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Mangantes


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Y en la última sesión de control al gobierno, como cada miércoles de excitación parlamentaria, el presidente Sánchez chascó la lengua y llamó “mangantes” a las gentes del PP, siempre con residencia de las palabras gruesas en la sentencia de la Audiencia Nacional de la primavera de 2018 ratificada por el Tribunal Supremo, donde se establece que el Partido Popular se lucró de una trama orquestada para la comisión de delitos.

Estos antecedentes suponen plataforma suficiente para que el jefe de gobierno se defienda todos los miércoles con el parapeto de tan contundentes armas. Desde la presentación de la moción de censura ganadora de 2018, el grado de intolerancia sigue perfectamente reconocible en el partido de oposición, lo que significa que no ha sido posible establecer conexión con el reconocimiento de proximidad a una organización criminal como la de Gürtel, donde tantos y tan señeros individuos próximos o militantes del Partido Popular fueron condenados por ilícitos penales que bien podrían traducirse por “mangantes”.

La retórica parlamentaria del PP no resulta precisamente obsequiosa con las labores de gobierno. En enero de 2020, en vísperas de tiempos de pandemia, el ejecutivo recién estrenado fue tachado de “ilegítimo” con abierta condescendencia de la clientela del PP, cuando Cayetana Álvarez de Toledo llamaba a Pablo Iglesias, a la sazón vicepresidente del Gobierno, “embajador de ETA” y “burro de Troya”.

Ahora, el término “mangante”, repescado por Sánchez de las narrativas de barrio y de sinonimia popular, de entendimiento y regocijo de superficie humilde, provoca la alteración de Alberto Núñez Feijóo, nuevo adalid del partido de la calle Génova, ubicación reconfirmada por el líder gallego emergente y condenada geográficamente por el antecesor Pablo Casado como causa de sus males con la justicia penal.

Pedro Sánchez, en sus inicios, diciembre de 2015, ante la primera cita electoral el 20-D de aquel año, inauguró un estilo que no se esperaba en aquel entonces al espetar a Mariano Rajoy “usted no es decente”, lo que soliviantó al presidente gallego y provocó el “hasta aquí hemos llegado” muy glosado en aquel debate moderado por Manuel Campo Vidal. Es decir, que el estilo de calle, de mesa camilla, de Pedro Sánchez, así, sin la determinación como norma, llega a las mandíbulas del PP con más consecuencias de las previstas.

Los días más recientes se nutren políticamente con episodios de audio de hace ocho años, con los que el diario El País regala los oídos nunca suficientemente escandalizados. En esas grabaciones se reconocen las expresiones y las piruetas enfáticas de personajes de primer nivel del Partido Popular, algunos de los cuales son historia pero no por ello dejan de intervenir en los asuntos de actualidad y su adjetivación rabiosa..

Feijóo, desde Santiago de Compostela, su terreno natural, dice que “sigue comprometido con la defensa nacional, con nuestro estado de derecho y con las actuaciones para garantizar la libertad y seguridad con arreglo a la Constitución y las leyes”. Pero después de todo ello sigue sin practicar la cesión para desatascar el Consejo General del Poder Judicial, previo para el desatasco del Tribunal Constitucional, piezas ambas del juego político de más rango de Estado. Lo que Marianella Cabrera, en “Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vázquez (Alfaguara), llama “lagunas, trozos faltantes en un relato confuso”.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.

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