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Las tijeras moleculares: diez años después


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

La última semana de junio se cumplieron diez años de la publicación en la prestigiosa revista Science de un artículo titulado “Una endonucleasa de ADN programable y guiada por el ARN en la inmunidad bacteriana adaptativa”, fruto del trabajo en laboratorio del equipo de investigación de Jennifer Doudna.

La noticia no tuvo la notoriedad y trascendencia que debía en aquel momento, si bien, dos años antes, Doudna y un colega fueron significados con el Premio Nobel de Química. La importancia de esta técnica es que descubrieron un nuevo método para editar el ADN, que cambia los genes humanos (tanto de células adultas, como de gametos o células embrionarias): la CRISPR (Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats). La “… tecnología CRISPR/Cas9 es una herramienta molecular utilizada para “editar” o “corregir” el genoma de cualquier célula. Eso incluye, claro está, a las células humanas. Sería algo así como unas tijeras moleculares que son capaces de cortar cualquier molécula de ADN haciéndolo además de una manera muy precisa y totalmente controlada. Esa capacidad de cortar el ADN es lo que permite modificar su secuencia, eliminando o insertando nuevo ADN”[1]. Sin embargo, actualmente falla en su objetivo al cortar, en ocasiones, el ADN en el lugar equivocado (efecto off-target) e incluso cuando la “edición” ha sido correcta, las células pueden cometen errores al reparar las moléculas de ADN, con el riesgo de ocasionar mutaciones.

Hoy por hoy, es uno de los avances más destacables de la biología. Entre otras aplicaciones médicas se vale para tratar células tumorales (se anticipa la fabricación de medicamentos que bloqueen genes cancerígenos, así como la edición de células inmunitarias para eliminar tumores), para editar genes causantes de padecimientos graves hereditarios (por ejemplo: anemia falciforme, beta talasemia, amiloidosis hereditaria mediada por transtiretina, distrofia muscular de Duchenne …) y estudiar nuevas dianas terapéuticas y fármacos.

Para algunos de los expertos consultados en una encuesta realizada en el año 2015 sobre Ingeniería Genética y Biotecnología por el Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS), en la mayor parte de los hospitales de España se recurrirá habitualmente a “… la edición del ADN, con la revolucionaria técnica CRISPR de ingeniería genómica”, que hará viable la terapía génica[2].

Ahora bien, la CRISPR plantea cuestiones éticas que deben ser sojuzgadas: la más relevante su capacidad para intervenir en embriones humanos, con las repercusiones consecuentes sobre las generaciones del mañana. Fue en 2018 cuando un científico chino edito un gen en embriones humanos para hacerles inmunes al VIH, que fueron implantados en varias mujeres (fue encarcelado en 2019 por “prácticas médicas ilegales”). Conduce a la eventualidad de reparar los genes condicionantes de patologías en embriones, a una “mejora genética” y al ser humano “a la carta”. También suscita dudas sobre si esta medicina reparadora alcanzará a todos los ciudadanos del planeta o estará sólo al alcance de los mejor posicionados social y económicamente.

La CRISPR está siendo, de igual modo, empleada por biólogos evolutivos para estudiar cerebros de neandertales o en biotecnología agrícola para producir semillas y plantas transgénicas (buscando, por ejemplo, aumentar su contenido en vitaminas, eliminar moléculas tóxicas, hacerlas resistentes a patógenos, a la salinidad, optimizar las cosechas y que sean más duraderas, eliminar la nicotina o el gluten…), habiéndose ocasionado disputas legales en materia de patentes, pues la técnica lo que hace es modificar los genes ya existentes.

Destacar a futuro que uno de sus mayores compromisos es que a través de “proyectos de impulso genético” se modifiquen poblaciones completas de seres vivos. Fue el caso, que saltó a la luz en el año 2017, de intervenciones en los mosquitos transmisores de la malaria[3], que generaron gran resquemor en la comunidad especializada ante el peligro de romper la selección natural. Revelar, su posible uso con fines de bioterrorismo o de terrorismo industrial. Por último, consignar sus verosímiles usos eugenésicos.

Como vemos muchas son las esperanzas derivadas de la CRISPR de cara a la formalización de una medicina de previsión, aunque también muchas sus sombras. Los ensayos clínicos que actualmente están en marcha incluyen diversas áreas: trastornos de la sangre, cánceres, enfermedades oculares hereditarias, infecciosas, inflamatorias, diabetes…. En los últimos años, Victoria Gray, Jimi Olaghere y otros pacientes que fueron tratados con esta técnica parecen haberse curado de la enfermedad de células falciformes, de la beta talasemia… Asimismo se está avanzando en ensayos clínicos con el desarrollo de tratamientos de inmunoterapia contra el cáncer, puesta la mirada, a más largo plazo, en crear nuevas células para este fin. En puridad se trata de procedimientos novedosos, que exigen de tiempo para comprobar su eficiencia, y determinar si los pacientes se ven afectados por rastras adversas de ediciones de ADN no deseadas.

En consecuencia, habida cuenta de lo expuesto a lo largo de este texto, debemos ser cautelosos y prudentes, pues si bien la CRISPR puede ser muy beneficiosa para procurar salud y evitar mucho sufrimiento, deben ponerse en la balanza los riesgos y actuar en función de los principios básicos que deben guiar toda actuación en biomedicina: beneficencia, justicia y autonomía.

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[1] Véase, https://www.dciencia.es/que-es-la-tecnologia-crispr-cas9/

[2] Según el National Human Genome Research Institute: “La terapia génica es una técnica en la que se emplean uno o más genes para tratar, prevenir o curar una enfermedad o trastorno médico. Con frecuencia, la terapia génica funciona agregando copias nuevas de un gen que está dañado, o reemplazando un gen defectuoso o ausente en las células de un paciente con una versión sana de ese gen. Se ha usado terapia génica para tratar enfermedades genéticas hereditarias (como hemofilia y anemia de células falciformes) y también trastornos adquiridos (como leucemia)”. Véase, https://www.genome.gov/es/genetics-glossary/Terapia-genica

[3] Véase, https://www.science.org/content/article/how-will-we-keep-controversial-gene-drive-technology-check

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.

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