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EL PERIÓDICO
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Pedro L. Angosto

Pedro L. Angosto, nacido en Carabaca en 1960, obtuvo el Grado de Licenciatura en la Universidad Autónoma de Madrid en 1984. Doctor en Historia por la Universidad de Alicante gracias a una Tesis sobre el político y escritor Carlos Esplá dirigida por el profesor Emilio La Parra, ha publicado unos quince libros de historia del siglo XX español y colaborado en numerosos periódicos y revistas. Es director científico del Archivo Carlos Esplá de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Trump por Biden: el mal menor no es suficiente

Para analizar lo que sucede en Estados Unidos es preciso tener en cuenta dos factores históricos cruciales. El primero es el modo en el que se fue formando la nación yanqui a lo largo del siglo XIX y primeros años del XX. Las guerras de conquista que en Europa tuvieron lugar durante la Edad Media, en ese país se realizaron a lo largo de esos dos siglos, unas veces por conquista, otras por anexión, algunas por adquisición a México en condiciones leoninas. La conquista del Oeste, que supuso ocupar millones de kilómetros cuadrados pertenecientes a la naciones india y mexicana, además de ser el origen de maravillosas películas de Ford, Walsh, Hawks, Sturges, Vidor, Peckinpah o Mann, fue una masacre que se alargó en el tiempo durante más de un siglo. Ingleses, suecos, alemanes, polacos, rusos y emigrados de otras naciones del mundo se lanzaron sobre un territorio poco habitado utilizando la dialéctica de los cañones y las pistolas, forjándose en el “alma” de la nación ocupante un carácter supremacista y violento que despreciaba cualquier signo opuesto o distinto al propio del macho dominante. El diálogo, que se usó en ocasiones con poca fortuna, fue considerado muestra de debilidad, la concordia con los indígenas, concesión inaceptable. Una especie de darwinismo social -tan próximo a las doctrinas fascistas que tanto daño han hecho a lo largo del siglo XX- late en el interior de un porcentaje amplio de los población norteamericana, y es ese rasgo el que les sigue haciendo muy reactivos a la compasión, la solidaridad o la empatía.

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Sahara Occidental: 45 años de una infamia interminable

La literatura española se ha acercado muy poco a aquellos años en que el franquismo decidió abandonar al pueblo saharaui y dejar su suerte en manos del monarca medieval Hassan II y de Estados Unidos. Sin embargo, hay una novela magistral escrita por mi paisano Luis Leante -Mira si yo te querré, premio Alfaguara 2007- que nos aproxima mucho a aquel tiempo vergonzoso y a la vida de quienes luego tuvieron que dejar su país para vivir en los campos de concentración de Tinduf, donde subsisten casi exclusivamente de los suministros de Naciones Unidas. La hospitalidad de los nómadas, la generosidad y la espera infinita de un pueblo pacífico y pobre, el caos de la desbandada militar española, la desorganización, la sensación de vacío laten en las páginas de un libro que sería bueno volver a leer.

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Paseo con Largo Caballero por la Europa liberada

Después de aceptar los beneficios para la clase obrera que la Dictadura de Primo de Rivera le ofreció para mantener aislada a la CNT, Largo Caballero recibió la República con alborozo no exento de algunas dudas sobre lo que podría deparar la colaboración de su partido con los republicanos burgueses. La entrada de la CEDA, partido católico antirrepublicano, en un Gobierno presidido por Lerroux fue el detonante que le hizo confirmar sus sospechas -dentro de la línea marcada por Guesde, línea que ya dejó atrás su partido en tiempos de Pablo Iglesias- sobre la República timorata. Siempre bajo el consejo de Luis Araquistain, Largo Caballero participó en la Revolución de Asturias, ensayo revolucionario similar a otros ocurridos en Francia, Alemania o Italia que terminó con la feroz represión de los mineros por parte de las tropas africanistas dirigidas por Franco, en un ensayo de lo que luego haría en la guerra y la posguerra. Largo, defendido por Jiménez de Asúa, fue absuelto por el Tribunal Supremo y en septiembre de 1936 presidió el Gobierno legítimo de la República. Quiso recuperar la autoridad gubernamental destrozada por la insurrección de los funcionarios armados y se enfrentó con crudeza al embajador soviético Rosemberg por entrometerse en los asuntos de España, hasta tal punto que lo expulsó de su despacho.

El Manifiesto de los persas

En 1814 andaba la nación española intentando despojarse de los andrajosos restos del pasado absolutista que la invasión napoleónica ni quiso ni supo abolir, inmersos los franceses en el expolio y la destrucción del patrimonio artístico del país y en la persecución de los constitucionalistas de Cádiz. Tras el Tratado de Valençay, Fernando VII decidió regresar a España para recuperar el trono con el apoyo francés, sin embargo no viajó directamente a Madrid sino que antes visitó Figueras, Gerona, Zaragoza, Teruel y Valencia, donde el general Elío, muy comprometido con el Antiguo Régimen, puso a su disposición al ejército y le entregó el conocido como Manifiesto de los Persas, un escrito firmado por sesenta y nueve diputados reaccionarios de las Cortes de Cádiz en el que pedían al rey la vuelta al absolutismo por ser el verdadero régimen de libertad y derecho de España al reposar sus fundamentos en la ley divina: “La monarquía absoluta -decían- es obra de la razón y de la inteligencia. Está subordinada a la ley divina, a la justicia y a las reglas fundamentales del Estado: Fue establecida por derecho de conquista o por sumisión voluntaria de los primeros hombres que eligieron sus Reyes. Así que el Soberano absoluto no tiene facultad de utilizar sin razón de su autoridad (derecho que no quiso tener el mismo Dios) por esto ha sido necesario que el poder soberano fuese absoluto, para prescribir a los súbditos todo lo que mira al interés común, y obligar a la obediencia a los que se niegan a ella... El remedio que debemos pedir, trasladando al papel nuestros votos y el de nuestras provincias, es con arreglo a las leyes, fueros, usos y costumbres de España. Ojalá no hubiera materia harto cumplida para que V. M. repita al reino el decreto que dictó en Bayona y manifieste la necesidad de remediar lo actuado en Cádiz, que a este fin se proceda a celebrar Cortes con la solemnidad, y en la forma que se celebraron las antiguas, que entre tanto se mantenga ilesa la Constitución española observada por tantos siglos, y las leyes y fueros que a su virtud se adoptaron, que se suspendan la Constitución y los decretos firmados en Cádiz y que las nuevas Cortes tomen en consideración su nulidad, su injusticia y sus inconvenientes...”.

La extinción de la inteligencia

Una de las claves del proceso de aprendizaje en todo tiempo y lugar es el reconocimiento del maestro, de la persona que sabe explicar de manera adecuada y atractiva aquello que ignoramos, saciando nuestra curiosidad cuando existe o despertándola cuando está dormida o evaporada. Sin maestros, sin personas de referencia, sin faros que iluminen el camino que hemos de recorrer desde que empezamos a dar los primeros pasos apenas habríamos salido de las cavernas o los abrigos montañosos, seguiríamos cazando animales, buscando el fuego y pensando que la rueda no es más que una quimera inalcanzable.

El nacional-catolicismo, enemigo mortal de la democracia

El pasado viernes el gobierno aprobó el anteproyecto de Ley de Memoria Democrática que prohibirá la apología del fascismo en todas sus expresiones y posibilitará la recuperación de los restos de los miles de desaparecidos que todavía yacen en cunetas, descampados y tapias de cementerio para vergüenza y dolor de toda persona bien nacida. Sin embargo, al poco de conocerse los detalles de la nueva ley, los hijos de la dictadura, quienes tienen idealizado el horror franquista por proximidades afectivas, intereses económicos o disfunciones cognitivas, comenzaron a bramar contra ella aduciendo que se trata de una norma revanchista, una mengua a la libertad de expresión o el regreso al “guerracivilismo”, palabro muy de moda entre los sectarios que llaman sectarios a los demás por cualquier motivo. Aducen los más morigerados de entre los herederos que no es momento para leyes de ese tipo, que España y los españoles tienen otros problemas mucho más graves y perentorios. Y es verdad, entre ellos tener una derecha de ideología ultra incapaz de colaborar en la reconstrucción del país en tiempos tan graves y duros como estos en los que están muriendo muchas personas y otras muchísimas pueden quedar en situaciones próximas a la indigencia. Una derecha así no la merece nadie, ni siquiera un país tan dañino como Estados Unidos, que de la mano de su nuevo Hitler amenaza al mundo, tal como decía Chomsky hace unos días, con dos peligros de difícil reparación: La guerra nuclear y la exacerbación del cambio climático.

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La culpa es de Podemos

Vivíamos en el mejor de los mundos. Un rey nombrado por el dictador Francisco Franco se disponía, como en los cuentos, a traicionar a su mentor para encabezar la causa de la libertad y la felicidad de su pueblo a cambio de que nadie controlase sus actividades, ingresos y gastos. Salvo unos cuantos irredentos todavía muy presentes en Vox y el Partido Popular, los franquistas, que siempre fueron monárquicos de toda la vida, votaron contra los Principios Generales del Movimiento y a favor de la Reforma Política, eso sí, con la condición de que no se tocara el pasado ni los intereses económicos derivados de la tiranía. El Partido Comunista de España, columna vertebral de la resistencia antifranquista, cedió en casi todo pensando en el bien común y en que los demás no jugaban con cartas marcadas. Hizo bien, pero a la larga se equivocó. Las cartas estaban marcadas con matasellos y tampón: En adelante gobernaría un partido de derechas, legítimo heredero y representante de las fuerzas del pasado, y un partido social-cristiano que iría desprendiéndose de su carga izquierdista para ir pareciéndose cada vez más al Partido Liberal de Sagasta, aquel que pactó con el muy conservador Cánovas del Castillo el turno pacífico en el poder mediante el uso indiscriminado del caciquismo y el falseamiento del voto.

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El patriotismo de Pablo Casado

Desde la proclamación de la primera Constitución española el 19 de marzo de 1812 –irse más atrás en el tiempo sería absurdo-, la derecha española no ha hecho más que poner trabas y pólvora a todos los proyectos modernizadores de nuestro país. En aquellos años, el pueblo español, enfrentado a la ocupación napoleónica, fue capaz de articular una de las primeras constituciones europeas para acabar con el antiguo régimen y proporcionar un marco jurídico moderno que posibilitara el progreso y la libertad. Pese a los esfuerzos de los liberales por con ciliar voluntades, la Carta Magna contó desde el primer momento con la enemiga de los realistas que interpretaban su promulgación como un atentado a la autoridad del monarca y a sus intereses seculares.

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Díaz Ayuso y Torra o la incompetencia más cruel

Al grito de “Pujol enano habla castellano”, José María Aznar llegó al poder en 1996 y con él lo más rancio de la política española, esa que aceptó la democracia a regañadientes y a cambio de que no se tocasen las estructuras de poder y corrupción heredadas del franquismo. Aznar no tardó en pactar con Pujol, lo necesitaba y ambos compartían valores morales de parecida etiología: Los dos representaban a formaciones trinconas, marrulleras, cazurras y patrioteras. Años después, cuando Rajoy recurrió el nuevo Estatuto de Cataluña auspiciado por Maragall y Zapatero, muy poco votado por los catalanes y parcialmente anulado por el Tribunal Constitucional, la derecha mesiánica, egoísta, cínica e insolidaria del territorio más próspero del país hizo su aparición para declararse incompatible con España. La suerte estaba echada. En Cataluña y en Madrid habían llegado al poder los más puros, los representantes de las esencias patrias, de la diferencia. Castizos, meapilas, pisaverdes, oportunistas, desencantados, tristes, mediocres y talibanes se adueñaron de los principales medios de comunicación, montaron estructuras clientelares para perpetuarse en el poder e hicieron de la política una cosa sólo apetecible para gente sin entrañas.

El insoportable dolor de Palestina

En 1917 el Gobierno británico hacía pública la Declaración de Balfour por la que proponía la creación de un estado judío en Palestina. Sin contar con los habitantes mayoritarios de aquellos territorios, los británicos habían decidido que ese era el lugar ideal para que los judíos de todo el mundo tuviesen una patria común. En las décadas siguientes se produjo una moderada emigración hebrea que se disparó tras el final de la II Guerra Mundial, siendo en mayo de 1948, tras la retirada del ejército británico, cuando verdaderamente nació el Estado de Israel con capital en Tel-Aviv, quedando Jerusalén bajo administración internacional.

Estados Unidos: la democracia en bancarrota

El sistema electoral estadounidense fue diseñado por los padres de la patria para que fuese dirigida por los miembros de la élite blanca del mundo de la empresa y las finanzas. Obama rompió formalmente la serie histórica, aunque no esencialmente porque la política yanqui siguió siendo diseñada y desarrollada por descendientes de europeos. Si repasamos los nombres de los últimos presidentes desde Gerald Ford -de quien decía Johnson que era incapaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo-, observaremos que, excepción hecha de Obama, Bush I y Carter, tanto su capacidad intelectual como su habilitad para comprender el dolor ajeno ha ido disminuyendo hasta llegar a un tipo como Donald Trump que presenta ligeras diferencias con Austin Powers, paradigma del buen americano, simple, chabacano, rudimentario, grasioso y muy de derechas. No es adecuado juzgar a nadie por su genotipo o su fenotipo, pero cuando llegan al poder tipos tan ridículos como Hitler, Mussolini, Franco, Trump, Jonhson o los hermanos Kaczynski algo se ha estropeado en la cadena evolutiva del ser humano.

Galicia y Euskadi: votar al que manda

Uno de los principales pensadores y activistas católicos de la Historia, Ignacio de Loyola, decía que en tiempo de desolación no se debía hacer mudanza aunque habría que estar atento para mantener y aplicar el propósito previo a esa circunstancia para cuando la duda se extinguiese. Esa reflexión del fundador de los jesuitas referida a las dudas que pudieran asaltar al creyente en un momento determinado de su vida, se transmutó con el tiempo en un aserto conservador que aconsejaba no hacer cambios personales, políticos, económicos o sociales de consideración en tiempos de crisis.

Estados Unidos, cine, redes sociales, libertad y democracia

Hace unas semanas George Floyd fue asesinado por la policía de Mineápolis. Aunque parezca mentira no es un hecho insólito, un error o un fallo personal o del sistema, la policía mata todos los años a cientos de negros sin que los jueces muestren un interés singular por el delito: En 2019 las fuerzas del orden establecido mataron a 1.100 personas, de las cuales 800 eran negras. Es como una costumbre, como lo fue matar indios hasta el delirio, como lo es encarcelar, torturar y matar a hispanos, como lo es explotar a los trabajadores, enjaular a niños migrantes o arrasar países que están a miles de kilómetros alegando que eso es bueno para la seguridad nacional.

Las dos Españas de Machado que son una

Fue un tiempo difícil el que le tocó vivir, dos guerras mundiales, la revolución rusa, el colonialismo y los conflictos obreros que segaron la vida, entre otras muchas, de Víctor Bach, Jean Jaurès, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, todos ellos luchadores y defensores de un mundo mejor para todos. Bertolt Brecht, siempre lúcido, agudo y valiente, combatía la indeferencia, la indolencia y la apatía, que no eran para él sino signos elocuentes de la degradación del individuo y de la sociedad. Ni siquiera la derrota del nazi-fascismo fue suficiente para que Brecht cantase victoria porque la raíz de la que nació seguía viva después del final de la guerra: “Señores, no estén tan contentos con la derrota de Hitler. Porque aunque el mundo se haya puesto en pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está otra vez en celo”. El capitalismo salvaje había sido el padre de la bestia, la bestia había sido derrotada por la muerte de millones y millones de personas, pero el padre seguía ahí, esperando una nueva oportunidad.

Donald Trump, una amenaza para la civilización democrática

Es imposible entender lo que está pasando en Estados Unidos si no somos capaces de aquilatar como se ha formado la mentalidad mayoritaria de los habitantes de aquella nación, la más rica y poderosa de la tierra, también una de las más desiguales y, probablemente, la que más dolor y muerte ha repartido por el planeta en los últimos setenta y cinco años.

Miguel Artola: Recuerdos de un alumno agradecido

Por diversos avatares que no vienen al caso, tuvimos la suerte de iniciar los estudios universitarios aquel año en que se alargó la enseñanza secundaria por la implantación del BUP, un año en el que sólo ingresamos en la Universidad quienes habíamos acabado el antiguo bachiller y habíamos perdido un curso en otros menesteres. La verdad es que fue una situación ideal porque las aulas masificadas que han caracterizado a las facultades españolas desde la llegada de la democracia, se convirtieron en espacios amplios llenos de cercanía y compañerismo.

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