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El síndrome de Caín entre nosotros


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)
Caín matando a Abel (Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, S. XII). / Wikipedia. Caín matando a Abel (Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, S. XII). / Wikipedia.

Las relaciones tensas y rotas entre hermanos, son tan antiguas como la humanidad misma. Caín de antaño fue el primero en dejar que el cáncer de la amargura y la malicia le corrompiera el corazón; cultivó el terreno de su alma con envidia y odio, y permitió que esos sentimientos maduraran en él hasta hacer lo inconcebible: asesinar a su propio hermano y convertirse, en el proceso, en el padre de las mentiras.

Desde aquellos primeros días, el espíritu de envidia y odio ha desencadenado algunos de los más trágicos sucesos de la historia: puso a Saúl en contra de David, a los hijos de Jacob en contra de su hermano José. Imagino que toda persona sobre la tierra ha sido afectada de algún modo por el espíritu destructivo de la contención, el resentimiento y la venganza. Quizás haya ocasiones en las que reconozcamos ese espíritu en nosotros mismos. Cuando nos sentimos heridos, enojados o llenos de envidia, es muy fácil juzgar a otras personas y a menudo achacarles a sus acciones motivaciones tenebrosas a fin de justificar nuestros propios sentimientos de rencor.

Leopold Szondi (1893-1986), médico, psiquiatra y psicoanalista húngaro, fue el fundador de una tendencia original en la psicoterapia y la psicopatología: el análisis del destino, una exploración de la personalidad humana basada en sus impulsos inconscientes desde su pasado genealógico. Según su teoría, cada ser humano está habitado por una forma de inconsciencia familiar: el geotropismo, (término de la biología) que guía las elecciones fundamentales de su existencia en el ámbito del amor, el trabajo, la sociedad y la estética. Inspirado en la mitología griega, también llama a esta disciplina analogía, de Ananké, diosa de la teogonía órfica, hija de Cronos, madre del Caos, niñera de Zeus. Ananké personifica el destino y la necesidad, la fuerza absoluta y limitante que guía el curso de toda criatura. Pero para el médico, esta referencia al destino en su representación helénica, fatal e imperativa, está matizada por una visión humanista de la libertad de la persona, inspirada en la tradición bíblica. Su psicología religiosa se aleja de las intuiciones freudianas porque para él, al contrario que Freud y sus seguidores, la religiosidad es una tendencia existencial espiritual y emocional de primer orden en el salón biográfico de cada ser humano. Su concepción se inscribe en las tendencias que quieren conciliar el psicoanálisis materialista con el espíritu religioso, y no tiene mucho eco en general. Pero lo que nos interesa aquí es la concepción de un complejo que tiene en cuenta una serie de parámetros conflictivos.

En la teoría de Leopold Szondi (Introducción al análisis del destino, 2 volúmenes, Nauwelaertz, 1972), el complejo de Caín es una constelación de representaciones mentales, de deseos amorosos y hostiles, de actitudes hacia los demás y de recuerdos parcial o totalmente inconscientes de intenso tono emocional, donde el sujeto se ve impulsado por una doble pasión: serlo todo y tenerlo todo. Según él, el punto nodal del psiquismo no sería ni el complejo de Edipo postulado por Freud ni el complejo de inferioridad de Adler, ni el síndrome de Dios de Jacob Levy Moreno (1888-1974), sino el complejo de Caín, una configuración psíquica universal, presente en todo ser humano, independientemente de cualquier limitación geográfica o histórica. Mientras que Freud se inspiró en la mitología griega y encontró en la figura de Edipo la imagen del hombre presa de los impulsos agresivos y libidinales, Szondi, más cercano a la tradición hebrea que el fundador del psicoanálisis, descifra en el cuarto capítulo del Génesis los componentes esenciales del drama humano que se desarrolla en todo momento y lugar. Es el episodio de Caín que describe el asesinato primordial, el primer acto de violencia mortal en la historia de la humanidad.

Esto evade el delicado tema de la sexualidad para muchos creyentes y enfatiza la rivalidad entre hermanos. Esta violencia aniquiladora intrageneracional se entiende como un patrón universal presente en todas partes. Al mismo tiempo desplaza la explicación psicológica a una tendencia prácticamente genética, dejando menos espacio para la influencia del entorno y el ambiente familiar. ¿La elección del bien y del mal que se le ofrece a Caín en el pasaje bíblico es realmente una elección entonces si esta tendencia es inherente al hombre? Es cierto que en la mitología griega, Edipo no tiene elección alguna, es un destino fatídico el que sigue, predicho por el oráculo de Delfos. Pero ni Freud ni Szondi siguen realmente las intenciones de los textos, aunque los utilicen en sus demostraciones. El patrón de celos de los hermanos mayores hacia los pequeños es un hecho muy común que vemos en todas las familias. Otra cuestión es cómo se desarrollarán esos sentimientos, cómo será la rivalidad entre hermanos, que no es otra cosa que la rivalidad de siempre que lleva a los pueblos a matarse entre ellos. (Guerra civil, sin ir más lejos, Ucrania y Rusia ahora)

Franklin Rausky (2013) hace una presentación bastante favorable de la teoría de Szondi, realmente ve una posible opción en la actitud de Caín (probablemente más que el propio Szondi). "En el alma de Caín habitan dos impulsos: quiere serlo todo, un proyecto fantasmagórico de retorno al mundo de antes, a su condición de hijo único en una época en la que era el hijo único, el representante exclusivo de la posteridad adámica: el mundo anterior al nacimiento de su hermano Abel. La llegada del hijo menor destruye la maravillosa soledad monárquica en la que Caín se había complacido. Al eliminar a su hermano menor, el hermano mayor cree que está recuperando el paraíso perdido de la identidad absoluta, de la existencia única, el disfrute del ser total e indiviso. Es una ilusión infantil, sin futuro, porque en la existencia terrenal el hombre no puede ser el único ser. Sólo Dios es único. Y cuando Caín asesine a Abel, el recuerdo de la víctima le perseguirá para recordarle la imposible realización de la fantasía de la unicidad (...).

El segundo impulso fundamental del complejo de Caín se expresa como tenerlo todo. La voluntad de apoderarse del mundo de las cosas, de los bienes, de la naturaleza, de los seres vivos, toma aquí su forma paroxística. Este hecho es demasiado común en la vida de las personas y de los pueblos. Tenerlo todo significa ser el único heredero de Adán y Eva, el único poseedor de todo lo que existe en la tierra. Al deshacerse de su hermano menor, Caín vuelve a ser el que, a la larga, heredará todo lo que poseen sus padres; no compartirá nada con nadie. Esta ilusión infantil de control total sobre el mundo de los objetos queda desmentida en el texto bíblico por el castigo infligido al asesino: quería estar firmemente establecido, disfrutando de los frutos de la tierra fértil sin compartir nada, pero su camino será muy diferente. La violencia fratricida no le llevó a la felicidad de tenerlo todo, sino a la desgracia del trabajo duro en una situación de conflicto y tensión con la tierra que quería poseer. (...).

Para Szondi, el hombre Caín representa el símbolo del destino de un negador y transgresor de la ley. Moviliza y acumula hasta la explosión el odio, la ira, el deseo de venganza, la rabia y los celos. Está marcado por la posesividad (...). El sentimiento de César se alimenta de la soberbia, un rasgo de carácter que aparece muy a menudo en los delincuentes. Sin embargo, el fratricidio, el asesinato bíblico primordial, no termina en la desesperación sin remedio, en la culpa sin fin; después del tiempo de la violencia vendrá el tiempo de la reparación; después de la transgresión, el reconocimiento de la regla, de los límites, de lo prohibido. Para Szondi, la reparación es tanto el patrón de la historia colectiva como el del curso clínico individual de los pacientes: la reparación es la curación.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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