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Miedo político y confianza institucional made in USA


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)
Donald Trump en una caricatura de DonkeyHotey vía flickr. Donald Trump en una caricatura de DonkeyHotey vía flickr.

Miedo da contemplar la deriva que siguen los acontecimientos políticos y judiciales en torno al expresidente norteamericano, Donald Trump. Y ello por las consecuencias que tal deriva proyecta ya sobre la política interior estadounidense, así como por las que pueden sobrevenir en la geopolítica mundial: la Historia nos enseña que, cuando las superpotencias topan con un espinoso problema interior, acostumbran inducir otros problemas extramuros de su territorio, para apartar la atención de aquel que, puertas adentro, más les lastima. ¿Dónde cabe situar el foco de distracción, qué país será el designado o quién será el pagano? ¿Se evaporará todo para evitar un estallido?

Por otra parte, algunas de las principales instituciones estadounidenses, como la judicial, siguen funcionando y su actividad ante la conducta siquiera anómala -presuntamente delictiva, incluso pro-golpista-, de quien fuera hasta el 20 de enero de 2021, 45º presidente de los Estados Unidos de América, parece demostrar que mantienen el pulso democrático que formalmente las caracterizaba.

Riesgos

Empero, el temor que suscita la declinación de las cosas allí guarda relación directa con la posibilidad, quizá más probable que remota, de que su desenlace pueda desembocar en una conflagración civil en el seno de la sociedad norteamericana. La polarización política e ideológica observada en su interior frisa la escisión abierta. El pasado 8 de agosto, se producía el allanamiento oficial de la residencia de Donald Trump en Florida por parte del FBI, la policía política federal. Este hecho carece de precedente conocido en la reciente historia del país norteamericano. Nadie en su sano juicio puede negar su gravedad.

La detección y requisa policial, allí, en su residencia de Mar o Lago, de documentos de un supuesto contenido nuclear, que en Estados Unidos son in nuce clasificados como alto secreto y que el expresidente republicano presuntamente hurtó y se llevó a su residencia, culminan una atolondrada trayectoria electoral, política y presidencial. Es preciso que se sepa que todos los asuntos concernientes a la carrera nuclear y a las armas atómicas en Estados Unidos son considerados legalmente alto secreto, salvo el relativo a un isótopo con proyección industrial no militar. Peter Galison, un estudioso de estos aspectos, cifraba a comienzos de nuestro siglo XXI en 280 millones el número de páginas con información clasificada de alto secreto, cuya gestión implicaría, con las dotaciones supervisoras de entonces, 9.000 años para culminar su mera lectura; y ello teniendo en cuenta que la clasificación de materiales secretos prosigue a un ritmo desenfrenado, mientras que la desclasificación se despereza muy lentamente. Estos datos permiten ver el alcance que puede adquirir, si se prueba, el hurto de tal información altamente secreta por parte de Donald Trump o de su entorno, que ha llegado a sugerir que el FBI podría haber introducido tales documentos en su residencia. Empero, de este entorno hay sospechas que haya surgido la filtración de la supuesta apropiación.

¿Quién lo filtró?

Todo lo cual lleva a plantearse para qué querría el expresidente del rubio tupé disponer en su mansión, fuera ya de la Casa Blanca, de tan comprometida información; o bien la actitud de sus enemigos, para inculparle con una acusación tan grave. ¿Chantajes políticos a gran escala, cleptomanía obsesiva, linchamiento premeditado o mero humo si se demuestra que tales documentos nunca existieron? Cabe preguntarse, además, sobre quién filtró al FBI la presencia de tales supuestos documentos, en los que sí figuraba un perfil del presidente francés, Emmanuel Macron, según la Prensa francesa. Ha de ser alguien de su inner circle, su círculo íntimo, según sugiere por su parte la Prensa inglesa.

Dos días después del registro de su mansión de Mar o Lago por el FBI, el 10 de agosto, Donald Trump era citado por la Procuradora General de Nueva York, la afroamericana Leticia James, en un interrogatorio sobre transgresiones supuestamente delictivas de cariz económico-fiscales-financieras de la Trump Organization; es éste un conglomerado empresarial inmobiliario y hotelero de enorme tamaño, propiedad del expresidente, que factura miles de millones de dólares, no presente en Bolsa y con presencia en 20 países. Tras seis horas de interrogatorio judicial, Leticia James obtuvo de Trump al parecer hasta 440 respuestas, en todas las cuales invocaba la Quinta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que permite no declarar en contra de uno mismo. En su red social propia, Trump escribía que habiendo tantos crímenes en Nueva York, qué sería lo que movía a James a distraer su atención hacia él.

Tanto el registro y la requisa documental del FBI como la vista parlamentaria incoada sobre su conducta respecto al asalto al Capitolio de Washington el 6 de enero de 2021, son denunciados por Trump y por muchos de sus millones de seguidores y votantes, como una auténtica caza de brujas y un intolerable hostigamiento de acoso injustificado contra él. Incluyen tal supuesto acoso dentro de un presunto plan que incluiría el acusarle a él de haber urdido un golpe de Estado mediante el asalto de una turba violenta de seguidores suyos al Capitolio, que dos semanas antes de abandonar la Casa Blanca, se saldó con cinco muertos y trece heridos graves por armas de fuego. Pero, el fin último del presumible cerco contra Trump, según dicen los suyos, sería el de impedir la victoria del Partido Republicano en las próximas elecciones presidenciales, a las que Trump baraja la posibilidad de presentarse para ser reelegido presidente.

El Partido Republicano, el Great Old Party del antiesclavista Abraham Lincoln en 1854, se encuentra hoy hegemonizado con un 69% de sus efectivos por Donald Trump, connotado enemigo de la inmigración indocumentada, acusado por sus enemigos de supremacismo blanco y de machista por mujeres demócratas. Candidatos apoyados por él en Wisconsin y Connecticut, han vencido en recientes primarias estatales. Concretamente en Wisconsin, el candidato apoyado por Trump ha derrotado a su rival también republicano, apoyado por Mike Pence, quien fuera vicepresidente suyo durante el 45º mandato presidencial. Pence sería tildado de traidor por los seguidores de Trump por no haber secundado su impugnación contra el resultado electoral que dio la victoria a Joe Biden. En las elecciones de medio mandato previstas para noviembre de este año, los sondeos atribuyen una clara victoria al PR, que fortificaría su posición ante las presidenciales de noviembre de 2024.

Escindida y preocupada

Es evidente que la clase política, militar y sobre todo, áulica de los Estados Unidos de América, no solo está escindida sino muy preocupada por lo que allí sucede. Tanto, que incluso se ha sugerido que el viaje a Taiwan de la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, el pasado 4 de agosto, que ha encendido todas las alarmas internacionales sobre una confrontación geopolítica abierta con China, ha sido interpretada como una cortina de humo de los demócratas. Y ello para distraer la atención mundial y apartarla de lo que se presumía ya desde semanas antes, por informaciones confidenciales en poder del FBI, que implicarían los hallazgos consecutivos de material ultrasecreto tras el registro de la residencia de Donald Trump en Florida. Otras especulaciones destacan la misma función de distracción previa, el pasado 1 de agosto, atribuida a la supuesta y reciente aniquilación desde un dron de cuchillas estadounidense, del dirigente máximo de Al Qaeda, el egipcio Al Zawahiri, presuntamente hospedado en una casa de Kabul. El dirigente islamista permanecía en clandestinidad -casi dos décadas- sin ser descubierto por la CIA, la NSA y los centenares de agencias de seguridad estadounidenses. Hay aún muchas dudas sobre este hecho.

Las personas proclives a rizar el rizo y a establecer conexiones basadas en curiosas simultaneidades subrayan que la muy reciente evocación del supuesto recurso a armas nucleares en la guerra de Ucrania obedecería al mismo propósito: aquello que los militares y agentes de Inteligencia denominan “maniobras de diversión” tendentes a apartar la mirada general sobre el foco principal, en este caso, la situación política y social en el interior de Estados Unidos. Un punto más allá de las especulaciones señala que lo sucedido ha contribuido a re-movilizar al Partido Republicano ante la presunta evidencia de que regresará a la Casa Blanca, si bien necesitaría un nuevo impulso de masas explícito en los nuevos hechos.

Músculo democrático

Sea lo que sea, no puede minimizarse la importancia de lo que está sucediendo en torno a Donald Trump, en medio de un deterioro de la imagen del presidente Joe Biden que señalan los sondeos de opinión. Si el aparato de Estado norteamericano procede abiertamente contra el expresidente, millones de votantes y seguidores de Trump pueden echarse a las calles –o armas mediante, FBI tomarse la justicia por su mano como sucedió Cincinatti, donde Ricky Shiffert tiroteó una sede del FBI y fue muerto a tiros-; ese posible efecto plantearía una impugnación abierta contra el sistema. Sistema al que el entonces 45º presidente intentó, de palabra y obra, trascender mediante su desmontaje persistente de convenciones y tradiciones, incluso relativas a las relaciones internacionales, aceptadas de consuno por la clase política estadounidense y sus aliados.

Si el aparato de Estado, policial, judicial y legislativo norteamericano, enmudece ante un caso como éste, la erosión de las instituciones democráticas y su imagen mundial como superpotencia declinante, puede intensificarse hasta extremos impensables, incluidas guerras en el extranjero. La tesitura, como cabe ver, es extremadamente compleja y arriesgada. Por todo ello, el miedo a la deriva de los acontecimientos está más que justificado.

Sin embargo, desde una perspectiva menos pesimista, el hecho de que las instituciones estadounidenses, sobre todo judiciales y el propio FBI, se hayan atrevido a investigar a un expresidente como Trump -pese a que ya había logrado sortear un impeachment parlamentario- y en la duda razonable de la prosecución, por su parte, de conductas delictivas, demuestra que el proclamado músculo democrático en Estados Unidos no ha sucumbido del todo ante los graves problemas que afronta el país.

Rafael Fraguas (1949) es madrileño. Dirigente estudiantil antifranquista, estudió Ciencias Políticas en la UCM; es sociólogo y Doctor en Sociología con una tesis sobre el Secreto de Estado. Periodista desde 1974 y miembro de la Redacción fundacional del diario El País, fue enviado especial al África Negra y Oriente Medio. Analista internacional del diario El Espectador de Bogotá, dirigió la Revista Diálogo Iberoamericano. Vicepresidente Internacional de Reporters sans Frontières y Secretario General de PSF, ha dado conferencias en América Central, Suramérica y Europa. Es docente y analista geopolítico, experto en organizaciones de Inteligencia, armas nucleares e Islam chií. Vive en Madrid.

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