los déficits públicos, descender la deuda y hacer crecer la economía generando una buena distribución de la renta. Algo que nunca ha sucedido: búsquense, por favor, algunos casos al respecto, sin datos amañados.

Es el tonelaje de una ideología que sólo lee los números que le interesan, aferrándose a la inflación como acicate para presionar en una dirección: la subida inmediata de tipos de interés, el cese de la expansión fiscal y monetaria y la contracción de los impuestos. En paralelo, se promete que el bienestar social está asegurado. Una huida hacia delante que la historia económica ha recogido en sendos casos, con resultados harto elocuentes. El primero, en 1937, cuando el miedo a los mercados promovió la retirada de los estímulos por parte de Franklin Delano Roosevelt: el PIB cayó con estrépito, cuando estaba ya en la senda de recuperación gracias a las políticas del New Deal. El segundo, en 2010, cuando ese mismo temor a los mercados indujo también esa contracción de los estímulos capitaneada por Angela Merkel, mientras Jean Claude Trichet, desde el BCE, subía los tipos de interés…todo en un escenario en el que a principios de ese año 2010 se avistaban signos de recuperación. El PIB cayó de nuevo, y la sangría griega fue su mayor exponente. Deberíamos acordarnos de todo esto.

Porque esto es lo que se nos promete desde los think tank conservadores; desde las palabras de sus dirigentes. El momento de la retirada de los estímulos fiscales y monetarios es un gran momento Minsky: el gran economista Hyman Minsky, gran analista de la crisis de los años 1930, que nos enseñó que el sistema económico es inestable, sometido a recesiones recurrentes que necesitan de un inequívoco soporte público (H. Minsky: Estabilizando una economía inestable, Profit Editorial, Madrid, 2020). Pero para el mainstream más acendrado toca rebajar al máximo las ayudas y volver a la austeridad. El estudio de las crisis, sin embargo, nos dice lo contrario: lo supo Minsky cuando adivinó la crisis de 2008, a pesar de que él murió en 1996. Pero quien lo sabe, seguro, es Ben Bernanke, historiador económico, conservador y republicano, experto en el crack de 1929 (esta fue su tesis doctoral). Tanto es así que cuando fue presidente de la Reserva Federal durante la Gran Recesión actuó de forma opuesta a como lo hizo su antecesor remoto en 1928-1929, Roy A. Young, que subió precipitadamente los tipos de interés: pinchó la burbuja de Wall Street… y estrelló contra los arrecifes a la sociedad americana, que llegó al 33% de paro. John Steinbeck, uvas e ira, tiene páginas tristemente luminosas sobre todo esto. Bernanke bajó los tipos (al contrario que Trichet) y evitó un cataclismo (B. Bernanke: Mis años en la Reserva Federal: un análisis de la Fed y las crisis financieras, Deusto, Madrid, 2014). Minsky debió sonreír en ese momento. Como ahora, cariacontecido, observa la obstinación de esos economistas y dirigentes políticos soberbios, ignorantes de la más reciente historia económica. Quizás es que deberían estudiar más para evitar decir necedades.

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