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Sáhara: estrategia propia o cesión al chantaje


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El reconocimiento de la soberanía marroquí, con la aceptación de sus términos sobre la autonomía saharaui al margen de las resoluciones de la ONU ha sido toda una sorpresa, además en momentos de conflicto en el territorio del Sáhara y entre Marruecos y Argelia, así como de convulsión internacional como consecuencia de la invasión de Ucrania y por ello de máxima debilidad de la legalidad internacional y de las Naciones Unidas.

Además, se hace mediante una carta que se ha hecho pública unilateralmente el reino de Marruecos, al parecer sin la concertación previa con el gobierno español, lo que pone en duda al menos que el momento de su conocimiento público, sino el propio acuerdo, formen parte de una estrategia más elaborada.

Se trata más bien de un bandazo en la posición tradicional de España sobre el Sáhara, sin ni siquiera el acuerdo formal del gobierno ni tampoco la necesaria información a la oposición en el parlamento. Ni por supuesto la comunicación, preceptiva como potencia administradora, a las Naciones Unidas y al Frente Polisario. Tampoco se corresponde con la realidad que este brusco cambio de posición se iniciara a partir de 2007 con los gobiernos primero de Rodríguez Zapatero y luego de Mariano Rajoy. Si así fuese no hubiera habido conflicto diplomático ni chantaje ni ahora la tan comentada recuperación de la confianza pérdida. Otra cosa es que ambos gobiernos mantuvieran una calculada ambigüedad en sus declaraciones con respecto a la propuesta de autonomía del reino de Marruecos. Sin embargo, la posición en el parlamento español y en la ONU ha venido siendo el escrupuloso respeto de la legalidad internacional, con el mantenimiento del reconocimiento derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y su resolución mediante la convocatoria de referéndum, aunque no viniera acompañado de la correspondiente asunción de responsabilidades ni de acciones efectivas.

En consecuencia, la primera impresión es que estamos ante un golpe de timón en una de las cuestiones más relevantes de la política exterior por parte del Presidente del gobierno, que se pliega a las presiones de Marruecos, después del chantaje de la avalancha de jóvenes marroquíes  en la valla de Melilla, todo sumado a un periodo de suspensión unilateral de las relaciones diplomáticas. Un proceso desencadenado con la excusa de la atención hospitalaria en España al presidente de la RASD, aunque la verdadera razón radicaba sin embargo en el previo reconocimiento de la soberanía de Marruecos por parte del gobierno Trump a cambio del establecimiento de relaciones con el Estado de Israel en el marco de los acuerdos Abraham. La crítica del candidato en ciernes Sr Feijóo a la decisión unilateral del Presidente y del PSOE es correcta pero se queda en una cuestión de formas, ya que el PP ha respaldado hasta ahora las posiciones de Marruecos, tanto en relación a la avalancha en la valla de Melilla como en su rechazo al ingreso del líder saharaui en un hospital español para ser tratado de las complicaciones de la covid19. Y en los procesos judiciales abiertos contra Brahim Gali en la Audiencia Nacional, el PP ha mostrado también su apoyo a las denuncias de la inteligencia marroquí contra España y se ha sumado a la petición primero y después a la satisfacción por el cese de la de la ministra González Laya como cabeza de turco.

En definitiva, la autocracia marroquí ha conseguido finalmente su objetivo, tan solo a cambio de desandar las medidas de presión que había venido adoptando recientemente y de forma unilateral como represalias, tanto en materia migratoria en Ceuta y Melilla como en las relaciones bilaterales. En este sentido, las contrapartidas logradas son tan ambiguas como inciertas, sobre todo a tenor de la escasa credibilidad demostrada por el régimen marroquí. No es de extrañar la desconfianza saharaui, sobre todo si se miran en el espejo de la autonomía comprometida e incumplida con los propios rifeños. Por eso los gobiernos españoles eran conscientes al menos hasta ahora de que solo el acuerdo previo de las partes hubiera podido abrir otras posibilidades.

Por último, el argumento estratégico que considera la cesión del peón saharaui como una jugada maestra en el contexto de la crisis energética provocada por la guerra de Ucrania, al facilitar la futura transformación de España en la puerta de entrada del gas europeo y americano, más que una verdadera razón se trata de una racionalización a posteriori, al no contar todavía con la reacción de Argelia, cuyas relaciones con Marruecos pasan por su peor momento. Podríamos estar fantaseando como en el cuento de la lechera. Finalmente, como era de esperar a pesar de las declaraciones optimistas del ministro de asuntos exteriores, el gobierno argelino ha calificado de traición la cesión del gobierno español y ha llamado a consultas a su embajador. Lo comido por lo servido.

Por otra parte, las recientes diferencias que el cambio radical de la posición con respecto al Sáhara ha provocado entre los dos partidos de gobierno y también con buena parte de los grupos de apoyo a la investidura se han visto agravadas después de los desencuentros habidos como consecuencia del el envío de armas a Ucrania y de los compromisos unilaterales de aumento del gasto militar.

Parece que no haber pactado, como parte de los acuerdos de gobierno y de investidura, los aspectos fundamentales de la política exterior y de defensa nos puede traer más de un disgusto. La reunión de la OTAN y sus compromisos podría ser el siguiente.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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