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LA CAUSA
Una novela por entregas de
Rosa Amor del Olmo
Sonia una joven burguesa madrileña descubre el día de su cumpleaños que su casa está vacía, sus familiares han desaparecido de la manera más extraña. Tiene que abrir un Diario que alguien dejó a la vista en el día de su aniversario. Sorprendida en su propia casa por los Servicios de Inteligencia del Gobierno, la Brigada Político Social (CESIBE), tiene que comenzar una aventura de espionaje, donde Federico Sánchez, Santiago Carrillo, el doctor Poole o el Teniente Coronel Aguado formarán parte directa de su vida.

Una maraña de causalidades entre combatientes de la resistencia en Madrid, descubren a la protagonista una verdad desconocida para ella. Un viaje de pesquisas a Moscú hará de Sonia una nueva persona, afrontando acciones asombrosas al lado de un Nikita Jruschov en decadencia. Los acontecimientos girarán alrededor de un gran todo que es: la causa, donde el fin justificará los medios.
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Capítulo III


(Tiempo de lectura: 9 - 18 minutos)

Había sido una conmoción bastante grande la marcha de Sonia para Benito Molina-Armengol, el amigo y vecino de Sonia con quien tenía una gran amistad. Bien es verdad, que al menos, Sonia le envió una carta que el Coronel —para no levantar sospechas— le hizo llegar. Estaba escrita en clave para que su minusválido amigo Benito, la leyera y supiera de ella. Como sabía que Gabriel el otro vecino y compañero de Facultad de Sonia estaría vigilando y no se fiaban de si habría sido interceptada la carta, no escribió nada que dejara sospechas. Todo en las mismas claves de siempre, las claves de la clandestinidad que Benito y Sonia dominaban.

Clara, la mujer de Benito, cada día que pasaba le trataba peor, sin que él mismo supiera la razón. La minusvalía que le había dejado la guerra, no parecía influir en cuanto a caridad humana se refiere. Se llevaban mal, eran diferentes, muy diferentes y con el pasado de Benito, un pasado que su mujer no paraba de recordarle, estaban casi siempre a la gresca. Ella era como una especie de tortura para cualquier cristiano, sabía perfectamente cómo sacar de quicio a aquel hombre, con ese tono humillante, esas palabras de enorme desprecio. No había día, que aquella mujer no recordara a Benito “quién era”.

Benito había sido un ideólogo comunista, pero tuvo la suerte de poder tener otra identidad, la del hijo fallecido del Almirante de Marina Molina-Armengol. Toda la familia había fallecido durante la contienda del 36 y Benito en un azar de esos que solo suceden una vez en la vida, siendo amigo y conocido del hijo del Almirante Molina-Armengol, entró en su casa y cogió su documentación cambiando foto y aspecto de la célula y pasaporte. Con ello, pasó a llamarse Benito Molina-Armengol y pasó a ser un fascista más. Estas cosas había que hacerlas para poder sobrevivir. En realidad el falso Benito era el único hijo de una madre soltera que después murió como miliciana, guerrillera maqui en la sierra de Guadarrama.

Cuando comenzó la contienda y bajo las palabras de Largo Caballero, aquellas que decían: “Alcemos los hábitos de las monjas y hagámoslas madres”, dejó la organización, porque consideró que muchos de sus camaradas se volvieron salvajes. Fue cuando viajó a Rusia, se alistó en el Partido y actuaba de enlace con la poca ayuda que los franceses dejaban enviar desde tierras soviéticas a los republicanos españoles. En uno de esos viajes a Madrid y después de haber enterrado a su madre, se le ocurrió lo del cambio de personalidad, más bien la situación se le presentó así. Algo había que hacer, sin embargo, pasó a ser Benito Molina-Armengol notificándolo a sus contactos soviéticos. Se convirtió en un agente comunista infiltrado en Madrid, uno de esos topos tan perseguidos. Trabajaba con Federico Sánchez, uno de los nombres que utilizaba Jorge Semprún, quien coordinaba el movimiento interno del partido en España.

El compañero de facultad de Sonia, Gabrielito probablemente sospechara de aquella transformación de Luis en Benito Molina-Armengol. Eran vecinos del mismo edificio de la Calle de Velázquez y el pequeño Gabrielín se cruzó con el verdadero Benito hijo del Almirante, pero lo tenía muy difuso en su mente. Gabriel el compañero de facultad de Sonia, era un infiltrado de la político social y tanto a Benito como Sonia los tenía más que marcados. Había una razón de peso para el chivato y es que no creía en absoluto que el hijo de un Coronel de la Marina condecorado por sus logros, tuviera un hijo que se hubiera dedicado a estudiar la filosofía, esto es lo que provocó que investigaran a Benito a pesar de que no quedaba nadie vivo de los Molina-Armengol. También sospechaba todo de Sonia.

No obstante, volviendo a Clara la esposa de Benito, jamás sospechó nada y bien engañada que estaba, según ella haberse casado con el hijo de un Almirante era mucho, lo decía claro está, por la posición que alcanzaría, no por las personas, mucho menos por su marido. Obtuvo una colosal herencia y por eso podía trabajar como profesor de filosofía y mantener un gran tren de vida.

Pero Benito nunca pudo conformarse con ser un simple profesor de filosofía que más bien enseñaba teología o lo poco que se les permitía enseñar por aquellos años en las cátedras universitarias. En la clandestinidad hacía mucho más de lo que sus piernas le dejaban, por eso Sonia sentía cierta atracción solidaria por él, porque era un infiltrado, un comunista de corazón metido en una carcasa teatral, ajena a sus ideas. Parecido a los Burgos.

Pero ahora se encontraba Benito con otro problema mayor, el de que sus hijos y su esposa pensaban que estaba actuando raro, pensaban que habría que ingresarle, incapacitarle porque no estaba bien.

— ¡Maldita sea! Se decía ¿Cuándo me dejarán vivir esta gente? A nuestro Benito, se le metió entre ceja y ceja que debía terminar con su mujer, principal causante del agobio que tenía encima, provocado por su propia casa, a pesar de pasar por celebérrimo fascista entre los suyos.

Pero — ¿qué contradicción es esta vida? (hablaba en alto) resulta que con las personas que tenemos más confianza, aquellos con quienes compartimos nuestra vida, son traidores, y no solo eso, somos enemigos frontales el uno del otro, no sabemos nada de nuestra pareja, quien la mayoría de las veces tiene una vida fuera de casa que ni conocemos. No sabemos nada de sus anhelos, de sus verdaderos gustos la mayoría de las veces acomodados a los gustos familiares. Al final nadie sabe nada de los otros, los hijos son introvertidos en casa y llevan otra vida fuera, dejando alguna miseria en su familia para compartir, pero nada más, otros hijos son mezquinos, prepotentes con sus padres, no son lo que son fuera...Muchas veces hacen cosas que los padres ni se imaginan ¿por qué? Porque no los conocen.

—Tengo que terminar con ella, tengo que hacer desaparecer a Clara de esta vida ¡Qué maldición tan grande tengo!

Mientras barajaba alguna fórmula de envenenamiento que de sobra conocía por ser quien era, ahora le preocupaba la llamada que había recibido de la cúpula, donde tenía que ir al Café Comercial a las 18:00 horas y allí un joven, otro enlace, le daría instrucciones. Aparecería alguien con el pelo largo y un jersey de rayas. Le entregaría un sobre con los planes.

Parecía que nunca se irían de la casa — ¡qué barbaridad! Se dijo, es que nunca se van. Bueno, familia, voy a salir...

— Pero ¿qué dices? Gritó su hija, la pijilla. Te lo prohíbo.

— ¿Cómo? Gritó Benito, ¿Qué me prohíbes, tú, que yo salga a la calle?

Viéndole tan enfurecido, los ojos encendidos de cólera, su mirada provocaba muerte, la joven se estremeció al ver a su padre como nunca lo había visto.

— Bueno (tosiendo) lo digo por ti, vamos porque con la silla de ruedas, tu solo... por la calle, puede pasarte cualquier cosa.

— Eso es, gritó Benito, pero ¿desde cuándo te ha importado cómo y de qué manera me he ido yo a la calle desde que estoy postrado en esta silla? ¡Hija de mi vida, eres igualita a tu madre!

— Bueno, pues ahora me empiezo a preocupar, —exclamó su hija.

— Deja y olvida tu preocupación para ti misma que a mí no me hace falta y dicho esto salió de su casa, llamó al ascensor de ese edificio sito en la Calle Velázquez. Miró con nostalgia la casa de Sonia, la echaba de menos y mucho.

Salió a la calle con más fuerza que nunca. Ya había llamado a su taxi de siempre, no veía problema ninguno en que Tomás más amigo que otra cosa le llevase a la cita del Café Comercial.

Una vez satisfecho con su fuga y sin dejar de pensar y planear cómo librarse de Clara su mujer, entró en el Café, donde el camarero de siempre que de sobra le conocía ya le esperaba.

— Señor, allí hay un joven que dice conocerle y que le tiene que ver.

Cuando se giró en busca del enlace que había enviado la célula clave: “alguien con el pelo largo y un jersey de rayas” no vio a Semprún como pensó. El que estaba allí no era otro que su propio hijo —el que quería incapacitarle ante la ley — alguien con el pelo largo y un jersey de rayas. Observó con sospecha a su hijo quien a su vez se quedó perplejo de ver que la personalidad más respetada de Madrid desde toda la célula de la izquierda, era su mismísimo padre.

Benito, había detectado la presencia de nazis, no se acercó al enlace porque algo le decía que las cosas no iban bien. Siguió como si tal cosa con su café y pensó en Sonia, ¿cómo estaría? Más que preocupación, era ansiedad, taquicardia, de no tener más noticias de su amiga y vecina. Nada le dirían desde el partido.

Mientras tanto en la DGS…

Después del perplejo acercamiento que habían tenido el Coronel López Moreno y Sonia, pinchó su largo cuello con una jeringa de haloperidol. El Coronel dejó descansar dos o tres días a nuestra amiga con el sedante, mientras iba apropiándose de algo indefinible: el tiempo.

Cuando despertó de lo que era una pesadilla real, volvió a la conversación que dejó dormir. La joven tenía gran dominio de sí misma, sin lugar a dudas, pero aquella visión de sus padres, aquel lugar inhóspito, los perros policías, su profesor, vecino y amigo Benito, los Burgos torturados, su otro vecino el joven médico Massip. Todo giraba y daba vueltas en su mente al punto de no saber si era realidad o ficción.

Entró de nuevo el Coronel al despacho, alguien había cambiado la ropa de Sonia, la habían duchado y perfumado con Lavande-Terrier. El bolsito Chanel ahí seguía. Su pelo liso y su blanca tez se mostraba más nacarada que nunca, como de virgen, sus labios algo hinchados la hacían todavía más atractiva.

Procuraron que Lali, la criada de la familia, la que dejó las lentejas al fuego cuando llegó Sonia a su casa, debía encargarse de la joven en la DGS. Eran maniobras del Coronel, quien dirigía la operación. La trataba con un respeto casi devocional.

Prosiguió de nuevo el Coronel, esta vez con camisa blanca y pantalón de montar. Sin duda, había estado a caballo quién sabe por dónde.

— Sonia, no queda otra. (Mirándola fijamente de nuevo). Usted tendrá que ir a Moscú.

— ¿No está escribiendo su tesis doctoral? Pues irá como profesora a la universidad Estatal de esa ciudad.

— ¿Yo? Pero ¿acaso importa a alguien que yo esté escribiendo mi tesis doctoral?

La joven, que maduraba por minutos, acataba las palabras del Coronel quien ejercía sobre ella un poder inconmensurable.

— Por favor señorita no me haga perder la paciencia.

La universidad estatal de Moscú, se fundó el 25 de enero de 1755, según el calendario juliano (el 12 de enero según el calendario gregoriano), por un decreto de la Emperatriz Elizaveta Petrovna, hija de Pedro el Grande.

En 1905 una organización de tipo social democrático fue creada en la universidad con el fin de expulsar al zar del poder y transformar el país en una república. El gobierno zarista cerró la universidad en varias ocasiones como respuesta. En 1911 se produjeron importantes protestas cuando las tropas del Zar entraron en el campus deteniendo a varios profesores. Un total de 130 científicos y profesores dimitieron en masa incluyendo algunos tan destacados como Nikolái Dmítrievich Zelinski, Piotr Nikoláyevich Lébedev y Sergéi Chaplyguin. Varios miles de estudiantes fueron también expulsados de la universidad ese año.

— Sonia repita esto que acabo de decir. Tiene usted que saber estas cosas, aunque ya haya pasado tiempo, asintió el Coronel mirando fijamente a Sonia.

Sonia, repitió.

Tras la Revolución socialista de octubre de 1917 la universidad se abrió a las clases populares y no tan sólo a la burguesía acomodada. En 1919 se eliminaron los costes de matrícula y se habilitaron instalaciones en las que los estudiantes humildes podían preparar sus exámenes de acceso a la Universidad. En 1940 la universidad fue renombrada con el nombre de su fundador Mijaíl Lomonósov. Cuentan con muchas facultades y algunos centros de investigación. Es de la mejores y si le cuento todo esto es para que esté informada y para que piense que allí no hay precisamente tontos, señorita. A Sonia le chocaba tanta cultura.

El edificio fue diseñado por el arquitecto Lev Vladímirovich Rúdnev. Stalin ordenó construir en Moscú siete grandes torres neoclásicas (los denominados Rascacielos de Stalin) y el edificio de la Universidad de Moscú era el mayor de todos, siendo el edificio más alto de Europa en los años 50. La torre principal mide 240 m y posee 37 pisos, aunque todo el mundo piensa que hay 36 está flanqueada por cuatro grandes alas que albergan facultades e instalaciones diversas. Posee más de 33 kilómetros de corredores y 5.000 habitaciones, además de cuatro enormes subterráneos que usted deberá explorar y recorrerse de memoria porque sabemos que allí están los planes de una nueva bomba nuclear y otras sorpresas que tienen preparados los soviéticos.

Sonia estaba un poco desconcertada pues le daba la sensación de que aquel Coronel o lo que fuese se sabía de memoria el edificio, como en exceso, pero no por haberlo leído en algún libro, sino, por haber estado allí. Pero luego cambiaba de opinión pues eso le parecía imposible. Ese hombre la desconcertaba.

— De modo que esto que le acabo de contar tiene que retenerlo de memoria.

— ¿Yo? ¿A Moscú? Pero ese señor que dice usted que es mi padre…a quien han cesado del gobierno, Kruchev, obligándole a jubilarse (rectificándose) ¡vamos! que tengo entendido que ya no tiene el cargo que tenía, que no preside la URSS. Y lo sé porque llegó esa noticia por medio de un compañero de mi Facultad. ¿Qué importancia tiene ya alguien destituido y que no pinta nada en la política de un país?

—Sí, ese otro compañero de Facultad de usted que era un rojo, a quien ya no volverá a ver nunca. Dijo el Coronel con frialdad.

— ¿Por qué no volveré a verle nunca? Si él no ha hecho nada, tan solo nos contó lo del tal Kruchev (haciéndose un poco la inocentona y con voz muy firme) como un asunto original, sin ninguna implicación.

— Ya, señorita, aquí nadie es quien parece ser y mucho menos quien dice ser. Nuestra guerra ahora es una guerra de información o ¿es que nunca ha pensado esto. Tenga en cuenta que lo que yo sé de su familia, de las mujeres de su familia, no lo sabe nadie. Aquí “casi nadie” sabe lo de Kruchev, es decir, que la estoy protegiendo.

— Ya. (Ese “casi nadie” sonó con temblor en su corazón.)

— Hemos intercedido una carta que el señor Kruchev ha enviado a usted para que llegue hace tres días por su cumpleaños donde le ruega que vaya a verle.

— ¡Ah! Mi cumpleaños. (Con tristeza.)

Usted irá a esa entrevista como periodista internacional, como investigadora vamos, pero intentará saber —si en esto tiene que hacer lo que sea lo hará— toda la información necesaria sobre esa nueva bomba que están inventando los soviéticos, así como sus estrategias de visión remota, telepatía y demás técnicas que utilizan con sus agentes del KGB. Queremos saber qué planes tienen y dónde están los miembros del Partido Comunista españoles porque sabemos que preparan un atentado contra el Régimen. Ese maldito de Jorge Semprún nos la mete doblada con sus diversas personalidades. Como sabe usted, los comunistas suelen sospechar de todos aquellos rojos que salieron con vida de los campos de concentración nazis, pero con Semprún no.

— (Con estupefacción) ¿Ah, sí? ¿Por qué? Pues no tenía idea.

— ¿Por qué va a ser señorita?, porque se supone que se han vendido de alguna manera, sino ¿cómo se logra eso? ¿Cómo logró Semprún salir vivo del campo de Mauthausen?

— Claro, claro, señor Coronel. (Según le hablaba le miraba de frente casi con descaro.)

— Pero este cabrón, no sé por qué se fían de él.

— Pues cosas que pasan, supongo, —dijo Sonia con tono coloquial.

Según me dijo mi padre, bueno ahora por lo que se ve padre adoptivo, Semprún fue amigo de él antes de volverse comunista y hablaba varios idiomas entre ellos el alemán y el francés. Yo si hubiera sido un alemán, también le hubiera utilizado para cualquier cosa útil, digo yo. Por eso mismo se salvaría del exterminio.

— A usted, señorita, no se le permite opinar y lo que está haciendo en este momento es, opinar.

La muchacha no daba crédito a lo que estaba oyendo, se quedó durante unos momentos sin habla, un tiempo que López Moreno respetó con inteligencia y dominio. Pensaba en que sus padres o los que pensaba que eran sus padres, no lo eran y esta situación le proporcionaba una eclosión emocional entre alegría, rabia, decepción, traición…todo en un mismo tiempo.

— Es decir, dijo Sonia con su buen hacer de siempre, que yo, una estudiante de doctorado ¿tengo que ir a espiar al que es mi verdadero padre, una autoridad soviética, mi padre de sangre y traer información para ustedes porque creen que están fabricando una bomba y además se están organizando para un fuerte atentado? (se ahogaba) Es de locos. (Giraba el rostro mirando a una esquina con sonrisa sarcástica.) Ya. ¿Y si no lo hago? Pasaron unos minutos de tensión y silencio.

— Su padre, Nikita Kruchev no interesa ahora a nadie, no lo consideran un enemigo, por eso tenemos la vía libre.

— Ya, —respondió Sonia— pero si es verdad que está fuera de juego con mayor razón, no sabrá nada de bombas atómicas.

— No sea usted ingenua señorita Sonia, un ruso nunca dice ser quién es y jamás dice lo que sabe, de modo que su padre aunque esté fuera de juego, sabe, conoce y dirige probablemente más de lo que crean sus propios camaradas.

— Pero yo…no tengo experiencia.

— No tendremos ninguna duda de que lo hará si no quiere que sus padres adoptivos que tanto la han querido Elisa y Juan Santiago, mueran. Ellos, que en nada tienen que ver con la política a día de hoy, son gente que hace mucho por nuestra sociedad y proyección política en el exterior, quedarán como lo que acaba de ver usted. Unos trozos sobre una mesa. Es difícil poder tener agentes entre los soviéticos, ni los de la CIA pueden conseguirlo, por eso, tenemos que intentarlo. Tendrá usted un entrenamiento a cargo de nuestras fuerzas del ejército durante tres meses en la base de Zaragoza, después partirá rumbo a Moscú. Nadie, escúchelo bien, nadie, debe saber lo que estamos haciendo, ni sus padres a quienes de momento les diremos que ha sido una confusión y que alguien que no les quería bien les había denunciado. Ellos lo entenderán. Imagino que el regalo que le han dejado, su CartaDiario, es una recopilación de la vida de los Burgos, según nos han dicho ellos mismos.

— Pues sí, (con decisión.) bueno, pues no, en realidad no, como le dije el Diario está vacío.

— Bien, a partir de mañana (sin hacer ningún caso de lo que decía Sonia del Diario.) simulará que tiene una beca de tres meses para ir a Zaragoza y en esa misma ciudad, usted será entrenada como un guerrillero, bueno, como un agente a quien en caso de que las cosas no salgan bien… (respiró profundamente) pueda ser interrogada sin que usted confiese nunca, o pueda estar hasta treinta días sin comer y beber y otras cosas más, todas ellas necesarias para el entrenamiento de una misión así. No se preocupe, nosotros nos encargamos de todo.

(Con voz firme) Saben ustedes que lo que me piden es excesivo ¿no?

— Sí, supongo que para usted y ese vecino médico…el hijo de Massip, el mediquillo del dispensario de la empresa de su padre, Massip, será durillo no verse. ¿Tienen una relación verdad?

— Pues mire usted, no tengo relación con él, (alzando la voz) pero aunque la tuviera es algo que a nadie le importa, como nada de mi vida debería importarle.

— Muy bien, muy bien, señorita Burgos. Pronto nos veremos, la visitaré en el entrenamiento y recuerde que haga lo que haga estará siempre vigilada.

Cogió su barbilla, la besó en la boca y dijo:

— Mañana vuelvo a verla. ¡Comenzamos!

Salió de la estancia haciendo ruido con sus disformes pisadas.

4 comentarios

  • cecilio macarron Lunes, 02 Mayo 2022 17:19 Enlace comentario

    tercera entrega, mejor aun que las anteriores. muy entretenida. Merece la pena tomartse el tiempo de discurrir por donde ira a salir cada personaje , porque por el momento, no existe certeza alguna. Todos son personajes novelescos con rumbos de lo mas insospechados. . Vamos, un acierto de novela

  • Piotr López Paveliev Lunes, 02 Mayo 2022 15:42 Enlace comentario

    Este capítulo creo que es el menor de los tres publicados. No sé si es cuestión de la maquetación, pero hay dos párrafos explicativos y contextuales históricamente, que pertenecen al Coronel y sin embargo parece que vuelve el narrador. No es fácil contarlo todo porque no sé si es por el formato digital, pero como parece una película creo que la autora maneja de momento bastante bien, hilar la historia -muy necesaria- con la trama y los personajes que están muy vivos. Creo que están enamorados estos dos, coronel y Sonia. Pregunté por Facebook a la autora si ella se parece a Sonia, me dijo que no, me dijo que ella es Benito porque es un personaje en silla de ruedas, es decir, atado a algo que no le da la libertad. Dijo que ha visto de cerca las tramas de células políticas. Creo que se lo inventa pero da igual porque la autora en sí es bastante enigmática y de ella creo que se puede esperar mucho. Espero que no se moleste por contar esto. Me quedé asombrado por su forma metafórica de relatar.

  • Julia Navarro Lunes, 02 Mayo 2022 00:35 Enlace comentario

    Me encanta. ¡Qué buena iniciativa! Fui alumna de la profesora Amor y aunque ella es introvertida, bueno es una intelectual, me encanta verla empoderarse en el dominio narrativo, casi de película de esta novela que promete entretenimiento y logra transmitir empatía hacia los personajes hagan lo que hagan. Los personajes de momento muy reales. El contexto histórico impecable. Felicito al periódico por la iniciativa.

  • Luís Ángel Marín Ibáñez Domingo, 01 Mayo 2022 13:58 Enlace comentario

    Me parece muy interesante, profunda y divertida sin perder la emocion en cada pagina, no hay barro verde y en momentos es genial, se conocen a los personajes por dentro, la intruga no decrece...muy, pero qie muy interesante

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