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Señ[email protected] de la OTAN, una Europa arbitral es posible


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La guerra desorganiza la vida. La paz, la reorganiza. Cuando la guerra en Ucrania llegue a su fin, el papel de una Europa exhausta por la guerra deberá cambiar. Esta convicción debe ser tenida en cuenta en la cumbre de la OTAN que se celebra estos días en Madrid. Quienes han pugnado por dividir Europa deberán abandonar el campo de batalla y dar paso a quienes creen, de verdad, en la unidad continental. Europa, escenario del actual conflicto armado, habrá de convertirse en sí misma en una fuerza de paz. Será preciso poner freno a la militarización desbocada y alentada por fuerzas extra-europeas. Habida cuenta de que los conflictos no desaparecerán nunca, sino que se transformarán, quién es capaz de amansar la conflictividad y pacificar las relaciones entre Estados es la institución del arbitraje. Europa puede convertirse en una enorme fuerza arbitral en el conflicto que libran sobre ella y sobre otros continentes grandes potencias. ¿Cómo hacerlo, qué formula cabe aplicar?

Primero, hay que convencerse sobre la capacidad que, como árbitro eficaz, Europa tiene. Y ello por sus muchas prendas: su democraticidad; su potencial económico; su configuración institucional versada a lo social; su desarrollo político, más la estatura histórica, cultural y civilizacional que caracteriza su personalidad geopolítica y su sistema de libertades. Todo ello compone un repertorio extraordinario de características que fortifican y hacen viable la condición arbitral de Europa, amén de su considerable potencia militar. Pero además, Europa es el continente mejor preparado y más consciente de que los retos más importantes que la Humanidad encara han dejado de ser las luchas hegemónicas entre grandes potencias para ser sustituidas por dos nuevos tipos de lucha: microscópica, contra las pandemias y macrocósmica, contra la erosión medioambiental del Planeta vinculada al deterioro climático, con su sarta de gravísimos efectos sobre la seguridad sanitaria, alimentaria y energética.

Por consiguiente, para poder concentrar las energías en la titánica lucha contra los precitados desafíos, que amenazan el futuro de la Humanidad toda, será necesario neutralizar previamente el conflicto entre las grandes potencias, el mismo que ceba de manera recurrente los conflictos armados. Para sofocar las llamas, aún inextintas, de la guerra, Europa ha de erigirse en un nuevo poder arbitral suplementario del de Naciones Unidas cuyo reglamento permanece bloqueado por la capacidad de veto depositada, precisamente, en las grandes potencias enredadas en luchas por la hegemonía. Para materializar su potencial poder de arbitraje, Europa habrá de regirse por la observancia del Derecho Internacional legitimado por una praxis política democrática irrestricta.

Pasos a seguir

Con miras a planificar los pasos a dar para conseguir la meta propuesta, se propone un decálogo de actuaciones al alcance de la mano europea, siempre y cuando la voluntad política de aplicarlo sea firme y resuelta.

En primer lugar, se trataría de Deshegemonizar política y militarmente las relaciones euro-trasatlánticas, en una coyuntura histórica en la cual Estados Unidos, hegemón de la OTAN, precisa concentrar sus energías y su atención en el interior de su país, ya que ha vivido jornadas insólitas –aún irresueltas-. La salud del presidente Biden es un factor de preocupación añadido a la coyuntura política interior que encara. En las jornadas que afronta, ha estado en juego la estabilidad del sistema democrático estadounidense, acompañada por el surgimiento de un riesgo de confrontación civil generalizada, con las consabidas repercusiones geopolíticas e ideológicas de tal inestabilidad a escala mundial. Retrocesos significativos respecto a derechos adquiridos hace 50 años, como el del aborto, o el aval constitucional al porte libre de armas -causante de tantos crímenes en recintos escolares-; ambos son dos síntomas de la involución democrática allí operada. Ello señala la actual inviabilidad e inoportunidad de la asunción, por parte de Estados Unidos, de su defensa a escala mundial, la europea incluida vía OTAN, por la necesidad imperiosa de aplicar sus recursos al fortalecimiento democrático de un esquema interior estadounidense muy erosionado política, social e institucionalmente, infraestructuralmente desatento y desligado de los intereses mayoritarios de su población.

En cuanto a la Federación Rusa, es apremiante que Europa, desde la asunción de su cometido arbitral, contribuya a la democratización y desmilitarización de las instituciones del amplio país eslavo. Y ello mediante una colaboración cultural intra-continental europea, desprovista de interferencias políticas, respetuosa con las tradiciones y la cultura allí vigentes. Y todo a sabiendas de que la militarización de las fronteras rusas vía OTAN ha cebado allí una percepción rusa de amenaza a su seguridad que, rebasando el respeto a la autonomía ucraniana, ha desencadenado la actual contienda y la inadmisible invasión militar del país. Por otra parte, los déficit democráticos del Gobierno de Kiev han sido resaltados por otros Gobiernos europeos.

A propósito de China, el aumento desaforado de las percepciones sobre la supuesta peligrosidad del gran país asiático –que presumiblemente el nuevo concepto estratégico de la OTAN incluirá en su enunciado- no ayudan en nada al despliegue pacífico de los flujos comerciales de ida y vuelta que, hasta ahora, tan ventajosamente han conectado a Europa con su vecino intercontinental euroasiático. Las políticas de cerco a y respuesta de, China, en su contorno marítimo inmediato no auguran nada bueno y, presumiblemente, harán proliferar la carrera militar en la zona, como ya sucede.

Será preciso, pues, Deshostilizar las relaciones con Eurasia, macro-continente donde Europa geopolíticamente se inserta. Al potencial demográfico, geoeconómico y energético de Eurasia une un extraordinario e inusitado potencial de autodefensa supervivencial planetaria, ante los efectos del cambio climático: reside en la hoy despoblada tundra siberiana, área semejante pero más extensa que el ámbito subpolar de Canadá, Alaska y norte de Noruega.

En la tundra y Canadá, el deshielo de las zonas subárticas y la liberación del permafrost, deviene en presumible vector de desarrollo a escala mundial que podrá permitir la roturación masiva de las tierras que queden libres del hielo y coadyuven a la supervivencia alimentaria del Planeta, ensanchando así la dañada potencialidad de la biosfera.

Cabe Coadyuvar, desde Europa, a una re-descolonización del continente africano, ya en vías de plena alfabetización, por verse cargado de posibilidades de desarrollo autóctono aunque hoy sujeto a nuevas y amenazantes pulsiones hegemónicas foráneas y graves tensiones ideológico-políticas en clave islamista radical. Los recientes experimentos recolonizadores, inducidos por potencias europeas, como en el caso de Libia, no hacen sino acrecentar la hostilidad local y regional hacia las antiguas metrópolis, allanar el acceso de nuevos y foráneos recolonizadores –el caso de China- y radicalizar la oposición interna y la desestabilización de regiones enteras, como sucede actualmente en el Sahel y en Nigeria, en una clave de islamismo desaforado.

Urge Desmercantilizar la relación entre Estados europeos y capital financiero, sobre la base de una real autonomía política estatal, que dé paso a una reestatalización controlada en clave socio-medioambiental. Y ello habida cuenta de la inepcia mostrada por el capitalismo financiero para gestionar sus cíclicas y autoinducidas crisis, entre ellas las medioambientales, así como otras generadas por la pandemia, con una bochornosa puja privatista por las patentes de vacunas y fármacos en plena actividad del patógeno. La aplicación de las teorías sobre el espacio vital, trasladadas a la escena económica, deben caer en desuso de modo definitivo.

Hay que Embridar el desarrollo tecnológico con pautas de finalidad social que emancipen al mundo del determinismo tecnológico vigente y permitan recobrar las dimensiones espacio-temporales de la existencia humana. Estas se ven hoy anuladas o profundamente devaluadas por una virtualidad telemática ínsita en el vigente modelo de control tecnocrático de masas, mediante el empleo descontrolado del denominado Big Data. Esta virtualidad deshace las relaciones sociales e interhumanas y las precipita en un caos desmesurado, manifiesto, por ejemplo, en una productividad ilimitada del trabajo humano, que implica la imposibilidad de su medida y justa remuneración.

Es más necesario que nunca Desmilitarizar y desnuclearizar tanto los arsenales en tierra como el espacio exterior e inducir su transformación en un ámbito de correlaciones colaborativas, igualitarias y productivas, con miras a instar la colaboración científica y aeroespacial entre Estados. Sería necesario contemplar la localización, fuera de la biosfera, enclaves donde sea posible perpetuar la vida humana como alternativa existencial en caso de previsibles catástrofes. Asimismo, hallar conjuntamente un vector de transporte capaz de desplazar a un punto remoto e inocuo del Universo los residuos nucleares de alta intensidad y secular duración, tan peligrosamente depositados en enclaves terrestres.

Una meta continental tangible consistirá en Movilizar la superpotencia comercial de compra de Europa y su transformación en vector político arbitral en la previsible e intencional confrontación comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China. Para ello será decisivo Aportar el potencial I-D-I acuñado desde Europa como contribución extraordinaria al desarrollo mundial y a la reducción del alcance de los retos humanitarios, sociales y energéticos en presencia. Será pues exigido Rentabilizar geopolítica, diplomática y geo-culturalmente el ascendiente civilizacional e histórico-patrimonial de Europa, con miras a fundamentar un poder arbitral operativo, que fortalezca asimismo el sentido del proyecto integral europeo.

En definitiva, deviene en el reto supremo Transformar la multilateralidad, europea, que confieren a su Unión un evidente potencial militar conjunto de autodefensa, en ascendiente arbitral. Este es susceptible de ser aplicado exitosamente para conseguir metas de consenso frente a los litigios, rivalidades y conflictos bélicos aún en escena. Una vez desactivados estos, el mundo podrá enfrentarse abiertamente los grandes desafíos micro y macrocósmicos que encara para su supervivencia.

 

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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