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Necesaria reflexión autocrítica de la izquierda tras las elecciones italianas


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Las elecciones legislativas en Italia han aupado al poder a la coalición que encabeza la neofascista Giorgia Meloni y que también incluye a la extrema derecha de la Liga de Matteo Salvini y a la vetusta Forza Italia de Silvio Berlusconi. Tendrán el control del Parlamento y estarán en condiciones de formar gobierno y poner en marcha la administración más derechista en ese país desde la Segunda Guerra Mundial.
El neofascismo, en cualquiera de sus facetas, está a la ofensiva en toda Europa. Supone el auge de la retórica regresiva, xenófoba y autoritaria. Ya no se trata de Estados del Este Europeo, sino de la Italia partisana que derrotó a Mussolini, la Italia que sostenía al mayor Partido Comunista del Occidente europeo y al más amplio y dinámico mundo de la cultura de izquierdas, la misma Italia de las grandes centrales sindicales.

Se necesita una perspectiva estratégica de largo alcance que presente un modelo de sociedad que dé seguridad a quienes hoy están en la incertidumbre de no saber cómo hacer frente a una crisis que ha puesto en cuestión su modo de vida

Son días tristes para el pueblo italiano, pero también para todas las personas que han contribuido a derrotar al fascismo. Creíamos que esas políticas nunca volverían, no es así. Esto debe llevar a la reflexión y a la autocrítica. Algo mal se habrá hecho o se está haciendo desde las fuerzas políticas de izquierda, sociales o sindicales para que el fascismo no sólo no dé miedo, sino que sea atractivo para un amplio espectro de la sociedad ante una situación de incertidumbre que provoca miedo.

Para algunas personas este apoyo es una expresión de protesta contra la política neoliberal dominante, la misma que ha conducido a la dramática situación social actual, pero también es una respuesta a la incapacidad de la izquierda para configurar una alternativa entendible y creíble a esa política neoliberal. Estamos seguros de que la extrema derecha no protegerá a los trabajadores ni a quienes están en la primera línea de las crisis emergentes. Detrás de estas fuerzas populistas están las grandes empresas que siempre encuentran fórmulas para controlar la economía cuando les fallan las soluciones liberales; nada nuevo en la historia.

Los resultados electorales de Italia son sólo la punta del iceberg que pone en evidencia cómo el pensamiento reaccionario, xenófobo, antisocial e insolidario nos gana en Europa la hegemonía a las fuerzas progresistas. Muestra lo imprescindible que es forjar una alternativa de izquierda genuina, que luche por la clase trabajadora, las mujeres, los migrantes, las personas LGBTQ+, por el clima y todos a quienes afectan las crisis actuales y las amenazas de la extrema derecha.

Pero esta alternativa ni se improvisa, ni se construye de forma teórica alejada de la realidad. Se necesita una reflexión amplia que implique una respuesta inmediata a los problemas de una mayoría de víctimas de sucesivas crisis, pero también una perspectiva estratégica de largo alcance que presente un modelo de sociedad que dé seguridad a quienes hoy están en la incertidumbre de no saber cómo hacer frente a una crisis que ha puesto en cuestión su modo de vida.

Hay que tomar nota de lo ocurrido en Italia y ser conscientes de que la alternativa a este Gobierno de coalición no es otra que uno de la derecha extrema, sea en la fórmula que sea. El resultado de las próximas elecciones se medirá más por el éxito o fracaso del Gobierno que por los aciertos de la oposición, y en esta vara de medir es fundamental el cumplimiento de los acuerdos que dieron lugar a la mayoría parlamentaria que permitió constituir el actual Ejecutivo. Los problemas de una gran parte de la ciudadanía tienen solución desde políticas socialmente avanzadas, solidarias, feministas, ecologistas, es decir, desde políticas de izquierdas. La pluralidad del Gobierno de coalición es un valor, no un problema. Si estas cuestiones se asumen de buena manera, sin trampas y sin ceder a las presiones de los poderes económicos, el ciclo electoral que se abre en España con las municipales puede ser el revulsivo que cambie la dinámica en toda Europa.

Responsable federal de la Conferencia Interparlamentaria de Izquierda Unida y presidente del Partido Comunista de España (PCE), partido del que ha sido secretario general entre 2009 y 2018. Maestro de profesión, fue concejal en el Ayuntamiento de la localidad malagueña de Benalmádena, provincia donde inició su actividad política y por la que fue elegido diputado al Congreso en 1993, 1996 y 2000. En la X Legislatura (2011-2015) volvió a la Cámara Baja como diputado por Sevilla, ocupando la portavocía del Grupo Parlamentario de IU, ICV-EUiA, CHA-La Izquierda Plural.

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