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Feijóo quiere una “profundísima crisis económica”


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La derecha española nunca confió en las buenas artes de la política para ganar unas elecciones generales.

Todos recordamos aquella confesión del periodista Luis María Ansón: “Para terminar con González se rozó la estabilidad del Estado”.

Tampoco olvidamos la confidencia de Cristóbal Montoro a Ana Oramas: “Que caiga España. Ya la levantaremos nosotros”.

El PP siempre ha sabido de los valores predominantemente progresistas en la sociedad española, por lo que entiende que solo en circunstancias extraordinarias puede lograr un triunfo electoral.

Además, la percepción que los españoles van consolidando respecto al principal partido de la derecha tampoco favorece sus expectativas: la corrupción estructural, la captura de su dirigencia por intereses económicos, la resistencia a marcar distancias con el franquismo, las complicidades ultraderechistas que alertan a sus socios europeos…

La propia trayectoria de Alberto Núñez Feijóo, su líder recién designado, confirma el estereotipo.

Descartó de un plumazo la investigación impulsada por su antecesor sobre las corruptelas en Madrid. Validó la coalición de gobierno con los ultras en Castilla y León. Se apuntó a las teorías conspiranoicas y desestabilizadoras que ponen en duda la limpieza de las elecciones… Todo ello en apenas tres meses.

Sus últimas declaraciones acerca de la situación económica española han sorprendido a todos los analistas económicos del país y, de hecho, reflejan más un propósito que un pronóstico: “Nos dirigimos a una profundísima crisis económica”.

Feijóo sabe dos cosas. Sabe que el devenir económico de un país depende en buena medida de la confianza que muestren sus principales actores, tanto los económicos como los políticos. Las decisiones de inversión y de consumo se adoptan teniendo en cuenta las señales que lanzan tales actores respecto al futuro previsible.

Y sabe también que la potencia mediática de la derecha española puede generar por sí misma un clima artificioso e infundado de desconfianza en la economía española, a base de lanzar mensajes pesimistas o directamente falsos.

Y eso es lo que están haciendo Feijóo y la dirección del PP. Intentan deteriorar la confianza de inversores y consumidores, para procurar una recesión económica “profundísima”, que destruya suficientes empresas y puestos de trabajo como para facilitar un escenario de cambio político en el país.

¿Irresponsable? Sí. ¿Desleal? Sí. ¿Inmoral? También. ¿Novedoso? No tanto. La cuestión es que están decididos.

La grosería de las mentiras que el propio presidente del PP está difundiendo en primera persona es difícilmente superable.

Asegura que España sufre “el mayor dato de inflación de la zona euro”. Mentira. Es el octavo, en la media de la tabla.

Mantiene que este ha sido “el peor junio en empleo en al menos la última década”. Mentira. Junio batió récord histórico de afiliación a la Seguridad Social. El nivel de paro está algo por encima del 13%, cuando en 2013, por ejemplo, llegó hasta el 27%.

Dice que “España está destruyendo empleo”. Mentira. La afiliación media a la Seguridad Social en junio aumento en 115.000 personas.

Declara que “la economía española no está creciendo”. Mentira. El PIB español creció en 2021 por encima del 5% y ha crecido un 0,2% en el primer trimestre de este año 2022.

Y la “profundísima crisis económica” solo se avecina en sus deseos, porque todos los organismos económicos acreditados, los públicos y los privados, sitúan las previsiones de crecimiento de la economía española en el este ejercicio 2022 por encima del 4%.

El remate: “No conozco a nadie que haya recibido los fondos europeos”. Mentira agravada, porque él mismo ha recibido más de 1.250 millones de euros de los fondos europeos como presidente del gobierno gallego hasta hace pocas semanas.

Que nadie se llame a engaño o a ingenuidad.

Estas declaraciones no son fruto del desconocimiento. Se trata de un daño premeditado, sobre el conjunto de los españoles, de sus empleos, de sus empresas, del bienestar de sus familias, con el solo objeto de crear las condiciones extraordinarias que cree necesitar para ganar las próximas elecciones.

Tal intencionalidad es coherente con los votos de la derecha en el Parlamento, que rechazan cualquier medida que facilite la buena marcha de las empresas y que aminore el golpe de la inflación sobre las familias, desde la bonificación del combustible hasta el aumento del Ingreso Mínimo Vital.

Solo que la sociedad española es cada día más madura. Y las máscaras esconden cada día menos. Y este Gobierno funciona. Y la gente lo sabe.

No lo van a lograr.

 

Diputado en las Cortes Generales por Madrid. Secretario general del Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados.

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