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EL PERIÓDICO
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Antonio Manuel Moral Roncal

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

Descubriendo el mecanismo celestial: estrellas y predicciones en el Renacimiento

En la Europa del Renacimiento (siglos XV y XVI) apenas se había variado la concepción del Cosmos forjada en la época clásica griega y romana. El geocentrismo -la idea de que la tierra era el centro del Universo- y la percepción del mundo con el ser humano como centro predominó en las elites culturales y científicas hasta la época del barroco. A partir de entonces triunfó la idea heliocéntrica -en torno al sol giran los planetas- del científico polaco Nicolás Copérnico. No hubo hasta entonces, pues, una ruptura clara entre el mundo inorgánico y el ser humano.

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Alfonso XII ante el terremoto de 1884

El día de Navidad de 1884 fue fatídico para la provincia de Granada, al producirse uno de los mayores terremotos que ha sufrido esta provincia, cuyo recuerdo todavía está latente en las zonas que sufrieron sus peores efectos. El epicentro se localizó en los pueblos granadinos de Arenas del Rey y Ventas de Zafarraya, que fueron destruidos por completo teniendo que ubicarlos y reconstruirlos junto a su antiguo emplazamiento. Alhama de Granada fue la localidad que más víctimas mortales registró, 675, y 800 heridos, ya que el tajo donde se encontraba ubicado el pueblo se desprendió arrastrando muchas casas. En total, más de 4.400 viviendas quedaron destruidas por completo en la provincia.

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La minoría gitana en la Cataluña del siglo XVIII

Desde el siglo XV, las autoridades tuvieron que enfrentarse al desafío que supuso controlar a una población nómada, si bien no muy numerosa, con acentuada identidad étnica y cultural. Estas características chocaban con los modelos de moralidad imperante y con la creación de un Estado moderno que aspiraba a controlar, en la medida de sus posibilidades, las redes sociales y el movimiento en sus territorios.

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Ahorrar un real y crear un Monte de Piedad

El 3 de diciembre de 1702, el sacerdote Francisco Piquer, capellán del convento de las Descalzas Reales, en la villa y corte de Madrid, puso una caja en su habitación y echó en ella un real de plata. Confió tanto en que Dios le multiplicaría esa moneda que llamó a varios miembros de su familia para que fueran testigos de que iba a ser el principio y fundamento de un Monte de Piedad “para sufragio de las ánimas y socorro de los vivos” mediante préstamos.

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Carlos III en Barcelona

Después de la muerte de Fernando VI (1746-1759), heredó la corona de España e Indias su hermano Carlos de Borbón, que tuvo que renunciar al trono de Nápoles para empuñar el cetro hispano. Tras abandonar su reino mediterráneo, Carlos III desembarcó en el puerto de Barcelona el 17 de octubre de 1759, contra la opinión de algunos de sus consejeros, que hubieran preferido entrar en España por Cartagena. Pero el monarca ilustrado prefirió volver a ver esa ciudad y hacer su solemne entrada por ella.

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Viudas y huérfanas en los gremios madrileños del siglo XVIII

Durante el siglo de las Luces, en la mayoría de los gremios se aceptaba que la dirección de un taller o tienda a la muerte del maestro pasara a manos femeninas. Paradójicamente, la mujer no era educada para ello, por lo que muchas viudas tan sólo podían contar con la experiencia de algunos familiares o vecinas y con su propio proceso de acomodación a las nuevas competencias.

Mujer y gremios en el Madrid de Carlos III

En 1775, Madrid contaba con cinco gremios mayores, formados por ricos y poderosos comerciantes, y más de cuarenta gremios menores, cuya difícil situación económica había provocado que el rey Carlos III decidiera, por Real Decreto, eximirles del pago de los grandes impuestos. Todos se regían por sus propias normas internas, llamadas ordenanzas, en las cuales no se reconocía a la mujer la posibilidad de obtener el grado de maestro y, con ello, la apertura de una tienda, a menos que fuera viuda. En este último caso, los maestros permitían que una mujer pudiera quedar al frente de un obrador, pero tan sólo en el plazo de un año. Así, en ningún gremio el número de mujeres, legalmente registradas, superaba al de hombres en la dirección de los talleres. No obstante, algunas corporaciones decidieron no limitar claramente el tiempo de viudez. Tal fue el caso de comerciantes menores de mercería, joyería y droguería -llamados tenderos de aceite y vinagre -, los tratantes de ropas usadas, los bodegueros, los confiteros y los menuderos. No resulta extraño que las cifras de mujeres legalmente registradas en estos oficios fueran las mayores de todas las corporaciones.

El relojero como modelo de trabajador manual en tiempos de Carlos III

En el siglo XVIII, los ilustrados españoles mostraron un claro interés por mejorar las condiciones labores de los trabajadores y, al mismo tiempo, elevar su dignidad, su honra y su imagen ante la sociedad. Para algunos de esos reformistas, el relojero reunía en su figura la imagen ideal del trabajador manual. En primer lugar, sabía leer, escribir y dibujar y los ilustrados, no debe olvidarse, intentaron fomentar la educación y, como materia, el dibujo entre los artesanos, con el fin de favorecer la calidad de sus obras. Además, el relojero era un trabajador muy completo, ya que realizaba desde el diseño de la maquinaria interior hasta la caja que la ocultaba. No sólo construía relojes sino que los reparaba, lo cual demostraba su habilidad y conocimiento del oficio, algo que nuestros ilustrados trataron de impulsar en todas las profesiones manuales.

El carlismo durante la Guerra Civil

Desde el comienzo de la guerra, a mediados de julio de 1936, la prioridad del alto mando carlista fue ganar en los campos de batalla al bando oponente, por lo que todos sus discursos oficiales -a través de la prensa y la radio- se orientaron en esa dirección. La fuerza armada de los carlistas se organizó en los tercios de requetés, los cuales tuvieron una decisiva actuación en las primeras semanas de la guerra, sobre todo en el norte peninsular y en Andalucía occidental. Precisamente, en esas zonas se habían consolidado durante el quinquenio anterior. En aquel trágico verano de 1936 el número de afiliados a la Comunión Tradicionalista aumentó espectacularmente, en un clima de exaltación bélica que la propaganda oficial no dudaba en conceptuar de "Cruzada". La mayor parte de esos nuevos voluntarios salieron de familias de clase media urbana, que se unieron a aquellos provenientes de círculos arrendatarios rurales, obreros y empleados. El carlismo llegó a organizar y sostener en el transcurso del conflicto más de cuarenta tercios de requetés, alrededor de unos treinta mil hombres. Desde un punto de vista organizativo, se creó la Junta nacional carlista que ratificó el liderazgo del principal dirigente de la época, Manuel Fal Conde, que pronto observó tres problemas en el horizonte.

El Carlismo tras la Primera Guerra Mundial

Tras la Gran Guerra, el movimiento carlista se encontró con varios retos en su agenda política: en primer lugar, enfrentarse a la crisis interna que supuso el choque entre el líder Vázquez de Mella y el pretendiente Jaime III (que hemos explicado en un artículo anterior), que dividió el partido entre jaimistas y mellistas durante varios años. Por otro lado, se intentó impulsar la presencia de los tradicionalistas en los medios obreros urbanos, no sólo en su tradicional medio rural. En consecuencia, nacieron los sindicatos libres, creados oficialmente en una reunión celebrada en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona el 10 de octubre de 1919.

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1890: El año de las tres epidemias

Los españoles sufrieron una grave crisis de salud cuando finalizaba un largo periodo de cinco años de gobierno liberal, bajo la presidencia de Sagasta. La gripe exhibió sus demoledoras armas en los primeros meses; el cólera, el más temido peligro del siglo XIX, atacó de nuevo el Levante español y algunas zonas del interior, causando 2.824 víctimas en total. En Madrid, el llamado "mal del Ganges" acometió en menor medida que en anteriores ocasiones, pero lo suficiente para crear una atmósfera de miedo y tensión, que afectó al suministro de víveres en el verano. Y cuando parecía haber ya suficiente sufrimiento apareció la viruela a finales del año, cuyos efectos adquirieron una dimensión inesperada en la capital.

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Un carlista singular: Juan Vázquez de Mella y el sociedalismo

En el centro de Madrid existió una plaza dedicada a Juan Vázquez de Mella que, en julio de 2015, el ayuntamiento madrileño decidió su cambio de nombre, dedicándola a Pedro Zerolo, concejal del PSOE y activista LGBT. El cambio no provocó, como en otros casos, ningún agrio debate entre los diferentes grupos políticos. Vázquez de Mella (1861-1928) apareció enclaustrado en un tiempo y espacio ya, definitivamente, histórico.

El cardenal Guisasola: un impulsor del catolicismo social

El 13 de enero de 1914, se conoció la noticia de que Victoriano Guisasola, arzobispo de Valencia, había sido elevado a la sede metropolitana de Toledo, lo que implicaba la máxima dirección de la Iglesia española. Asturiano de familia modesta, Guisasola estudió humanidades en el seminario y derecho en Oviedo, ejerciendo como sacerdote párroco, luego obispo de Osma, de Jaén y de Madrid hasta llegar a la capital del Turia. En esta ciudad levantina se consolidó su interés por la mejora social de los más desfavorecidos al conocer los círculos obreros creados por el padre Vicent.

Orígenes del Carlismo

Los umbrales de este movimiento político español se encuentran en la crisis del Antiguo Régimen (1808-1833). Su principal característica fue su complejidad, debido a las múltiples aspiraciones que llegó a reunir, a los diversos grupos sociales que se vieron representados y a su poliédrica naturaleza.

El cólera de 1885: transfondo político de una pandemia

Durante el siglo XIX, España sufrió -junto a otros países- sucesivas epidemias de cólera, el llamado "mal del Ganges". La primera invasión, en torno a los años 1833-1834 produjo 300.000 muertos; la segunda invasión, durante el bienio progresista en el reinado de Isabel II, en 1854-1855 provocó, según noticias reconocidas en La Gaceta Oficial unas 236.000 víctimas mortales; la tercera y la cuarta, en 1865 y 1885, fueron menos mortíferas, al cobrarse un tributo de 120.000 muertos en cada ocasión.

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La España afrancesada

La invasión militar francesa y las abdicaciones de Bayona supusieron el inicio de un cambio político decisivo en España: se instaló la dinastía de los Bonaparte en el trono al tiempo que se intentaba la construcción de una nueva monarquía basada en el Estatuto de 1808, que regulaba un nuevo régimen representativo. Su vida estuvo condicionada desde el principio por el estallido una guerra popular contra la ocupación francesa y contra la forma en que se había realizado la mutación no sólo de dinastía sino de régimen político.

Madrid ante el cólera: la epidemia de 1865

En la España del siglo XIX, el cólera -llamado "el viajero del Ganges"- se convirtió en el heredero de las más temidas enfermedades de la Edad Moderna: la peste y la viruela. En 1865, se introdujo en la península por un puerto, concretamente el de Valencia, debido al tráfico comercial con las costas del Mediterráneo. La concentración de peregrinos musulmanes en La Merca convirtió la ciudad en un foco de infección y contagio. Al volver, los peregrinos del norte de África extendieron la enfermedad en sus puertos y, desde allí, viajó hacia Europa. En la ciudad de Valencia llegaron a morir casi 6.000 personas, y en la provincia 16.000. La región levantina, en su conjunto, fue la más afectada aunque el cólera llegó hasta Santiago de Compostela, León y Sevilla.

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Entre la modernización y la tradición: la acción educativa católica, 1875-1930

Tras las convulsiones entre la Iglesia y el Estado liberal en la primera mitad del siglo XIX, la firma del concordato de 1851 marcó el comienzo de la reconstrucción social católica. La Iglesia española recuperó su presencia pública lentamente, lo cual se reflejó en el aumento de iniciativas caritativas: hospitales, casas de misericordia, asilos, orfanatos, escuelas... para los grupos sociales más humildes. Ello fue posible tanto por el apoyo de la burguesía -ella sola incapaz de construir un sistema nacional de beneficencia pública- como de la actitud de los católicos, que no tuvieron más alternativa que aceptar un compromiso o modo de vida con las triunfantes fuerzas liberales.

El trabajo textil en el virreinato de la Nueva España en el siglo XVIII

La colonización española de América supuso, entre otros aspectos, el impulso a la organización de algunos trabajos bajo la esfera de los gremios, sobre todo en los grandes espacios urbanos. En origen, la corporación gremial se constituyó, siguiendo el modelo peninsular, como una organización corporativa integrada por un conjunto de trabajadores que ejercían un oficio similar llamados artesanos. Se sometieron a un orden jurídico determinado para defensa de la calidad de la producción y de sus privilegios. Su núcleo de acción estuvo limitado a las ciudades y su oficio fue permanente, ejercido como actividad principal, aunque en muchos casos compatible con otros trabajos, debido a las variaciones del mercado. Hubo artesanos indígenas, cuyos talleres estuvieron por lo general ubicados en pueblos de indios, bajo normas de excepción, y en obradores urbanos de españoles, criollos o mestizos organizados en gremios.

María Víctoria dal Pozzo, la reina de las lavanderas

Víctima de la tuberculosis, el 9 de noviembre de 1876 falleció María Victoria dal Pozzo, duquesa de Aosta, esposa del rey Amadeo I de España. La prensa -Diario oficial de Avisos, La Correspondencia de España, El Magisterio Español, entre otros periódicos- anunciaron su muerte y la celebración de honras fúnebres en la madrileña iglesia de San José, en la calle de Alcalá. Allí acudieron 3.000 personas, entre ellas todos los líderes de los partidos liberales -Serrano, Sagasta, Montero Ríos...- que, con sus menudas ambiciones y luchas partidistas, habían dificultado la consolidación de la monarquía democrática de su marido. A su lado, se sentaron generales, nobles, capellanes de honor de aquella época, damas que la sirvieron, así como las redacciones de periódicos como la Revista Contemporánea, La Iberia y, sorprendentemente, El Imparcial, el cual había publicado un artículo donde la habían difamado hasta el límite permitido llamándola "la loca del Vaticano".

Mujer y carlismo en el primer bienio republicano (1931-1933)

A partir de 1931, el carlismo comenzó un proceso de reunificación, entre sus escisiones mellistas, integristas y jaimistas, que provocó un crecimiento insospechado y cierta modernización sobre todo organizativa. La Comunión Tradicionalista relanzó sus agrupaciones femeninas convirtiéndolas de asociaciones católicas caritativas en secciones políticas a las que otorgó una importancia jamás reconocida anteriormente. No sólo las circunstancias exteriores favorecieron el papel de las tradicionalistas –como la concesión del voto a la mujer- sino que surgió un importante número de mujeres católicas que se distinguieron como propagandistas, beneficiando el crecimiento de la Comunión de tal manera que algunos líderes carlistas no pudieron sino reconocerlo públicamente. Entre ellas –Mercedes Quintanilla, Carmen Villanueva, Clinia Cabañas, las hermanas Balaztena- destacó María Rosa Urraca Pastor. Pronto se unió a la Agrupación de Defensa Femenina que, en la zona vasconavarra, asoció a margaritas, alfonsinas como su amiga Pilar Careaga y, durante un tiempo, a las emakumes del Partido Nacionalista Vasco. Esta asociación de mujeres conservadoras y católicas fue creada en Bilbao y en su primer acto público, celebrado en noviembre de 1931, se encargó a Urraca Pastor la explicación de su programa inicia .

Francisco de Goya y su época a través del celuloide del siglo XX

La segunda mitad del siglo XVIII y los comienzos del siglo XIX español han sido el telón de fondo de varias películas centradas en la vida de Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). Su vida ha sido llevada al cine en numerosas ocasiones, al igual que en series de televisión, durante el siglo XX. Si lo comparamos con la mayoría y muy especialmente con Diego Velázquez, el mayor genio de la pintura española, de amplia aceptación popular, Goya ha sido elegido por numerosos directores con eje de uno de sus films. Antes de la Guerra Civil hubo pequeños acercamientos cinematográficos como El conde Maravillas (1926), El dos de mayo (1927), Pepe-Hillo (1928) o Goya que vuelve (1928). En la posguerra, La maja del capote (1943) y La tirana (1958) del director Juan de Orduña.

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Un cubano progresista en la familia real española: José Güell Renté

José Güell Renté nació el 10 de septiembre de 1818 en La Habana, en el seno de una familia burguesa de origen catalán. Curso estudios de bachiller en el seminario de su ciudad natal, obteniendo el doctorado en Derecho Civil en la Universidad barcelonesa en junio de 1840. Tras volver a Cuba durante una temporada, retornó a España donde se integró en los elegantes círculos culturales de la capital, mientras recibía una pensión de su familia. Colaboró durante toda su vida en periódicos liberales, escribiendo obras de diferentes géneros como poesía, leyenda histórica, cuentos e incluso teatro. Muchas de ellas las redactó en francés y la mayoría fueron traducidas a cuatro lenguas europeas, como es el caso de sus Leyendas Americanas.