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De nuevo el cerebro


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

En 2013, siendo Presidente de los Estados Unidos Obama, se inicia el Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies, cuyo investigador principal es el neurocientífico español Rafael Yuste, con un presupuesto de 6.000 millones de dólares en 15 años. Este macro-proyecto centrado en el desarrollo de técnicas para mapear la actividad de los circuitos neuronales supone un hito en el ámbito de la ciencia, pues a medida que avancemos en su conocimiento curaremos enfermedades cerebrales. En aquellas fechas Yuste declaró: “Es un momento histórico en el sentido de que la humanidad empieza a darse cuenta de que tenemos que entender cómo funciona el cerebro. No podemos seguir con esta ignorancia sobre los circuitos cerebrales” (que cuenta con 100.000 millones de neuronas y 10.000 conexiones cada una de ellas). Tuvo su réplica en Europa con el Human Brain Proyect, con una financiación notablemente inferior de 2.000 millones de dólares.

En enero de 2022 participó en unas jornadas organizadas por la Fundación Ramón Areces, en las que hizo la previsión de que en 10 o 20 años “como mucho” habrá tecnología para manipular el cerebro y declaró: “El cerebro humano tiene tantos nodos o conexiones como tres veces todo el Internet de la Tierra. El objetivo principal de estas investigaciones hacia tecnologías que permitan adentrarse en el cerebro humano es la búsqueda de soluciones y tratamientos a enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson, la depresión, la epilepsia, la esquizofrenia”.

Los impactos bioéticos dieron lugar, en el primer caso, a la formación de la Presidential Commission for the Study of Biotethical Issues que puso en valor a la neuroética, el Human Brain Proyect creó el SP12 Ethics and Society, con la finalidad de analizar sus efectos industriales, económicos, sociales, éticos, jurídicos… y las repercusiones de la que se ha denominado neuroética.

Por neuroética se entiende “… una parte de la bioética que surge de la reflexión y deliberación de los conocimientos adquiridos con el progreso de la neurociencia, su relación con la mente humana, su impacto en el comportamiento y la identidad del propio ser. La Neuroética comprende aspectos científicos, filosóficos, sociales, legales y políticos que del propio conocimiento científico y sus funciones surgen de la investigación”. Se rige por los principios éticos de no maledicencia, beneficencia, autonomía y justicia[1]. Rafael Yuste, hace años, dio un paso más, revelando obligatorio añadir a la Declaración Universal de Derechos Humanos, los que denomina Neuroderechos.

En el Estudio Delphi sobre tendencias en Ingeniería Genética humana y Biotecnología, 2021 del Centro Investigaciones Sociológicas se preguntó a los expertos sobre “la finalización de los primeros mapas funcionales del cerebro”. Consideraron que en 2035 será una realidad, con una seguridad media en su previsión (3)[2], al tiempo que lo valoraron de gran importancia (4). Coexistían dos puntos de vista: los que atribuían que “ya se podría hacer, al menos parcialmente” y los que se instalaban en la idea de que “la complejidad del cerebro humano no permitirá que los descubrimientos científicos tengan una aplicación clínica inmediata”. En su caso, estimaron “supondrá un salto en las neurociencias y en las ciencias cognitivas”. Otra previsión conexa de los expertos fue que para el 2035 la “la edad media de vida alcanzará los ciento veinte años o más como consecuencia, entre otros factores del avance de la biogenética”. Resultan significativas las palabras de uno de ellos a respecto: “aumentarán, seguro, las expectativas de vida, pero en casi cuarenta años lo veo excesivo, será necesario revertir o impedir el envejecimiento celular de todo el cuerpo, en particular, del cerebro”.

De lo que no hay dudas es, como apuntaba recientemente Alberto Lleó, director de Neurología del Hospital Pau de Barcelona “el auge de las enfermedades neurológicas puede acabar tensionando los sistemas de salud”[3], si bien: “Probablemente, de aquí a uno o dos años, podemos tener ya en el mercado un tratamiento para tratar efectivamente la enfermedad neurodegenerativa más frecuente” (fundamentalmente con inmunoterapia). Ahora bien, juzga que la curación definitiva vendrá de la mano de la terapia génica, que acometerá con éxito las que tengan una base genética[4].

Dos patologías, con una cada vez mayor prevalencia, en los países más desarrollados, son el Alzheimer y el Parkinson. Según los expertos del precitado estudio Delphi: “En España se curarán enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson (utilizando células troncales u otras técnicas)” y “… se curarán enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer (utilizando células troncales u otros procedimientos)”. En ambos casos la seguridad en la previsión fue media (3), enjuiciando de bastante importancia (4) su abordaje terapéutico. Sobre el Parkinson contemplan que actualmente “más que curar se busca prevenir”, pues “… aún no se tiene conocimiento suficiente del funcionamiento cerebral para llegar a poder curar este tipo de enfermedades”. Si bien “las neurociencias, con el empuje generado por los proyectos Brain en Estados Unidos y en la Unión Europea impulsarán tratamientos para enfermedades neurodegenerativas”. Comparten que “no necesariamente tiene que venir la curación por células troncales, pueden desarrollarse fármacos o terapias dirigidas, pero primero hay que conocer la causa” y que “… lo que hace falta son más progresos en moléculas terapéuticas”. Respecto a la curación del Alzheimer distinguen que “… es más complicado que el Parkinson” por tratarse, “… quizá de una enfermedad muy plurifactorial”. Por lo que “… hace falta un importante impulso de la investigación básica para profundizar en los tratamientos… El problema que habrá que resolver no será sólo utilizar células troncales u otras técnicas, sino también como implantar esas células y conectarlas entre sí (las neuronas y sus dentritas) … Tal vez aquí las dificultades técnicas sean mayores”.

Como vemos el futuro de la neurociencia es muy prometedor, significativos son los avances que se han producido a día de hoy, si bien todavía queda un largo camino por recorrer. Serán, precisamente, los cerebros de eminentes científicos los que nos iluminarán hasta llegar a la meta. De nuevo el cerebro…

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[1] Véase, https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1886-58872013000200005&script=sci_abstract&tlng=pt

[2] Los expertos se situaban en una escala del 1 al 5: 1 nada seguro y 5 muy seguro de su previsión y 1 nada de importancia y 5 mucha importancia del item.

[3] Véase, https://elpais.com/salud-y-bienestar/2022-09-20/alberto-lleo-en-el-ictus-tiempo-es-cerebro-cuanto-mas-tardes-en-llegar-al-hospital-mas-desgaste-cerebral-habra.html

[4] Véase, https://elpais.com/salud-y-bienestar/2022-09-20/alberto-lleo-en-el-ictus-tiempo-es-cerebro-cuanto-mas-tardes-en-llegar-al-hospital-mas-desgaste-cerebral-habra.html

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.

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