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Entre Troll y Hater: la cultura del odio


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Según Michael Stora, psicoanalista y fundador L’OMNSH (Observatoire des Mondes Numériques en Sciences Humaines) Observatorio de Mundos Digitales en Ciencias Humanas, es importante distinguir al hater del troll. La figura del troll -Para Stora- apareció por primera vez en los videojuegos en línea, donde vino a trastornar las reglas del juego y romper la atmósfera. Más ampliamente, se convirtió en alguien cuya vocación era socavar un sistema, cuestionar ciertos hechos establecidos. El progreso del troll crearía una forma de resistencia frente a un discurso mayoritario. En las principales redes sociales, el troll mantiene un espejo que deforma la majadería/estupidez humana, de una manera más o menos irónica, puede que hasta divertida, ingeniosa y creativa. Hacen con sus comentarios en Facebook, Instagram o Twitter, que las cosas no parezcan tan mecánicas. En ocasiones aportan un poco de “sufridera” con su crítica ciertamente caricaturesca y mordaz.

La actitud del hater no es precisamente la de romper el sistema, su objetivo es romper al otro, destrozarlo. Ocultos detrás de pantallas todo el día, vivimos en una suerte de hipocresía social tremebunda. El hater, al comentar todo, acosando, insultando, delata una amargura personal y muchas veces sexismo, racismo, xenofobia, problemas psiquiátricos de profundidad. Entonces, ¿Por qué los trolls y los haters sienten esta necesidad de expresar sus pensamientos sin restricciones? Los primeros creo que en ocasiones hasta pueden ser un incentivo más o menos necesario, se focaliza en acciones, actitudes, corrientes…el hater ataca no a lo que se dice, sino a quien lo dice. Los jóvenes (los he escuchado muchas veces) parecen disfrutar con frases del tipo: es que es odiosa, qué asco tía, lo mataría, sus padres son gordísimos, vomito…injurias extremas que por supuesto van mucho más allá de lo que acabo de escribir. Indignante. Espero que los investigadores policiales informáticos hagan algo ya, pero también deben hacerlo los políticos, la sociedad entera.

La crítica a los demás siempre ha existido. En los bares a gritos se pone verde a los futbolistas de toda la vida, en las peluquerías se criticaba a todas las famosillas, se vivía la cultura del comentario, pero no salía de ahí. El problema surge hoy con las redes y los que se exponen o nos exponemos de alguna manera. ¿Parece que hay unas cosas que molestan más que otras? Es posible. Los youtubers, suelen ser una diana o punching ball, pero también lo es tal y como hemos podido ver estos días en el programa de Equipo de Investigación. Además de los grupos y movimientos de odio organizados, en muchos espacios virtuales se desarrollan "culturas del odio", comunidades en las que se normalizan el racismo, la misoginia y otros prejuicios. Muchos entornos virtuales, sobre todo los más populares entre los adolescentes, tienen puntos de referencia relativamente altos en cuanto a racismo, sexismo y homofobia. El acoso a gente famosa (escritores/escritoras, músicos, actores…) siempre existió, pero en la actualidad ha sobrepasado los límites completamente.

Ciertamente podríamos pensar que este tipo de individuos son, por ejemplo, de extrema derecha, en absoluto, son gente sencilla -en muchas ocasiones- con trabajos relacionados con el servicio personal, donde están sujetos a muchas reglas, por ejemplo. A veces, el más tímido y empollón de la clase, ese es un hater.

Cuando llegan a sus hogares de hacer cualquier cosa que sea, surge esa agresividad patológica y escondida bajo el anonimato, fruto de una frustración bárbara, unido a una gran escasez de reconocimiento que los lanza a la difamación, al sadismo verbal, a aliviar una rabia narcisista, los lanza a la ira.

En Internet, la propaganda del odio se encuentra sobre todo en sitios dirigidos por grupos de odio. De hecho, los grupos de odio han sido los primeros en adoptarlo, publicando sus contenidos en bloque, primero en foros de discusión y luego en páginas web. Aunque la publicación en la web es mucho más barata y cómoda que la impresa, los costes y los requisitos técnicos de la creación de sitios hicieron que sólo los grupos más grandes tuvieran presencia en línea en los primeros tiempos de Internet. Hoy en día, dada la facilidad de acceso a las plataformas de blogging y la sencillez del software de publicación web, abundan los sitios de odio. Estos sites han evolucionado para imitar a los sites web comerciales más populares en varios aspectos: muchos ofrecen material audiovisual y foros de debate, algunos sitios de odio están diseñados profesionalmente con gráficos y textos que imitan a sitios populares como BuzzFeed,[5]

Las redes sociales en línea fomentan la interacción del grupo y refuerzan los vínculos entre sus miembros. Estas redes sociales han permitido que un mayor número de personas expresen sus opiniones, pero algunas plataformas, como Facebook y Twitter, se utilizan para llegar y reclutar miembros a través de páginas partidistas, feeds o grupos de odio. A medida que los jóvenes se apuntan a las nuevas redes sociales, como Instagram, Snapchat y TikTok, los contenidos prejuiciosos y abiertamente odiosos también les siguen. Las redes sociales permiten a los grupos de odio "pasar desapercibidos" mientras difunden sus contenidos. Para el visitante casual, un enlace compartido en Facebook o Twitter a un sitio de odio parece un enlace a una fuente de noticias o información legítima.

El objetivo de cualquier movimiento de odio sin duda es desmarcar sus opiniones e ideas, es decir, trasladarlas de la franja extremista de la sociedad a la corriente principal. La naturaleza en red de la tecnología digital facilita esta demarcación, en primer lugar, porque ahora todo el mundo puede publicar contenidos y difundirlos en cualquier lugar, y en segundo lugar porque esta red de contactos hace mucho más fácil mover ideas, opiniones y contenidos entre diferentes plataformas y comunidades.

La capacidad de las redes sociales para ayudar a los jóvenes interesados en la propaganda del odio a encontrar amigos -no solo son personas con vidas “normales”- y mentores es fundamental para el desarrollo de un sentido de identidad colectiva, que es crucial para el proceso de radicalización. Para los grupos de odio, el mayor beneficio de las redes sociales no es que les permitan llegar a los jóvenes, sino que les permiten difundir ellos mismos material de odio compartiendo y dando "me gusta" a los contenidos, recomendando vídeos a sus amigos y expresando opiniones estereotipadas dentro de las comunidades virtuales que frecuentan. Ahí comienza el problema, un problema que es delito sin duda.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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