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En el cumpleaños de Dolly


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Jordan Grinnell / Shutterstock.com Jordan Grinnell / Shutterstock.com

El pasado 6 de julio se cumplieron veinte seis años del nacimiento de la oveja Dolly (que no su edad real), el primer mamífero nacido por medio de un procedimiento de clonación de una célula adulta. Dolly marcó un hito en la Biología (constató que el núcleo de una célula adulta especializada, potencialmente generaba un nuevo individuo y que era factible programar ese núcleo hacia un estado embrionario pluripotente).

Para Susana Rodríguez Navarro, directora de la Unidad de Expresión Génica y Metabolismo de ARN del Instituto de Biomedicina de Valencia, tuvo un extraordinario impacto social y “… fue una noticia impresionante y muy comentada ya que reavivó muchas cuestiones éticas sobre el poder de la ciencia”. Lluís Montoliu, investigador del Instituto Nacional de Biotecnología, declaró recientemente que “La serendipia y la perseverancia tuvieron su premio y nació Dolly, uno entre varios centenares de embriones reconstruidos fallidos, pero suficiente para demostrar que las ideas que manifestó el embriólogo alemán Spemann en los años 30, 60 años antes de que naciera Dolly, eran ciertas. Que era posible usar núcleos de células adultas para forzarlos a sostener, de nuevo, todo un desarrollo embrionario para dar lugar a un nuevo ser vivo, con la misma información genética nuclear”. Manuel Pérez, catedrático de Genética en la Universitat de València, reconoce que el nacimiento de Dolly abrió la posibilidad de clonar seres humanos.

Una segunda fase de debates vino de la mano de la secta de los raelianos y del polémico doctor Antonori[1], informaron del nacimiento de una niña que había venido al mundo tras emplear la técnica de la clonación, si bien la comunidad científica dudo de la veracidad, en ambos casos[2].

La discusión sobre la clonación humana con fines reproductivos está coligada al modelo de sociedad que construyamos a futuro, planteándose cuestiones de gobernanza internacional. Fue el 9 de junio de 2009 cuando el Comité Internacional de Bioética (CIB) de la UNESCO en el Informe sobre clonación humana y gobernanza internacional, apostó por una gobernanza internacional en este campo[3].

La clonación en humanos es un tema que produce serias dudas, por las reservas éticas y morales asociadas a la “fabricación” en laboratorio de personas aparentemente idénticos, aunque el niño/a nacido no sería igual al individuo del cual dispone de su carga genética, se trataría de otra persona. Es una técnica reclamada por parte de la comunidad especializada, que sostiene daría solución a la imposibilidad de miles de parejas o mujeres y hombres (en este caso deberían acudir a la maternidad subrogada, no autorizada en nuestra normativa), que habiendo acudido a las técnicas de reproducción asistida no hubieran alcanzado tener descendencia. Así las cosas, el artículo 1.3 de la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida dice expresamente: “Se prohíbe la clonación en seres humanos con fines reproductivos”

Caben utilizaciones de la clonación con otros objetivos. Por ejemplo, si un individuo deseara clonarse a sí mismo; “resucitar” a seres queridos muertos; fabricar en laboratorio genotipos de personas “relevantes” (dependiendo de para quién: políticos, líderes de masas, intelectuales, científicos, atletas, artistas…); disponer de bancos de recambio de órganos o como “terapia preventiva prenatal” para evitar el nacimiento de niños/as con patologías de base genética.

Ocho son las cuestiones a debatir sobre su viabilidad: partir del a priori de que el ser humano no es un medio en sí mismo; considerar que tenemos derecho a ser el resultado del azar biológico; apreciar que participamos de la propiedad de unicidad; valorar que en las “familias clónicas” quedarían desdibujadas las líneas paternas y maternas; sopesar los problemas psicológicos y emocionales en los así nacidos; distinguir que, ante la falta de experiencia en el modelo animal, no parece pertinente la clonación en humanos; medir los problemas coligados a la inseguridad de la propia técnica, cuyos efectos se dejarían ver en la descendencia y poner sobre la mesa cuestiones de la envergadura sobre la edad real de los así nacidos y sobre sus procesos de envejecimiento (no en vano Dolly fue sacrificada, tres años después de su llegada al mundo, por estar enferma). Por último, adquieren un lugar significado los usos sociales que se hagan de estos “seres humanos clónicos” en contextos sociales y políticos deshumanizados.

La clonación es, como vemos, una posibilidad de extrema complejidad, nos desliza hacia la figura del Narciso y mercantiliza la producción de vida a unos límites, hoy por hoy, inasumibles.

A diferencia de estos argumentos, para un sector de la comunidad científica y de la ciudadanía en el ámbito internacional, debe ser contemplado el derecho a la clonación, como parte integrante de la libertad de reproducción. Juzgan conllevaría alcanzar la “perfección humana”, en la línea de los argumentos transhumanistas. La Academia Internacional de Humanistas, en el año 1997, hizo una declaración oficial sobre el tema, en donde dejo por escrito que las cuestiones morales planteadas por la clonación no eran ni más profundos, ni de mayor envergadura que muchos de los ocasionados por la energía nuclear, el ADN recombinante o la encriptación de datos con los ordenadores. Fundamentaban sus planteamientos en las ideas del humanismo secular, que “… como perspectiva bioética, sugiere que se realice la clonación en seres humanos, siempre que se tenga una adecuada reglamentación para prevenir los abusos y para que se respete, en la mayor medida posible, la libertad de elección y decisión de cada ser humano”[4]. En aquellas fechas, Lee Silver, eminente catedrático de biología molecular de la Universidad de Princeton y autor del conocido libro Vuelta al edén, se declaró partidario. Expuso que la clonación es más segura que la reproducción sexual y, que el debate sobre su viabilidad debía entenderse como una mera cuestión de salud genética, debido a que podría dar fin a buena parte de las enfermedades genéticas de alta incidencia.

En el Estudio Delphi sobre tendencias en Ingeniería Genética humana y Biotecnología, 2021 del Centro de Investigaciones Sociológicas[5], los expertos en la materia encuestados, precisaron con una seguridad alta en su previsión (4) e importancia media de sus repercusiones sociales (3), que en 2050 “la clonación con fines reproductivos será una técnica que se utilizará habitualmente en los procesos de reproducción asistida”. Expresaron que tiene un interés restringido, incluso que “no tiene ningún sentido, puesto que la genética no determina las características de las personas”, bajo la argumentación de que “el fenotipo es el resultado de la interacción continua, a lo largo de la vida, entre los genes y el ambiente, entendiendo como ambiente todo los que no son genes, es decir, desde la fase embrionaria hasta el aprendizaje cultural”. No ven viable su utilización por impedimentos éticos, morales y legales y porque existen otros sistemas de reproducción asistida eficientes, además de por una razón de mera supervivencia de nuestra especie y cito literal: “La disminución de la variabilidad reduce la capacidad de supervivencia y no está claro si el clon tiene la misma proyección de supervivencia que el individuo original”.

Hoy por hoy la clonación se instala más en el plano probabilístico que en el de la verosimilitud, pero de qué dependerá que se materialice o no. En buena medida, de nuestra responsabilidad como sujetos políticos. Si nuestra intención es que las sociedades actuales y del futuro estén cimentadas bajo criterios de respeto, justicia y transparencia, la perspectiva de Un mundo feliz de Huxley, y de una humanidad clonada biológicamente perderían vigor. Si aspiramos y/o se nos impone una sociedad que “neutralice” a la población y la mantenga bajo un férreo control social y biológico, la visión orweliana y la contrautopía del mundo feliz serían un hecho. Está en nuestras manos…

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[1] Ginecólogo italiano muy controvertido, conocido por ayudar, en el año 1963, a una mujer de 63 años a tener su primer hijo y también por ser detenido en 2016 por robar 6 óvulos a una española.

[2] Véase, https://elpais.com/sociedad/2002/12/27/actualidad/1040943601_850215.html

[3] Véase, https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000183235

[4] R.A. Huerta, J.M. Ocampo, A.T. Salinas, J.C. Zurita, “Dos perspectivas bioéticas sobre clonación de seres humanos”, Anales Médicos Hospital ABC, Vol. 48, Núm. 4, Oct-Dic 2003, págs. 237-241.

[5] Véase, https://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Marginales/Globales/11002/E11002_Informe.pdf

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.

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