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Baruch Spinoza. Prefacio


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Me parece que solito y libremente, me voy a meter en un barullo de cuidado: intentaré escribir algunas cosas sobre Spinoza, su vida y su filosofía. Lo haré apoyado en dos puntos, dos libros. El primero de Steven Nadler, en francés, por aquello del más difícil todavía. Lo leí en 2018, y ahora lo releeré. Y el otro de Atilano Domínguez Basalo, que es una especie relectura de todas las obras de Spinoza, penetrando a fondo en su filosofía.

Como creo que la mayoría ya sabe, yo soy historiador. En otras materias que también me gustan mucho – filosofía, física y mecánica cuántica – no paso de un simple amateur. Así que si algunos conceptos del spinozismo, como afectos y fluctuaciones del ánimo, conato… etc. no los llego a comprender del todo, los dejaré de lado, pues no me gustaría meter la para hasta el fondo. Vamos allá.

Como apunte hace días, Baruch Spinoza (1632-1677) era hijo de un comerciante eminente, de la comunidad judío-portuguesa de Ámsterdam. Fue uno de los alumnos más brillantes de la escuela de dicha comunidad. Pero un acontecimiento, cuya naturaleza ignoramos, se produjo en torno a sus 23 años y, entrañó la más severa excomunión (“cherem”) jamás pronunciada, por los representantes de los sefarditas de Ámsterdam. Spinoza fue obligado a abandonar la comunidad y, de hecho, a renunciar completamente al judaísmo. En el curso de los años siguientes, se convertiría en uno de los filósofos más importantes y más celebres de todos los tiempos y, ciertamente, en uno de los pensadores más revolucionarios y más controvertidos.

El porqué de la transformación de un joven, de simple adolescente judío – que llevaba, según todas las apariencias, una existencia ortodoxa perfectamente normal y, que nada le distinguía, más allá de su extraordinaria inteligencia – en filósofo iconoclasta, nos es, desdichadamente, desconocido hoy y, lo será probablemente siempre. Hay tan pocos documentos que hayan subsistido, tan escasas informaciones que podamos dar por ciertas, sobre la vida de Spinoza, en particular antes de 1661 (cuando comenzó su correspondencia) que nos vemos obligados a especular, sobre su evolución afectiva e intelectual, así como sobre las cuestiones de orden más material, que son la substancia de una existencia humana.

Lo que hace la vida de Spinoza tan apasionante, son los contextos diversos y, con frecuencia antagónicos, en los que se inscribe su vida: la comunidad de los inmigrantes portugueses y españoles, antiguos “marranos” la mayoría (judeoconversos de los reinos cristianos de la península ibérica, que "judaizaban", es decir, que seguían observando clandestinamente sus costumbres y su anterior religión); la vida política agitada y la cultura resplandeciente de esta joven nación (Holanda) que conoció, a mitad del siglo XVII, lo que ha devenido en llamarse “su edad de oro”; y, muy especialmente, la historia misma de la filosofía.

En tanto que judío, aunque “apóstata”, Spinoza permaneció, hasta cierto punto, como extranjero en este tierra calvinista, en la cual había nacido y que, según nuestro conocimiento, jamás abandonó para viajar. Pero tras su excomunión o “cherem”, de la congregación Talmud Torah y, su exilio voluntario lejos de su ciudad natal, Spinoza nunca se consideró ya judío, prefirió considerarse simple ciudadano de la república holandesa y, muy posiblemente, también ciudadano de la república de las Letras, de carácter transnacional.

Como ya he insinuado más arriba, mi intención no es investigar y presentar, las múltiples fuentes del pensamiento de Spinoza, ni de todos los pensadores y todas las tradiciones, que han podido influir en su obra. Tampoco soy tan iluso, como para pretender mostrar todas las sutilezas del spinozismo. Soy incapaz de escribir ni siquiera una sucinta “biografía intelectual”, del judío holandés. Lo que pretendo modestamente, es iluminar la vida, la época y los pensamientos de un eminente filósofo. Mi único deseo, es el de escribir sobre como los diversos aspectos de la vida de Spinoza, se conjugaron, para producir uno de los pensadores más revolucionaros de la historia.

¿Qué significaba ser filósofo y judío, en el siglo de oro en los Países Bajos?

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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