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Otra derecha es posible


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

¿Otra derecha es posible? Si. ¿Cómo? Mediante su reconversión. Con convicciones y condiciones democráticas hasta ahora inexistentes. ¿Cuáles? Primera, la necesaria admisión entre los votantes del PP sobre la democracia como único lenguaje político viable en España. Segunda, la necesidad de democratizar internamente su partido y externamente, democratizando asimismo su discurso. Tercer requisito, separar la política de los negocios, causa troncal de su corrupción y declive. Y cuarta condición, aceptar la evidencia del callejón sin salida en el que las actuales direcciones nacional y regional han metido al PP, por coquetear peligrosa e irresponsablemente con un partido enemigo de la democracia. Estos preceptos se encierran en uno: el de asumir que los intereses estatales del país priman por encima de los intereses y ambiciones personales y partidistas. La política no es un negocio privado sino una gesta colectiva cuyas decisiones a todos y todas han de beneficiar. No hay retorno hacia situaciones preconstitucionales. Los derechos democráticos no se tocan. Como mucho, se amplían. La involución sería suicida.

¿Es mucho pedir? Si, seguro. Pero no hay otra forma de despejar el camino… a no ser que se tenga energía y cantera suficientes como para refundar su partido de abajo arriba. ¿Quién puede hacer una cosa u otra? En primer término, la base militante y electoral: ha de ser capaz de deliberar colectivamente, de manera autocrítica, sobre los problemas causados por sus propios errores al no controlar, tras elegirlos, a unos líderes mayoritariamente ineptos, corruptos o amorales. Y apartarlos de la dirección política.

Luego, esa misma base militante y electoral de la derecha autocrítica deberá recapacitar y promover, con su voto, a quienes sean moral e intelectualmente solventes para acometer la ardua tarea que tienen por delante. ¿Quiénes? Aquellas personas que entiendan la política como servicio a la sociedad y sean capaces de anteponer los intereses generales a los particulares. ¿Por dónde empezar? Por exigir a los nuevos líderes olvidarse de intentar horadar, como hasta ahora han hecho sus dirigentes nacionales y autonómicos, toda posibilidad de hallar salidas democráticas a los graves problemas estatales que España afronta. Esos rencorosos métodos, hasta ahora tan odiosamente empleados, les guiarían nuevamente hacia la autodestrucción. Se trata de cooperar con las fuerzas políticas democráticas y constitucionales a la hora de encontrar vías de salida a las crisis cíclicas que nos golpean, cada vez con más frecuencia. Esa es la mejor forma de patriotismo, siempre en clave constitucional. ¿Hay alguna cabeza en escena capacitada para protagonizar ese proceso? Deberán elegirlo las bases pero, ojo, la instrucción, la (in) cultura política brindada por el PP a sus militantes es mínima: hasta ahora, ha consistido en hacerles ver la política como mera oportunidad de hacer negocios privados. ¿Quién puede ayudar en ese nuevo proceso? El sector honesto del empresariado profesional, que tiene recursos, destreza política y pragmatismo suficientes como para saber que el Estado no es una finca suya sino que debe satisfacer unos intereses sociales públicos, garantizando legítimos intereses privados. ¿Puede la izquierda ayudar en ese proceso? Si, manteniéndose al margen, no aprovechando la debilidad manifiesta de un PP en caída libre. Y aportando algunos datos sobre la cultura democrática y el ejercicio del poder gubernamental adquiridos por la izquierda en el rodaje constitucional.

Es preciso tener en cuenta que, en política, el problema de los interlocutores es decisivo. Que la derecha española se recomponga, se transforme en una derecha democrática con capacidad de interlocución y solvencia moral, es una necesidad estatal imperiosa. La complejidad de los desafíos microscópicos -pandemias letales- y macro-cósmicos, -hecatombes climáticas- que España ha afrontado y va a afrontar en este atribulado siglo, no admite soluciones unilaterales sino que las va a exigir consensuadas y conjuntas. Y es una realidad que el pensamiento conservador y la acción derivada han de figurar en la escena, pese a las fases de despiste, inconsciencia e insensatez como las ahora vividas.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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