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Un mundo en guerra


(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

- Una amenaza de la geopolítica a la convivencia y al progreso -

La mentira, las informaciones falsas,

la desinformación, la autocracia,

los nuevos/viejos ultra conservadurismos,

pero sobre todo la ignorancia

pueden conducir al mundo

a una nueva era de oscurantismo.

La terrible, sangrienta y deshumanizada guerra en Ucrania, desatada por la invasión de la autocracia rusa y el populismo ultranacionalista, cuyo origen se remonta quizás al Rus Kiev medieval, tras una identidad sometida al poder de los cosacos, tras algunas vicisitudes históricas, cuándo estos la cedieron el territorio a la Gran Rusia de los Zares.

Tras más de cuatro siglos, el pueblo ucraniano tras los vergonzosos repartos que surgieron con la primera guerra mundial obtuvo una independencia que solo duró 2 años y paso a formar parte nuevamente de gran Rusia, ahora transformada en la URSS.

Por fin y tras la caída del telón de acero y la disolución de la URSS, Ucrania logra al fin su independencia en 1991, pero la nueva Rusia nunca estuvo dispuesta a ceder un territorio con una ubicación estratégica tan significativa respecto a la Europa occidental y además de sus riquezas, perder además su dominio marítimo en los territorios de habla rusa, Crimea y Sebastopol.

El actual problema, se originó con la invasión rusa a Ucrania que estalló a finales del 2013 con las protestas en la plaza Maidan de Kiev. Cuando comenzó un choque social que nadie esperaba. Cientos de personas salieron a las calles pidiendo mejores condiciones de vida y el fin de la corrupción y todos aquellos acontecimientos dieron lugar a una incipiente y débil democracia pro europea.

Una democracia que de algún modo cercena libertades políticas, no hay que olvidar que el partido comunista esta proscrito y que la propaganda y la comunicación política han estado y están conducidas con gran sutileza.

En 2014 la Federación Rusa se anexionó la República de Crimea y la ciudad autónoma de Sebastopol. Ucrania no reconoce la anexión y a partir de ese momento el conflicto se cronifica. A la vez, EE. UU y la Unión Europea consideran ilegal dicha anexión, ya que violaba varios acuerdos y tratados internacionales y sobre todo en el plano geopolítico, resultaba una perdida estratégica importante para occidente.

No hay que olvidar, al mismo tiempo que Crimea es una de las grandes reservas de gas y Sebastopol es la sede de una de las grandes bases navales que pueden controlar el mar Negro.

Desde entonces se acrecienta el conflicto con la paulatina anexión y un aumento de la rusificación, (entre otras cosas por el abandono y la torpeza de los gobiernos de Kiev) de las zonas de El Donbás que es una región del este de Ucrania, justo en la frontera con Rusia, que incluye las provincias ruso hablantes de Donetsk y Lugansk. Desde el 2014 el gobierno ucraniano y las fuerzas separatistas prorrusas libran una guerra sin fin por su control, hasta que, Rusia decide una violenta, decisiva y cruel invasión a Ucrania, exigiendo la desmilitarización, la neutralidad y la cesión de los territorios en conflicto.

El conflicto estalla con toda virulencia y da lugar a un marco geopolítico que promueve importantes consecuencias económicas para Europa y sin duda, pone de manifiesto la inmensa debilidad en materia de defensa común y la desigual política exterior de la UE.

Al mismo tiempo, los países de occidente, no se hacen eco de algunas políticas de desigualdad en Ucrania, las actitudes sociales de libertad sexual en ese país se describen a menudo como intolerantes hacia las personas LGBTI. Así mismo es el país que hace bandera del comercio de vientres de alquiler, para el consumo europeo. Tampoco mostraban preocupación por su desarrollo y las políticas de acercamiento de algún modo resultaban erráticas.

Sin embargo, ahora la UE muestra ahora un subrepticio interés y amor fraternal por los ciudadanos ucranianos y se dispone a abrir las puertas para su integración en el Club del occidente europeo, un interés que puede resultar como mínimo extraño.

La historia y la memoria

Nos pueden abrir los ojos

Por otra parte, habría que destacar que algunos de los principales aliados de Moscú, se encuentran en el seno de la UE, como es el caso del ultraconservador y líder de la nueva ultra derecha en Hungría, Viktor Orban, o Mateusz Morawiecki y Duda en Polonia y además no deberíamos olvidar que los gobiernos ultraconservadores y nacionalistas de derechas de Varsovia y Budapest tienen una crisis abierta con la UE por sus políticas autoritarias y homófobas, casualmente ahora silenciada desde el estallido la cruenta conflagración bélica ruso -ucraniana.

No deja de sorprender el contraste de visión y tolerancia. Se implementan una serie de medidas, castigos de orden económico, pero Alemania sigue siendo el principal comprador de gas ruso, alimentando las arcas que financian al agresor de la guerra.

Mientras, Estados Unidos aumenta sus ingresos vendiendo gas y suministrando materias primas en el espacio de mercado que ha dejado libre Ucrania y Rusia. Sin lugar a duda, la falta de cohesión europea, la débil constitución de un Europa común ha dejado al desnudo las vergüenzas del primer mundo.

Deberíamos también recordar la crisis que se produjo el pasado mes de septiembre en la frontera entre Bielorrusia y Polonia. La Unión Europea acusó a Bielorrusia de ayudar deliberadamente a los inmigrantes a cruzar de manera ilegal la frontera con Polonia, hoy Polonia recibe millones de desplazados ucranianos.

En tales circunstancias el marco geopolítico global nos muestra la tensión, progresiva a día de hoy, entre Occidente y Rusia por Ucrania, pero a este escenario tendría que agregarse, el dramático futuro de Afganistán tras el regreso de los talibanes, la crisis endémica de Haití, el pulso entre EEUU y China, la expansión del Yihadismo en el Sahel, la cruenta guerra en Yemen, con la invasión liderada por Arabia Saudí, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos de Joe Biden y con el suministro de armas de los países occidentales entre ellos el de España, todo ello solo son algunos de los conflictos que centraron la atención mundial en 2021, por no citar el sempiterno conflicto palestino-israelí, la incruenta guerra que asola Siria, por cierto con la innegable ayuda de Rusia, pero solo escuchamos el ruido más cercano.

En este escenario global vuelvo a recordar el enfrentamiento mediante una guerra tibia entre EE.UU y China, un marco en el que Biden decidió prohibir que las inversiones estadounidenses en una decena de empresas de tecnología y defensa de China con supuestos vínculos militares, que afectó a 59 firmas, incluyendo el gigante Huawei y las tres mayores compañías de telecomunicaciones de USA.

¿Mientras tanto que sucederá con África? Que tendrá, que hacer frente en 2022 al renovado azote del terrorismo yihadista en países como Mozambique, la RDC y Uganda, así como impedir el avance de los grupos consagrados en naciones como Somalia, Nigeria, Burkina Faso, Camerún, Chad, Níger y Mali. Recordemos que en Etiopía, el conflicto ha dejado un saldo desolador, miles de muertos, más de dos millones de desplazados y más de 9,4 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria, según fuentes de la ONU.

Hasta noviembre de 2021, más de 84 millones de personas se habían visto obligadas a desplazarse, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), un número que supera los registrados en 2020 y 2019, cuando ya se habían batido marcas en cuanto al número de desplazados forzosos en el mundo. El continuo colapso socioeconómico de Venezuela fue el origen de una de las mayores crisis de desplazamiento en el mundo. Hasta el momento, más de seis millones de venezolanos han abandonado sus hogares. En los primeros seis meses, al menos 1.140 personas perdieron la vida intentando llegar a Europa en barco, cientos más murieron en el segundo semestre al querer alcanzar Europa desde los Estados del norte de África o Turquía. Según ACNUR, hasta fines de noviembre habían perecido ya en esas rutas más de 2.500 personas.

Sin embargo, los países del primer mundo y los medios de comunicación, parecen hacer oídos sordos a lo que está sucediendo y con una hipócrita venda en los ojos, admiten con estatus de refugiado o una acogida sin precedente y en 48 horas, a los exiliados de esta guerra europea, hecho que indudablemente me parece bien y aplaudo y contribuyo a dicha solidaridad, pero no puedo comprender la ceguera mental para no hacer lo mismo o buscar una solución integral para el resto de los seres humanos obligados a un sufrimiento extremo.

La dimensión universal del ser humano debería al menos expresar su vergüenza por el egoísmo de este primer mundo occidental.

El derecho inalienable de los europeos a defenderse y velar por un futuro digno nos debería permitir observar que las desgracias y sufrimientos de los demás, no son menores que las nuestras y si la mundialización de la economía, el continentalismo europeísta, nos marca un destino globalizador, no es de recibo ignorar las otras heridas abiertas en el planeta, ya que ello podría llevarnos a repensar el sistema de la democracia liberal que defendemos en contra de las autocracias, los nacionalismos excluyentes y la tendencia a nueva política de ultraderecha y porque no decirlo, la potencialidad del comunismo de mercado, que gobierna China.

El actual y supuesto equilibrio internacional, se encuentra en crisis, desaparecido el antiguo régimen de la URSS, la esperanza en la social democracia, tras la caída del muro de Berlín, parece hoy, una muy débil esperanza, pero también una utopía por la que merece la pena luchar no como punto final, sino como camino hacia una sociedad más justa e igualitaria. Pero, en cualquier caso, esta democracia enferma, imbuida de posverdad, conducida por estrategias comunicacionales manipuladas y amenazada por propuestas retrogradas, no es la respuesta para alcanzar una sociedad que tras 233 años de que fuesen proclamados los derechos del hombre y del ciudadano, aún es una utopía, la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Los ciudadanos de Ucrania tienen el derecho inalienable a una reparación, a vivir en paz y a un camino a la felicidad que les está siendo negado, pero mientras tanto tendríamos que alzar la voz, contra todas las guerras, los abusos tiránicos para la dominación de los otros, lo más débiles. Yemen, Venezuela, Palestina, Haití, Siria, Afganistán y todos los demás países en conflicto también tienen el mismo derecho.

Pero si apelamos al egoísmo, si en esos territorios que hoy viven la desgracia, la miseria, la opresión, la pobreza, la sinrazón, erradicásemos los conflictos, disminuiría la presión de las corrientes migratorias, acaso ¿no aumentarían las oportunidades expandiendo el mercado mundial, mejoraría la salud pública y reinaría la paz?, para conseguirlo hace falta una EDUCACIÓN universal al alcance de todos, desterrar la ignorancia y neutralizar las manipulaciones en la comunicación.

La amenaza, se encuentra en los Putin, los Trump, los Le Pen, los Orban, los Kim Jong-un, los Abascal, los Duterte, los Salvini y Berlusconi y la respuesta la encontraremos en la igualdad, ya que sin ella no hay libertad y sobre todo en la fraternidad de todos los habitantes de este planeta.

Doctor en Psicología Social, Profesor Retirado de la Universidad de Barcelona. Docente de distintas universidades de España y América Latina.

Conferenciante, Asesor para la vinculación académica Internacional. - Ha sido Experto Internacional de la O.E.A, y Catedrático de la Escuela de Especialización de la O.E.A. (Panamá) y director de Proyectos del Fondo Social Europeo. UE.