HEMEROTECA       EDICIÓN:   ESP   |   AME   |   CAT
Apóyanos ⮕

Pensamientos sobre teólogos


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

En el siglo XVII y en los primeros años del XVIII hay en Francia una serie de pensadores católicos, preferentemente teólogos y aun místicos, influidos de modo profundo por la filosofía cartesiana. Se origina así una corriente intelectual muy fecunda, que caracteriza la vida espiritual francesa durante una centuria y condicionará la suerte ulterior de la filosofía en Francia.

En otros países, el pensamiento teológico se mantiene apegado a las formas mentales y aun expositivas de la Escolástica, y la filosofía moderna sigue un curso independiente o no penetra siquiera en ellos. Los pensadores religiosos franceses están insertos en a la tradición medieval, articulada en dos puntos capitales: San Agustín y Santo Tomás de Aquino; pero reciben el influjo del cartesianismo, sobre todo en lo que se refiere al método, y de esta síntesis surge una nueva forma de pensamiento, que se podría llamar tal vez "teología cartesiana" o acaso moderna. Sobre los supuestos agustinianos se mantiene la arquitectura general del tomismo y, al mismo tiempo, se utilizan los hallazgos filosóficos de Descartes u se renueva el método de investigación y de exposición literaria. De este modo se salva la tradición helénica y medieval, entroncándola con el pensamiento moderno, y así consigue el pensamiento católico de Francia una vitalidad que perdió pronto en otros lugares. Por otra parte, estos teólogos rozan constantemente los problemas de la filosofía, y con frecuencia le aportan la precisión y el rigor que la teología ha dado siempre al pensamiento metafísico. En concreto Cornelio Jansen obispo de Ypres, Blaise Pascal (1623-1662) genial matemático, de extraña precocidad, místico y polemista y Jaques-Bénigne Bousset (1627-1704) obispo de Meaux, o Fénelon (1651-1715) arzobispo de Cambrai, constituyen el frente pensador.

Hoy me refiero a Jansen, en relación estrecha con el abate de Saint-Cyran, pues había intentado fundar en el agustinismo y en los Padres de la Iglesia una interpretación teológica de la naturaleza humana y de la gracia. En 1940, poco después de la muerte de su autor, apareció el Augustinus de Jansenio, que fue condenado tres años después. El espíritu jansenista se había infiltrado, sobre todo, en la abadía de Port Royal, dirigida por la Madre Angélica Arbauld. Con motivo de la condenación del Augustinus y de la condensación en cinco proposiciones, que fueron también condenadas, de la doctrina jansenista, se entabló en Francia una larga y viva polémica cuyos detalles no son de este lugar. Los jansenistas se oponían, por otra parte, a la moral casuística de los jesuitas, a la que acusaban de laxitud.

De laxitud cuando escuché en las noticias que Benedicto quería abandonar su plinto ante la mirada de extrañamiento de las huestes católicas, fue un antes y un después sin duda. A diferencia del anterior, sus obras no serán condenadas, más al contrario servirán para muchos amaneceres de teología fundamentada. Pero habrá quien condene ciertas decisiones que son del Espíritu y de la nobleza en pos de censurar lo que imposible es de censurar. Se va el teólogo para escribir y descansar de estos años de vida pública en la que ha perdido su motivación de dejar un legado más grande aún si cabe. Y es que en efecto su conocimiento de los primeros principios ha sido tan firme que ningún razonamiento se admite ante la desaparición del gran teólogo. Esperamos que su retiro pueda seguir dando frutos de raciocinio en la búsqueda de Dios, un hombre religioso que prefiere la soledad en sus últimos días hacia el encuentro de la gloria.

Pascal si recordamos a Pascal (1623-1662) genial matemático, de extraña precocidad, místico y polemista de espíritu profundo y apasionadamente religioso la suerte es otra. Pascal escribió, aparte de tratados fisicomatemáticos, las Lettres à un Provincial o Provinciales, mediante las cuales intervino en la polémica antijesuítica, y, sobre todo, sus Pensées sur la religion, obra fragmentaria, en rigor solo apuntes dispersos para uno libro no escrito, de extraordinario interés religioso y filosófico.

Aparentemente, Pascal se opone al cartesianismo, a su confianza en la razón, y es casi escéptico. En realidad, Pascal es en buena medida cartesiano, incluso cuando se opone a Descartes. Por otra parte, Pascal está determinado rigurosamente por supuestos cristianos, y desde ellos se mueve su pensamiento. Si, de un lado Pascal aprehende al hombre, como Descartes, por su dimensión pensante, de otro siente con extrema agudeza su fragilidad, menesterosidad y miseria: el hombre es una caña pensante (un roseau pensant) Y de esta miseria del hombre sin Dios se eleva a la grandeza del hombre con Dios, que es grande porque se sabe menesteroso y puede conocer a la Divinidad. La antropología pascaliana es del másl alto interés.

Respecto al problema de su actitud ante la razón, hay que subrayar que Pascal distingue entre lo que se llama raison -que suele entender como raciocinio o silogismo. y lo que llama coeur, corazón. "El corazón -dice- tiene sus razones que la razón no conoce". Y añade: "Conocemos la verdad no solo por la razón, sino también por el corazón; de este último modo conocemos los primeros principios, y en vano el razonamiento, que no participa de ellos, intenta combartirlos...El conocimiento de los primeros principios, es tan firme como ninguno de los que nos dan nuestros razonamientos. Y en estos conocimientos del corazón y del instinto es donde la razón tiene que apoyarse y fundar todo su discurso. No se trata, pues, de nada sentimental, sino que el coeur es para Pascal una facultad para el conocimiento de las verdades principales, fundamento del raciocinio.

Pascal busca a Dios, pero es, ante todo, un hombre religioso, y quiere buscarlo en Cristo, no solo con la simple razón. Y escribe estas palabras de resonancia agustiniana: "Se hace un ídolo de la verdad misma". Pues la verdad fuera de la caridad no es Dios; es su imagen, un ídolo que no se ha de amar ni adorar". Y resume su actitud filosófica entera en una frase que esclarece su verdadera significación. "Dos excesis: excluir la razón, no admitir más que la razón".

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

Tu opinión importa. Deja un comentario...


Los comentarios que sumen serán aceptados, las críticas respetuosas serán aceptadas, las collejas con cariño serán aceptadas, pero los insultos o despropósitos manifiestamente falsos no serán aceptados. Muchas gracias.

Periodismo riguroso
y con valores sociales
El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para continuar y garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. ¡Hoy con tu apoyo, seguiremos trabajando por un periodismo libre de censuras!
Slider