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El nacional-negacionismo y el nuevo PP


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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una foto de la Comunidad de Madrid vía flickr. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una foto de la Comunidad de Madrid vía flickr.

La Sra Ayuso, actual presidenta de la Comunidad de Madrid, ha anunciado una vez más su rechazo, está vez de las medidas de ahorro energético aprobadas por el gobierno en el marco del acuerdo de la Unión Europea para hacer frente a la represalia del régimen ruso, consistente en las restricciones de gas como respuesta a las sanciones económicas y el apoyo militar a Ucrania.

El argumento, o mejor dicho la excusa, es la defensa de la libertad y de la alegría frente a las imposiciones y la tristeza de las restricciones en los horarios de luz y consumo de energía previstos por el gobierno social comunista. Al eterno rechazo se suma la insinuación sobre un más que probable recurso a los tribunales. Todo ello como culminación de las burlas de la derecha sobre el gesto del presidente del gobierno la semana anterior recomendando no hacer uso de la corbata, con un llamamiento poco menos que a una actitud de rebeldía y a la desobediencia civil. Un verdadero esperpento.

Porque, en buena parte, la identidad de la derecha de la Comunidad de Madrid se ha labrado haciendo una oposición negacionista a las medidas que el gobierno de coalición se ha visto obligado a realizar frente al rosario de desastres que hemos vivido desde la pandemia de la covid19, la escalada de precios con motivo de la invasión y la guerra de Ucrania y también en relación a las catástrofes naturales y los enormes incendios de este verano como una de las dramáticas consecuencias de la emergencia climática.

En relación a la pandemia, la posición del PP de Madrid junto con la de la ultraderecha ha sido tan pronto pedir cuentas por lo tardío en la adopción de las medidas y por la incoherencia con la convocatoria de la movilización del 8M, como luego votar en contra de las prórrogas por la excesiva dureza del confinamiento y de la declaración del estado de alarma, y finalmente recurrir a los tribunales de justicia y al Tribunal Constitucional por una cosa y por su contrario. A tal punto, de que si algo resume su actitud es el populismo y el negacionismo como única alternativa a la gestión de la pandemia realizada por el gobierno en coincidencia con la práctica totalidad de los países de nuestro entorno europeo y occidental. En resumen, ni el rechazo ni la burla ni el recurso a los tribunales ni la llamada a la desobediencia son algo nuevo, por el contrario se han convertido en el santo y seña del negacionismo de la lucha cultural del nacional-populismo encabezado por la Comunidad de Madrid con la mirada complaciente del PP.

Un PP que ha seguido este mismo modelo de conducta ante la invasión y la guerra de Ucrania, pero sobre todo con la máxima del negacionismo en relación a sus consecuencias. Primero sobre el coste de la energía y la inflación en Europa que todavía hoy atribuye en exclusiva a la negativa gestión económica del gobierno, y en los últimos días en relación a los problemas de abastecimiento de gas y la necesidad de las medidas de ahorro y eficiencia energética en Europa, en las que no reconoce el éxito del acuerdo logrado, entre otros por el gobierno español, de reducción a menos de la mitad del recorte barajado inicialmente por la comisión Europea evitando con elo un duro impacto industrial, ni ahora la necesidad de las medidas de ahorro y eficiencia energética ni siquiera como un mal menor a corto plazo y mucho menos como un avance para la cultura ecológica de la ciudadanía española.

Lo único novedoso es que el nuevo ejercicio de negacionismo populista ocurre esta vez con el nuevo PP de la presidencia de Núñez Feijóo y tan solo después de unos días de sus declaraciones públicas en favor de la necesidad de la adopción de medidas de ahorro energético. Solo queda por saber si Feijóo se propone desmentir a la presidenta Ayuso, si por el contrario se piensa desmentir a sí mismo o si como es lo más probable dará por válidas ambas declaraciones de su partido, aunque éstas sean totalmente contradictorias. Lo cierto es que el negacionismo y la contradicción parecen ya la marca de la casa.

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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