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Terraplanismos económicos


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

El terremoto ocurrido en el Partido Conservador del Reino Unido con la dimisión de la primera ministro Liz Truss ‘la Breve’ –hay que recordar que es la segunda dimisión de un primer ministro conservador en menos de cuatro meses– ha puesto en evidencia la inconsistencia de una de las recetas clásicas de la derecha: bajar los impuestos –sobre todo a los más ricos, aunque esto no lo explicitan– es bueno para la economía.

Lo sucedido en el Reino Unido con Liz Truss ‘la Breve’ pone en evidencia que el neoliberalismo es una teoría política y económica completamente finiquitada, incluso en el Reino Unido, incluso en el Partido Conservador británico

No han sido las críticas de renombrados premios Nobel de Economía, o del opositor Partido Laborista, lo que ha hecho que Liz Truss primero retirara su paquete de “regalo fiscal” a los más ricos, y luego tuviera que dimitir abochornada por las dimisiones de sus propios ministros. No, esta vez han sido los propios mercados financieros los que han considerado que la política económica que intentaba articular la líder ‘tory’, y que iba a generar un impresionante volumen de deuda pública en los próximos años por las rebajas fiscales, era puro terraplanismo económico.

Resulta interesante analizar con detalle lo que ha intentado hacer la émula de Margaret Thatcher. Y por ello conviene recordar que en la campaña de las primarias del Partido Conservador Liz Truss intentó mimetizarse tanto con la ‘Dama de Hierro’ que en varios debates vistió prendas muy parecidas a las que vestía Thatcher hace tres décadas: blusa de lazada, perlas, laca en el pelo y bolso rígido. La primera conclusión, eso que me trae a la memoria es la famosa frase de Carlos Marx: «La historia se repite dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa«​. Es indudable que lo sucedido en el Reino Unido pone en evidencia que el neoliberalismo es una teoría política y económica completamente finiquitada, incluso en el Reino Unido, incluso en el Partido Conservador británico.

Merece la pena reflexionar sobre el hecho de que lo sucedido también es una consecuencia del Brexit. La presión de los mercados financieros sobre el presupuesto que se quería aprobar en el Reino Unido vuelve a poner de manifiesto que ningún país cuya moneda no sea una moneda de reserva internacional puede afrontar procesos de endeudamiento público muy elevados, algo de lo ya había constancia desde los años ochenta. En esos años, por el fuerte incremento del gasto público vivido en varios países; ahora, por la previsión de una drástica reducción de ingresos fiscales en el Reino Unido.

Sólo EE UU y, en menor medida la Unión Europea, en virtud de que el dólar y el euro son monedas de reserva internacional pueden afrontar elevados procesos de endeudamiento público sin graves tensiones. El dólar representa un 58,8% de las reservas mundiales en 2021 y el euro un 20,6%. Ambas son, con mucha diferencia, las principales monedas atesoradas por otros gobiernos e instituciones internacionales, y también son las principales monedas en las que se establecen los precios de la mayor parte de las materias primas básicas del comercio mundial, como el petróleo y el oro. Ello es lo que permite que la capacidad de endeudamiento público y exterior de EE UU y la UE sea mucho mayor que el resto de países del planeta.

En octubre de 2022, la deuda Pública de EE UU alcanzó los 31 billones de dólares –billones en términos europeos–, un 123% de su PIB, y en el primer trimestre de 2022 la deuda pública de todos los países de la zona euro casi llegó a los 12 billiones de dólares un 96% del PIB de esos países europeos.

Conviene también tener en cuenta que el fondo NextGeneration, para la recuperación de la crisis del Covid-19, que fue aprobado en julio de 2020 por un monto total de 0,75 billones de €, se está financiando, por primera vez en la historia de la UE, con emisión de deuda pública comunitaria mancomunada. Lo que ha acabado con otro tótem del terraplanismo económico, éste enunciado con contundencia por la propia Angela Merkel hace una década cuando dijo que eso nunca se produciría en la Unión Europea.

Otro importante ejemplo de terraplanismo económico desmentido por la obstinada realidad es el relativo a que no había que interferir en la conformación de precios energéticos ya que éstos operaban en mercados eficientes. La crisis energética derivada de la brutal invasión rusa de Ucrania está obligando a los gobiernos nacionales –los pioneros han sido España y Portugal– y a la propia Comisión a poner freno a los “superbeneficios” de las empresas eléctricas y petrolíferas que operan en mercados no competitivos, en los que detentan un enorme poder de mercado gracias al cual imponen precios abusivos a consumidores y empresas de otros sectores económicos.

Por último, ya en un ámbito más nacional merece la pena recordar las críticas suscitadas, ya hace casi cuatros años, frente a la subida del SMI de un 22,3% por importantes instituciones económicas, y algún banco muy relevante, debido a los terribles efectos que esa medida iba a tener en el empleo. Todos estos organismos –como el Banco de España, la AIReF, el BBVA– supuestamente tenían un alto grado de solvencia en sus análisis. Pero ni ese incremento del SMI ni los posteriores, algunos avalados incluso por la CEOE, que finalmente han supuesto un incremento del SMI del 36% en cuatro años, han impedido que actualmente tengamos un volumen de ocupados superior a los 20 millones, después de dos crisis exógenas como han sido la del Covid y la de la guerra de Ucrania. Una cifra que es casi similar al máximo alcanzado por la economía española a finales de 2007, antes de la crisis financiera que supuso el fin de otro dogma terraplanista, aquel que decía que los mercados financieros se autorregulan eficientemente.

Ninguno de esos terraplanistas económicos que criticaban la subida del SMI habían leído las palabras del Nobel Joseph Stiglitz: “El incremento del salario mínimo tiene un impacto negativo insignificante o incluso positivo sobre el empleo y, sin embargo, es un elemento básico para lograr una reducción de las desigualdades sociales”. O tal vez es que las desigualdades sociales no son una materia de interés para los terraplanistas económicos.

 

Economista. Adjunto a la Secretaria General de CCOO.

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