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Marujas y marujos en la concepción moral volteriana


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Hay mujeres y mujeres, esto siempre lo he dicho y lo mantengo. Me toca un pelín las narices la animadversión con las mujeres que deciden quedarse en su casa cuidando de sus hijos y de su casa. Esto parece -hoy en día- una ofensa, cuando yo creo que es otra hipocresía intolerante más de estos nuestros días. En el fondo muchas y muchos llegan a ser maruja en cuanto la vida les brinda la oportunidad porque ¿quizá quieren ocuparse de su familia? Sabemos que esa acción te dejará sin trabajo para siempre. ¡voilà! Esa es la consideración que se otorga a esa elección. Ahora también se castiga a las mujeres -generalmente son otras mujeres las que muestran un índice elevado de crueldad- llamando marujas a las que de forma libre eligen un sistema de vida que no es el de la ejecutiva maravillosa, trabajadora como nadie y mujer formadísima y superguay, que lleva todo manga por hombro pero que trabaja fuera de su casa. ¡Vamos a machacar a las que no pueden ser así!

Si queremos hablar del concepto de moral en estos días así como de la actuación del ser humano, seguro que tenemos un bajón anímico considerable. Por lógica, la moral natural conduce al hombre hacia la felicidad dejando actuar en nosotros lo espontáneo, alcanzamos el pleno desarrollo de nosotros mismos, la razón ha de seguir a la naturaleza en la búsqueda de la felicidad, hay que destacar el hecho de que, aunque la realidad política (por ejemplo de la Ilustración ahora me viene a la mente) desmentía el hecho real de llegar a ser feliz, muchos pensadores de este siglo (incluidos los ilustrados) parecían ser especialmente optimistas en lo referente a conseguir una fórmula para llegar a experimentar la felicidad de este mundo. Según éstos -los ilustrados- la búsqueda de la felicidad personal también impulsaba al ser humano a la colaboración con los otros en la consecución de la felicidad de los demás, constituyendo así el fundamento de la moral social. Ya vemos que esta suerte de solidaridad podemos encontrarla con altavoz para hacer actos solidarios que llaman la atención, pero el día a día, es una cruz terrible impropia de nuestra civilización. ¿Y los que cuidan de sus ancianos padres? Sin comentarios. En la idea moral filosófica, es obligado respetar por completo a los otros. No hay una idea ni individuo que valga o que tenga más derechos que los demás. A ver si nos enteramos: todavía hay muchas cuestiones sin resolver en nuestra avanzada y concienzuda sociedad.

En la concepción natural de la moral surgen nuevas virtudes, entre las que destaca la idea de la tolerancia, sí, en efecto esa es idea de La Ilustración y muchos partidos o líderes se lo amagan como si fuera de ellos. Ya te digo que entre mujeres no hay tolerancia que valga. La tolerancia supone la capacidad para entablar el diálogo con otras personas que tienen opiniones y comportamientos diferentes a los propios. Esta tolerancia se fundamenta en la humanidad, en la consideración radical del valor personal de cada ser humano, también se pone de manifiesto en la virtud de la beneficencia, de hacer el bien a los más necesitados. Para Voltaire, por ejemplo, aquello que corroboraba la existencia y la bondad de Dios era la misma naturaleza moral de los hombres, la solidaridad entre ellos, la tolerancia y el saber perdonar consistía en las más grandes virtudes del género humano. Esta fe en el ser inmutable y eterno de la moral humana la compartió con Diderot. Tanto para uno como para otro, no era un mandato racional abstracto el que dominaba y determinaba las relaciones entre los seres humanos, sino un vínculo real asentado en una comunidad de inclinaciones, impulsos y necesidades sensibles. Según estos autores, si se dejaba actuar libremente a la naturaleza, sin ningún tipo de trabas, se veía realizada la felicidad humana, tanto de forma individual como colectiva.

Podríamos reflexionar en cuanto a esta idea en nuestro país donde en el fondo no existe para nada tolerancia alguna, porque solamente tenemos que asistir a cualquier debate donde el tema llegue a tocar la fibra. Se convierte en un escándalo. Todo esto, claro está, se convierte en teatro en el momento que tenemos un televisor delante, donde cualquier debate, sea de la índole que sea, se convierte en un circo de muy mal gusto. He podido comprobar en muchas ocasiones la "cachaza", clase, glamour o como se quiera llamar, de nuestros vecinos franceses donde ya pueden escuchar lo que escuchen o ya pueden hablar de temas candentes que les toquen el alma, que jamás van a perder la compostura. Están entrenados desde la infancia a ser polís, educados políticamente hablando, y no van a gritar ni a perder las formas porque quieren imponer su razón. En fin, aquí andamos de reflexión en reflexión...y cada vez peor.

Lo que mal llevo y esto tengo que decirlo alto y claro, son los debates hechos por mujeres que solo hablan de su entorno o contexto que no es el de la realidad, no es el de la viuda que le baja la pensión y que nadie se acuerda de ella, un decir. No hay una ayuda económica para las mujeres que quieren quedarse en su casa para criar a sus hijos y debería de haberla, porque también es un trabajo para la sociedad que debe estar protegido por la seguridad social. ¿Por qué cuando vas a limpiar a una casa o a cuidar a unos niños te pagan y en tu casa no? –Otro día hablamos de las condiciones de las limpiadoras del hogar- Si es un trabajo que haces en tu casa, por qué no se puede tener un sueldo como sucede por ejemplo en Francia, donde te conservan tu puesto de trabajo hasta que decides incorporarte al mismo. Pueden pasar tranquilamente diez años si tienes por ejemplo tres hijos. Te reciclas y vuelves al trabajo. Has seguido cobrando y estás feliz y contenta porque vuelves a la empresa que dejaste y no te miran mal. Eres una heroína o heroíno porque te has dedicado a algo durante un tiempo, muy difícil y en ocasiones sagrado. Pero ¡madre mía! Perdónenme, pero a esta servidora que escribe, las convidadas de piedra de los programas televisivos, que hablan de oído, no la representan y sí, las llamo marujas pero en la connotación negativa que desde luego no tienen las marujas de verdad. Porque si entendemos por maruja -esa señora respetabilísima ama de su casa y de su familia- que tanto se la ha ninguneado con el maldito término, ya les digo yo que ya quisieran ser una maruja de verdad estas interlocutoras de chillidos telecinqueros, tener el honor de ser una maruja, éstas, las amas de casa, debaten bastante mejor que ellas. Crean estereotipos horribles en las sanas huestes de la sociedad que en busca de entretenimiento acaba por afectarles tanta tontería televisiva.

Se han invertido los términos o las connotaciones por desgracia y Maruja chunga debería corresponder a hablante televisiva o interlocutora chunga y las amas de casa, sabias de las vidas, luchadoras de siempre, de partido, capaces de hablar de muchas cosas, con menos humos y más sustancia. Si Voltaire levantara la cabeza ¡releches!

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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