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Los tutores informativos y la limitación de la crítica


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

“Nada hay tan veloz como la calumnia; ninguna cosa más fácil de lanzar, más fácil de aceptar, ni más rápida en extenderse.” Cicerón

El poder postfranquista representa un modelo que les ha permitido acumular la riqueza del conjunto de los españoles. Para ello han levantado banderas del desarrollismo primero, del liberalismo con la Transición después y, por último, del neoliberalismo más salvaje desde Aznar para aquí. Como todas las operaciones que se han estructurado desde la caverna franquista, en las altas instituciones clave de este Estado fallido, ponen de manifiesto un comportamiento en la gestión real, que preserva los métodos proteccionistas de un modelo extremo de competencia imperfecta. Sin olvidar que mantienen procedimientos de los que la corrupción es un ingrediente no menor. Por conocidos, me excuso de ofrecer ejemplos. Para eso, ciertas instituciones actúan como barrera protectora de otras. El esplendor de las puertas giratorias.

No obstante, desde la evidencia de que ya no serán posibles mayorías absolutas que permitan el mantenimiento de la “estabilidad necesaria” que reclaman desde los medios de comunicación financiados o subvencionados por ese mismo poder, el equilibrio diseñado en la Transición se hizo añicos. Ocurrió que, imprevistamente, Juan Pueblo y María Plaza ingresaron en el único poder de esta neodemocracia que no habían logrado colonizar: el Parlamento. A partir de allí, los poderes fácticos, gracias a la rápida acción de los gabinetes de comunicación corporativa, se diseñaron alternativas para recuperar el control. El inverosímil Albert Rivera fue el elegido, luego de 10 años de una acción política local, menor e intrascendente, lo convirtieron en un prometedor joven dirigente para anular a Podemos.

Poco tiempo después, por razones aún por determinar, pusieron en marcha la operación acoso y derribo de Pedro Sánchez. El grupo Prisa, con Cebrián a la cabeza, inició aquella recordada, y previamente grabada, entrevista de Pepa Bueno a un Felipe González que dio alas a las huestes de Susana Díaz y los barones, todos neoliberales de la tercera vía, para constituir la Gestora. Paralelamente, la Máquina del Fango mediática atacó con más medias verdades que realidades, a la nueva dirigencia de Podemos. El motivo era allanar el camino a la respuesta electoral que obtendría Ciudadanos. Parece que han pasado años de aquello. Fracasada la alianza con el sanchismo, Rivera dejó de ser útil. Entonces, el statu quo redobló la apuesta promoviendo a Vox.

En definitiva, los “tutores informativos” que sostienen el relato del modelo injusto saben que Podemos no desaparecerá. Excepto que se consideren otras vías más trágicas de eliminación. La razón es que con Unidos Podemos el poder absoluto de los defensores del statu quo se verá controlado. Su impunidad limitada. El autoritarismo evidenciado. Defienden al modelo neoliberal que ha reunido al postfranquismo en su conjunto, en torno al poder económico, religioso, judicial y militar, como ha quedado en evidencia.

De aquí, que esta gran operación de difusión de un relato que construye una realidad que difame al modelo pacifista y humanista que defiende Podemos, sea el objetivo. Los tutores de la información están generosamente financiados y alimentados por las cloacas del Estado y los poderes fácticos, porque reconocen que su impunidad puede estar en riesgo. Las banderas no evitan que la vida cada vez más precaria de los españoles quede expuesta, aunque sus portadas traten de limitar la crítica. Esa realidad perversa que tratan de proyectar sobre un modelo más humano es, a la vez, problema y solución.

La colosal falta de ética que se está evidenciando, cuando desde la Moncloa apelan a “Pactos de Estado”, mientras sólo se trata de intereses económicos en juego, es escandalosa. Tanto, como haber votado en contra de legislar para investigar los asesinatos durante el franquismo. Se confunden todos los límites. Aún los de la decencia democrática.

Para colmo, se amenaza con la limitación de la crítica.

 

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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