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La derecha populista contra la salud pública


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

El nuevo compromiso de aportación del gobierno de España al fondo del programa de salud global ha sacado a la luz los peores instintos de la derecha populista, de la ultraderecha pero también de buena parte de la derecha, y de su aparato de propaganda de medios de comunicación y redes sociales en contra la aportación española a la agenda 2030 dentro de los objetivos del milenio de la Organización de las Naciones Unidas.

Se suma con ello al bulo de la financiación de la fundación del multimillonario Gates y a la teoría de la conspiración globalista que tiene a Bill Gates y Warren Buffet entre los demonios familiares de la nueva ultraderecha populista y en particular dentro de ella del trumpismo. Nada de esto ocurría cuando era el gobierno del PP de Mariano Rajoy el que anunciaba la participación de España, aunque menguante, al mismo fomdo de salud global en más de una ocasión a lo largo de la legislatura.

Y es que dicho programa de partenariado ya desde hace dos décadas va destinado a la prevención del SIDA, la malaria y la tuberculosis en el mundo y a lo largo de su desarrollo ha obtenido resultados positivos en cuanto a disminución de la incidencia y de la letalidad de las principales pandemias que aún hoy azotan a buena parte de la humanidad. Gracias al mencionado Fondo, millones de personas han recibido protección frente a la malaria, tratamientos antirretrovirales contra el sida y más del doble fueron diagnosticadas y tratadas frente a la tuberculosis. Preccisamente por eso recientemente  ONUSIDA, UNICEF y la OMS han formado una nueva alianza para corregir una de las disparidades más flagrantes encontradas en la respuesta al sida, como es el bajo nivel de tratamiento que apenas alcanza a la mitad de los niños que lo padecen.

Por tanto, nada ha cambiado en el plan de salud global sino para la ampliación de su cobertura y para la mejora de su accesibilidad. Lo que por el contrario sí ha cambiado es la derecha española que de apoyar el programa se ha sumado ahora a la estrategia de la ultraderecha internacional de los hechos alternativos, la teoría de la conspiración y las fake News contra los organismos internacionales como la ONU, contra los objetivos del milenio y la agenda 2030 y contra las alianzas para la prevención y la lucha contra las pandemias. Una agenda 2030 que desde su aprobación se ha convertido en la fuente de todos los males y en el enemigo a batir para la ultraderecha.

Coincidiendo con esta campaña frente a la estrategia de salud global, la derecha populista ha aprovechado la comparecencia de la ministra de igualdad Irene Montero sobre la salud sexual y reproductiva en adolescentes, para manipular sus declaraciones en sus medios afines, al objeto de calumniarla, para luego presentar una denuncia contra ella acusándola nada menos que de inducir a la corrupción de menores y la pederastia. Algo disparatado si no se inscribiese en la judicialización de la política, cada día más utilizada como parte de la oposición política dentro de la lawfare de las derechas a nivel internacional. En la misma sesión parlamentaria, el PP ha aprovechado para cuestionar con dureza la política de su departamento. De nuevo dentro de un tándem que se reparte como un tándem la oposición al gobierno.

Con ello, la ultraderecha da continuidad a la política y el relato negacionista que ha desarrollado de forma vergonzante a lo largo de la pandemia, primero frente a la OMS y el origen chino del virus, y luego frente a las medidas de confinamiento y de distanciamiento aprobadas por los gobiernos en aras de la salud pública, con la excusa de la defensa de una libertad sin restricción alguna, entendida ésta solo como libertad económica y de consumo, aunque sea a costa de la transmisión del virus, de la salud y de la sobremortalidad y del síndrome postcovid. Contando para ello con la colaboración de una parte cada vez mayor de la derecha y su modelo de oposición oportunista con el objetivo de la deslegitimación y desestabilización del gobierno, tanto política como mediática e incluso judicial y en la mayoría conservadora del propio Tribunal Constitucional.

No es mera coincidencia que a estas campañas de la ultraderecha se sumen ahora a la agitación del malestar social y la desconfianza política con respecto a las disfunciones de la sanidad pública a consecuencia de la presión de la pandemia, favorecida por la fragilidad provocada por los recortes realizados precisamente por los gobiernos conservadores durante la última década, y ya a lo largo del último año como consecuencia de la escalada de precios como principal efecto de la guerra en Ucrania y de sus consecuencias sociales, en detrimento de las rentas bajas y medias y de su capacidad de consumo. Como tampoco lo es que a día de hoy por parte de la derecha, y en clave electoral, se promuevan las bajadas generalizadas de los impuestos tanto al patrimonio, a la renta y también al consumo, con  argumentos falaces como el exceso de ingresos o que el mejor sitio para el dinero es que se queda en el bolsillo de los ciudadanos, o lo que es aún peor, que los impuestos son un robo para mantener los chiringuitos y las paguitas del gobierno socialcomunista, cuando el coste de las medidas frente a la pandemia y de protección frente a los efectos de la inflación asciende en conjunto a más de sesenta mil millones de euros.

Lo que se pretende en realidad es aprovechar el desgaste y el consiguiente descrédito de los servicios públicos del estado de bienestar, y más en concreto de la salud y la sanidad pública, que han jugado un papel fundamental para hacer frente a la pandemia, para  desmontar la fiscalidad y con ello el pilar fundamental de la justicia distributiva en la que ésta se sostiene, favoreciendo los futuros recortes presupuestarios, el deterioro de la sanidad y con todo ello la conversión del derecho a la salud y de la sanidad pública en un nuevo nicho de negocio.

No en vano Giorgia Meloni, a la sazón futura primera ministra de Italia, ha mostrado su rechazo a lo que denomina el globalismo, a las medidas de salud pública adoptadas en la pandemia y al tiempo su decidida voluntad de cambiar el actual estado de bienestar. Más claro el agua.

Mientras tanto, las recomendaciones del parlamento y de las instituciones internacionales a raíz de la pandemia y de la guerra parece que van en sentido contrario. Tanto la OCDE como el FMI y la Comisión Europea han recomendado a los países miembros el reforzamiento del estado de bienestar y en particular de la salud y la sanidad públicas, y para ello el aumento y la mejora de la progresividad de los impuestos sobre todo a los patrimonios y las rentas más altas, y por contra han rechazado las rebajas lineales de impuestos como las que propugnan la derecha y la ultraderecha, recomendando ayudas específicas a los sectores y colectivos más afectados por la escalada de los precios. Lo que unos y otros en la derecha populista denominan despectivamente las paguitas.

Finalmente, el gobierno reacciona poniendo en marcha una parte de las recomendaciones del libro blanco de la reforma fiscal.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.

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