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Las rubias del verano


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Ahora que nos hemos quedado sin verano quiero hablar del verano. Y de las rubias. Es verdad que las rubias triunfan en todas las estaciones, pero es en verano cuando explotan como objetos de deseo. En agosto se cumplieron sesenta años de la muerte en extrañas circunstancias de la rubia más fantasiosa del cine, Norma Jean Mortenson, Marilyn Monroe para la eternidad. Evocaré también en esta hora del temprano otoño a la sublime Grace Kelly, de cuya muerte en la carretera han pasado cuarenta años: Grace era la reina de todas las rubias que en nuestras quimeras han sido, princesa de la promiscuidad entendida como sal de la vida. Contaba Gary Cooper que la Kelly era fría como un témpano, pero tan pronto como “la desnudabas se volvía un volcán”. El cine ha dado rubias formidables, y la propia naturaleza no se cansa de producirlas en toda su hermosura, variedad y esplendor. Mi amigo Jesús Nieto Jurado, que es un columnista joven y de un talento arrollador, publicó hace unos años una novela muy cinematográfica titulada “El año de la rubia”. Aquella rubia era la de sus sueños húmedos de veinteañero, modelados con una prosa proustiana y un toque de elegante umbralismo. Con todo, yo no he venido hoy a este rincón señorito de “El Obrero” a hablar de rubias de carne y hueso, ni de rubias de encarnadura literaria y cinematográfica, o no he venido solo a eso, o no a eso de manera prioritaria, sino a dilucidar sobre otras rubias más populares, al alcance de todos los paladares, rubias que celebran ellas y ellos, aunque parece, sin necesidad de hacer una cala sociológica, que son los varones los que más las consumen. Algunos se delatan con sus imponentes barrigas, pese a que dice mi amigo José Luis Ramírez, el mayor sabio en estos asuntos que conozco, que es una leyenda urbana eso de que la cerveza engorda, que lo que engorda son las tapas que se toman de acompañamiento. La idea de este artículo me vino de la abrumadora cantidad de memes que me han llegado este verano enalteciendo la cerveza cual delicia limítrofe con el séptimo cielo: una verdadera invasión. En mi caso, los chistes de WhatsApp me los han enviado casi todos hombres, lo que me hace pensar en un sesgo de género en la pasión por este tipo de rubias.

Hablamos de rubias para referirnos a la cerveza en un ejercicio de metonimia, pero las hay también negras y rojas. Aun así, es cierto que en España y sobre todo en verano ganan por goleada las rubias. Me van a permitir un juego de palabras peligroso en estos tiempos de vigilantes de la playa moral, pero no me resisto a señalar que en contraposición con lo que sucede en el erotismo, en materia de cerveza en España las rubias nos gustan muy frías, gélidas, a punto de hielo. Eso nos convierte en unos bebedores de cerveza atípicos, en tanto que cuanto más fría está la bebida menos notamos el sabor. Al respecto, el sabio antes mencionado, José Luis Ramírez, a quien alguna vez definí como una enciclopedia líquida, es muy crítico y dice que en torno a los cero grados la cerveza pierde en buena medida su aroma. Él tiene un termómetro, que saca en ocasiones, para comprobar si la cerveza se tira o no adecuadamente y poner en evidencia, si viene a cuento, al tirador pillado en falta. José Luis, que está en el libro Guinness por haber dispuesto del bar con más tipos de cerveza por metro cuadrado del mundo, tiene en el barrio madrileño de Chamberí un local destinado en exclusiva a la cerveza internacional, que es un templo para bebedores con criterio. Allí la joya es una cerveza belga de abadía, Te Deum, creada por él en colaboración con un maestro cervecero belga. La cerveza de abadía viene fabricándose ininterrumpidamente desde el siglo VI, cuando se instauró la orden de San Benito, cuyo lema es ora y labora. Los monjes trabajan en la elaboración de cerveza, que comercializan, en tanto ellos la toman como sopa fría. Un gran aficionado a esta bebida fue el emperador Carlos I de España y V de Alemania. Cuando en 1556 abdicó en su hijo Felipe II, se retiró al monasterio de Yuste en Extremadura. Allí el agua no era potable, por lo que los monjes se encargaban de hervirla. De todos modos, el agua no fue problema para el emperador, que se trajo a su maestro cervecero y tomaba casi exclusivamente el preciado y apreciado líquido. Cuentan los cronistas que se bebía seis litros de cerveza diarios, aunque seguramente eran de muy baja graduación.

En la estela de Carlos V, España es hoy el segundo país que más cerveza consume del mundo, con 417 litros per cápita y año. En este ranking de la cebada y el trigo aromatizados con lúpulo solo nos supera la República Checa, en tanto Alemania se sitúa en tercer lugar. La cerveza, cuya invención se atribuye a los sumerios, es la bebida alcohólica más antigua. Las primeras referencias son de hace 4000 años y figuran en tablas de arcilla. En Egipto, a los constructores de las Pirámides, que en contra de una idea muy extendida no eran en su mayoría esclavos, no se les pagaba con dinero, sino con cerveza, la bebida alcohólica más consumida del mundo, a considerable distancia del vino. De todas estas cosas me pone al tanto mi amigo José Luis, mientras degustamos una Te Deum tostada. Estamos en Oldenburg, su cervecería, cuando nos aborda un parroquiano con asiento fijo en este santuario de gente con licencia para beber:

- “José Luis, si alguna vez tengo que vivir enchufado a una máquina espero que sea a un grifo de cerveza”.

Y así hemos pasado la tarde, evocando el verano que se nos fue, y rodeados de bebedores entusiastas y discretos.

 

Juan Antonio Tirado, malagueño de la cosecha del 61, escribe en los periódicos desde antes de alcanzar la mayoría de edad, pero su vida profesional ha estado ligada especialmente a la radio y la televisión: primero en Radiocadena Española en Valladolid, y luego en Radio Nacional en Madrid. Desde 1998 forma parte de la plantilla de periodistas del programa de TVE “Informe Semanal”. Es autor de los libros “Lo tuyo no tiene nombre”, “Las noticias en el espejo” y “Siete caras de la Transición”. Aparte de la literatura, su afición más confesable es también una pasión: el Atlético de Madrid.

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