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Los marxistas, la mujer y la familia en una Rusia que desde entonces, se busca a si misma


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Lo esencial sobre estos dos puntos se encuentra en el Manifiesto del Partido Comunista, de 1848, que luego, en 1884, desarrolló Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Para los marxistas, la familia, y por tanto, la mujer en la familia -depende de la estructura económica y de la naturaleza del Estado. La familia burguesa, fundada en el beneficio, solo tiene una función (re)productora. El capitalismo explota al proletariado y destruye a las familias; la burguesía perpetúa, mediante el adulterio, la comunidad de mujeres casadas, y con la prostitución, la de las obreras. Según este análisis, la inmoralidad es consustancial al capitalismo y a la burguesía. Si se suprime la estructura económica, la familia burguesa desparece ipso facto, lo mismo que la prostitución. A partir de ese momento, la mujer obtiene la igualdad total de derechos civiles. La organización común de las tareas domésticas y la asunción de la educación de los hijos por el Estado le permiten trabajar y tener independencia económica. Pero entonces, ¿en qué se convierte la familia? Hemos asistido al sistema organizativo soviético que no vamos a relatar aquí por cuestiones obvias, pero sí, dar un salto en pensamiento desde los ideólogos primeros que lucharon y apuntaron como pioneros ideológicos lo que sería una conciencia nueva, ahora vemos con acritud la confusión generalizada.

La obra marxista fundamental de August Bebel, titulada La mujer y el socialismo, del año 1879, analiza la condición económica y sexual de la obrera a la luz de El Capital, de Marx, de donde extrae las ideas fundamentales. Bebel reconoce que la desigualdad podría deberse también a los hombres mismos, y no únicamente al sistema burgués. Pero subraya que la obtención de derechos puramente femeninos no resolverá el problema general de la alienación femenina y que únicamente la supresión del vínculo económico puede liberar a la mujer de la tutela masculina. También la mujer debe luchar por la Revolución con el proletariado. Del matrimonio solo dice que se debe tomar en serio, no subestimar los deberes y buscar la permanencia.

Marx, Engels y Bebel, tan precisos en la descripción del engranaje capitalista, son evasivos en lo que respecta al futuro. Ese futuro ya está aquí y el punto de partida, quedó enterrado por unos años. Cuando se consideraba que la Revolución crearía obligatoriamente nuevas relaciones entre los sexos: económicas, y por tanto, sociales y humanas. Todo reside en el “por tanto”. Se considera que la familia antigua desaparece y se regenera. Para los marxistas, y los revolucionarios en general, el combate puramente feminista es una desviación burguesa que impide la unidad y retrasa la Revolución. Así pues, en la izquierda no se produce un verdadero debate sobre la cuestión femenina. Hay un hecho que lustra muy bien el bloqueo de los marxistas en este tema. La bolchevique Inés Armand, que deseaba armonizar moralidad, sexo y comunismo, escribió o quiso escribir en 1915 un panfleto para exponer sus opiniones sobre la pareja. Lenin la disuadió de hacerlo tachando sus ideas de izquierdistas. Ella cedió. Un claro ejemplo de lo que Kollontai denominó conflicto entre “el dragón y el pájaro blanco”, la negativa masculina ante el impulso creador femenino.

La situación actual es tan explosiva, tan al rojo vivo están las tensiones y las contradicciones, que la tentación estalinista resulta muy fuerte hoy. Si los partidarios del orden se imponen, las mujeres de nuevo están condenadas al estatus quo. Si, por el contrario, se modifica en profundidad la estructura económica y social, el problema femenino corre el riesgo de quedar remitido a un futuro lejano o arrinconado en un proyecto de reestructuración total, como ya pasara en 1917, pero con diferencias inexplicables. Rusia, me temo que vuelve al punto de partida, la cuestión femenina que obsesionaba a las revolucionarias del siglo pasado, tiene hoy más vigencia que nunca.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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