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LA CAUSA
Una novela por entregas de
Rosa Amor del Olmo
Sonia una joven burguesa madrileña descubre el día de su cumpleaños que su casa está vacía, sus familiares han desaparecido de la manera más extraña. Tiene que abrir un Diario que alguien dejó a la vista en el día de su aniversario. Sorprendida en su propia casa por los Servicios de Inteligencia del Gobierno, la Brigada Político Social (CESIBE), tiene que comenzar una aventura de espionaje, donde Federico Sánchez, Santiago Carrillo, el doctor Poole o el Teniente Coronel Aguado formarán parte directa de su vida.

Una maraña de causalidades entre combatientes de la resistencia en Madrid, descubren a la protagonista una verdad desconocida para ella. Un viaje de pesquisas a Moscú hará de Sonia una nueva persona, afrontando acciones asombrosas al lado de un Nikita Jruschov en decadencia. Los acontecimientos girarán alrededor de un gran todo que es: la causa, donde el fin justificará los medios.
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La Causa

Capitulo XI

(Tiempo de lectura: 13 - 25 minutos)

Cuando despertó de la aventura en el sur de Rusia, estaba algo cansada y con ciertas secuelas de las torturas que había padecido en el interrogatorio de los militares, de modo que le costaba caminar. Se le habían dañado los nervios ciáticos y apenas podía moverse, aunque para una mujer como Sonia sería corto el desafío y tenía su misión que hacer, su causa.

Capítulo X

(Tiempo de lectura: 11 - 21 minutos)

Sonia salió de la dacha de su padre para irse a su apartamento, antes habían cenado una sopa borsch que a ella le encantaba, por primera vez en su vida sintió lo que significaba un hogar. Lágrimas del fondo de su alma querían salir pero no podían porque ella misma las reprimía, se había hecho experta en disimular las emociones, solo que había momentos realmente crudos. Cuando se subió al coche que la estaba esperando, no dejaba de dar vueltas a la idea de porqué su padre adoptivo Juan Santiago Burgos, no le había dicho nada hasta ese momento, por qué habían intercedido los de inteligencia esa carta, ¿acaso lo sabían de hacía tiempo? ¿Y la Guerra fría? ¿Y la OTAN? No hemos hablado nada de eso, pensaba para sí misma.

Capítulo IX

(Tiempo de lectura: 10 - 20 minutos)

Como los Burgos tuvieron que regresar tras haber roto las relaciones con los soviéticos e iniciar su andadura en España, cambiaron radicalmente sus costumbres haciéndose anticomunistas hasta el punto de que Franco, junto a otros que consideraba héroes como Harold Adrian y Russell Philby, fueron condecorados. Esto les abriría camino, bastante camino. Tanto Philby, como Elisa Martínez o el propio Juan Santiago, eran entre otros muchos más, aunque de apariencia fascista, topos del comunismo.

Capítulo VIII

(Tiempo de lectura: 11 - 21 minutos)

En los suburbios de la ciudad donde antes pacían las vacas de las granjas colectivas, se hallaban las nuevas comunidades residenciales construidas en su mayor parte después de Stalin, fríos y sólidos cubos de construcciones de cemento prefabricado, carentes de adorno, de cinco a doce pisos de altura, cuyos apartamentos de dos o tres alcobas, se asignaron a las familias de acuerdo con sus necesidades de alojamiento.

Capítulo VII

(Tiempo de lectura: 8 - 16 minutos)

El doctor Massip, era por aquel entonces un afamado médico especialista en oftalmología que tenía su consulta en la misma calle de Velázquez de Madrid y en el mismo edificio que nuestra amiga Sonia. Eran vecinos. (Ya lo sabemos dirá para sí el lector). Vecinos de siempre, de los de toda la vida, de esos que se saludan y tienen detalles los unos con los otros. Por aquellos años era frecuente que se desarrollaran tertulias en casa de alguno de los habitantes de un determinado bloque. Todos eran lo que eran, es verdad que la del cuarto, la señora Helga cuñada de Massip, era la más rara de todas. Alemana ella, con una fisonomía que más parecía hombre que mujer. Siempre saludaba con ese Guten Morgen tan marcial pero nunca bajaba a tertulias ni reuniones del vecindario. El inspector Gómez Acebo vivía frente al número en la misma calle de Velázquez, casi pared con pared con Sonia en su nueva personalidad de Salvador. Tenía bajo control lo que se podría decir como Todo. De Helga siempre se sospechaba, pero en realidad nadie sabía por qué.

Capítulo VI

(Tiempo de lectura: 6 - 11 minutos)

No era posible que Benito estuviera vivo, ¿Cómo podía ser? ¿Tal vez fue una visión? El Coronel no era “tan malo” como parecía.

— ¿Me estará probando? (se decía Sonia una y otra vez). Pero por qué esa necesidad de torturarme. Claro, tal vez lo que quería era saber mis reacciones como si yo no lo supiera. Soy mucho más aguda que él. Pero alguien debió morir en los altercados sucedidos en la universidad y alguien debió morir precipitadamente en la cárcel. No entiendo a este hombre, pero no me la va a dar. No pienso enseñar mis armas hasta que no le tenga dominado. Pobre Julián Grimau, ni intento de fuga de la cárcel ni nada. (hablaba en alto nuestra Sonia convertida en el Profesor Salvador Molinero)

Capítulo V

(Tiempo de lectura: 9 - 18 minutos)

El Coronel habiendo probado la reacción de Sonia al comunicarle que su amigo y vecino Benito había sido capturado como cabecilla de terrorismo contra el régimen, quiso sin duda aprovechar la ocasión. Se sintió complacido por la frialdad de Sonia. Efectivamente así se mostró, aunque por dentro pensó que moriría del dolor. Según iban pasando los meses del 68 sucedieron muchas revueltas estudiantiles en Madrid, fruto de los acontecimientos de mayo en París. El 1 de marzo, el gobierno decidió el cierre de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, «por alteración de la vida académica». Los estudiantes, reunidos en asamblea, fueron desalojados como no podía ser de otra manera por la Policía Nacional. Éstos cortaron el tráfico y pincharon los neumáticos de varios autobuses. Se produjo una carga policial descomunal que se saldó con varios heridos, muertos y detenidos. Allí estaba Joseph Massip, el joven médico amigo de Sonia. Según relató a la policía pasaba por allí, pero que a lo que iba era a dar un vistazo a los preparativos –auspiciado por Massip padre- de los quirófanos y materiales para lo que posteriormente fue la inauguración en julio, de la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, antiguo Hospital Provincial.

Capítulo IV

(Tiempo de lectura: 9 - 17 minutos)

Por aquellos años posteriores a la posguerra todo parecía ir bien, tal y como eran los años 65 a 68 en Madrid, un decorado de cartón piedra, el dolor escondido, años de mutismo social y prohibición de comunicar. Un fondo que sustentaba las grandes diferencias que existían entre unos españoles y otros.

Capítulo III

(Tiempo de lectura: 9 - 18 minutos)

Había sido una conmoción bastante grande la marcha de Sonia para Benito Molina-Armengol, el amigo y vecino de Sonia con quien tenía una gran amistad. Bien es verdad, que al menos, Sonia le envió una carta que el Coronel —para no levantar sospechas— le hizo llegar. Estaba escrita en clave para que su minusválido amigo Benito, la leyera y supiera de ella. Como sabía que Gabriel el otro vecino y compañero de Facultad de Sonia estaría vigilando y no se fiaban de si habría sido interceptada la carta, no escribió nada que dejara sospechas. Todo en las mismas claves de siempre, las claves de la clandestinidad que Benito y Sonia dominaban.

Capítulo II

(Tiempo de lectura: 8 - 15 minutos)

Los padres de Sonia, Elisa Martínez y Juan Santiago Burgos eran una pareja de bien, terratenientes, pertenecientes a la alta clase burguesa que en la posguerra y como medio de supervivencia, habían creado con éxito una fábrica de químicos. Juan Santiago era ingeniero químico y Elisa había realizado antes de la guerra estudios de empresariales, contabilidad y dirección en la Universidad Central, unos conocimientos que después desarrolló mucho más con su buen hacer y su inteligencia increíble. La fábrica Lavande-Terrier había conseguido lanzar una gama de perfumes cuyo éxito la había convertido en uno de los referentes de la producción española de los años del franquismo. Lo que más y mejor dominaban en la fábrica era la creación de nuevas fórmulas químicas y quien dice químicas dice nucleares solía decir muchas veces Juan Santiago, en tono burlón. La industria química producía muchas cosas más, pero la línea de cosmética y parfum dirigida por Elisa con fragancias únicas, cremas, jabones… Tenía gran éxito entre las burguesas de la sociedad española del momento. Todos sus esfuerzos por exportar estos productos comenzaban a dar resultados muy sustanciosos, y toda mujer quería oler como aquellas que se anunciaban en Lavande-Terrier, entre ellas se encontraba la mujer de Franco. Su línea de complementos con diseño les estaba dando muchos beneficios y popularidad por sus donaciones a orfanatos y su presencia en la vida pública y social.

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