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Apóyanos ⮕

Juan Antonio Sacaluga

Licenciado en C.C. de la Información, rama de Periodismo, por la Univ. Complutense y Licenciado en Filosofía y Letras, rama de Historia, por la Univ. Autónoma de Madrid.

OBRA LITERARIA

- “Después del final” (2012), novela publicada por ViveLibro

- “Luces del último siglo” (2020), novela publicada por Caligrama.

OBRA HISTÓRICA

“La resistencia socialista en Asturias (1937-1962)”. FUNDACIÓN LARGO CABALLERO. Madrid, 1986

Irán e Israel: accidentes, sospechas, acusaciones

(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La casualidad ha querido que en un mismo día coincidieran la muerte en accidente de helicóptero del Presidente iraní y de su Ministro de asuntos exteriores y la solicitud del fiscal de la Corte Penal Internacional para que se extiendan ordenes de detención contra el Jefe del gobierno israelí y tres dirigentes de Hamas por supuestos crímenes de guerra.

La Rusia de Putin aprende Mandarín

(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Hace esta afirmación el Director de Rusia de la Fundación Carnegie, Alexander Gabuev, uno de los politólogos rusos contrarios frontalmente al régimen que viven ya fuera del país (éste, en Berlín). La expresión no es metafórica. Según el autor, numerosos miembros de las élites conectadas de alguna u otra manera con el Kremlin apuntan a sus hijos a las escuelas de mandarín, convencidos de que el futuro de Rusia pasará por China.

Oscuridades europeas

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

A un mes de las elecciones europeas, la campaña está dominada por una preocupación principal: frenar el auge presentido de la extrema derecha. No es novedad: ese ha sido el ánimo recurrente en las anteriores citas electorales. Con resultado desigual. Este año las perspectivas son peores.

Los campus de EE.UU.: de Vietnam a Gaza

(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La protesta en numerosas Universidades americanas por la campaña militar israelí en Gaza se extiende y ha provocado ya medidas represivas. La inmensa mayoría de los estudiantes pide que su gobierno presione a Israel para que ponga fin a la aniquilación de Gaza, pero también que las Universidades corten sus vínculos económicos con empresas e intereses que invierten y comercian con Israel o en el negocio de la guerra. Esto último es lo que más ha irritado al establishment norteamericano.

Portugal: aquel día de abril

(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Escribo desde Lisboa, en la víspera del cincuentenario de la Revolución de los claveles. El 25 de abril de 1974 cayó la dictadura más longeva de Europa.

La lógica de Washington

(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

La semana pasada empezó con la respuesta militar de Teherán al ataque israelí contra un local de consulado iraní en Damasco y ha concluido con el desbloqueo de la ayuda norteamericana a sus tres protegidos, en el Congreso. En estos días, la actuación diplomática y política en Washington ha sido puesta a prueba, con las fortalezas y contradicciones ya conocidas, pero bajo un grado superior de presión y urgencia.

¿A quién interesa la escalada?

(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Este fin de semana se ha vivido a rimo de thriller tras la réplica iraní al ataque de Israel contra el consulado de Teherán en Damasco. La anunciada represalia ha sido más política y espectacular que militarmente efectiva. Política, porque, por primera vez, Irán ha atacado directamente territorio israelí. Espectacular por la lluvia de drones y misiles (balísticos y de crucero) dirigidos contra el “enemigo sionista”. Militarmente inefectiva, porque el sistema de defensa israelí (Iron Dome: cúpula de hierro) neutralizó casi la totalidad de estas armas. Escasos daños en la base militar de Nevatim y un niña herida de cierta gravedad.

De Ruanda a Senegal: la decadencia francesa en África

(Tiempo de lectura: 6 - 11 minutos)

Esta semana se ha recordado el trigésimo aniversario del genocidio en Ruanda. Los testimonios de los supervivientes, la impunidad de algunos cabecillas de la matanza y la recreación de aquellos días terribles han ocupado la mayor parte del relato. En sordina, las responsabilidades de las potencias europeas y de la ONU por su pasividad, complicidad voluntaria o involuntaria y su desdén disimulado por el sufrimiento evitable de quienes no son blancos.

Hipocresía y estrategia

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Se cumplen seis meses desde el inicio de la aniquilación de Gaza y no se avista una conclusión decente. El martirio de la población palestina continúa, el rescate de los israelíes en poder de Hamas no está asegurado y la destrucción total de las milicias islamistas parece aún lejana. La operación militar ha sido un desastre; la actuación occidental, lamentable; el papel de las potencias árabes, servicial, una vez más; la ONU ha sido vejada y, peor aún, castigada con la muerte de algunos de sus trabajadores sobre el terreno; las ong’s, como la del cocinero José Andrés, han pagado con sangre (casi 200 muertos) la asistencia a la población indefensa.

La resaca de Putin

(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

El presidente ruso, Vladímir Putin, presume de su condición de abstemio, sabedor de que el vodka es uno de los corrosivos sociales más devastadores de su pueblo, desde tiempos inmemoriales. Pero su celebrado autocontrol no le ha librado de la resaca. Política, se entiende.

Los zares, Stalin y Putin: analogías simplistas

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Hace ahora cien años, en 1924, moría Lenin (enero) y el oscuro y maniobrero Stalin conseguía desplazar al resto de dirigentes bolcheviques y hacerse con el timón de lo que, un par de meses después, sería la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), nombre del nuevo país consagrado en la primera Constitución del nuevo estado revolucionario.

La tensión Franco-Alemana

(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

Que entre París y Berlín hay una mala comunicación es algo que ya se admite sin reservas incluso entre las cúpulas del poder en ambas capitales. Las desavenencias provocadas por la guerra de Ucrania es el terreno en el que se escenifican las tensiones. Pero hay factores de fondo que han contribuido a hacer de esta brecha un elemento de preocupación mayor en al estabilidad europea. Apuntamos los siguientes:

EL FACTOR ESTRATÉGICO

La geografía determina las opciones estratégicas. Alemania siempre ha mirado de reojo al Este como un polo de inquietud, pero también de oportunidad. Lo primero ha pesado, casi siempre, mucho más que lo segundo. Las guerras han condicionado históricamente la convivencia con Rusia, sea cual sea el régimen político que en cada etapa histórica haya existido allí. Hay un hecho incontrovertible: Alemania nunca le ha ganado una guerra a Rusia. En cambio, en la paz los intereses alemanes han prevalecido. De ahí que en Berlín (o en Bonn, durante la primera guerra fría) siempre haya existido una pulsión de apaciguamiento frente a Moscú. Antes, Hitler quiso aplazar el inevitable enfrentamiento con la Rusia de Stalin con un pacto táctico, no estratégico (1939), un recurso para ganar tiempo y consolidar su dominio de Europa Occidental.

Con el triunfo de la Unión Soviética, Alemania soportó la división del país durante casi medio siglo, un castigo aún más humillante que los anteriores. La parte occidental prosperó y la oriental se estancó. Pero ese triunfo soterrado no sirvió para facilitar el reencuentro. Willy Brandt lo comprendió muy bien cuando lanzó su Ostpolitik (política oriental) a comienzos de los años setenta. La iniciativa causó preocupación en Washington, no tanto por oponerse a una distensión que compartía, sino por el riesgo de perder el control del proceso. También en París hubo ciertas renuencias. De Gaulle y sus herederos siempre mantuvieron un cauce de cooperación abierto con Moscú, pero desconfiaban de las aperturas alemanas.

Con la crisis del sistema soviético, las tensiones franco-germanas afloraron de nuevo. Una Alemania unida y fuerte despertó los fantasmas de tres guerras devastadoras para Francia. El entonces canciller Kohl fue el principal valedor de Gorbachov y ejerció de agente conseguidor de fondos para una Unión Soviética que se deshacía a ojos vista. El compromiso reiterado de Alemania con la paz y la integración europea no pareció antídoto suficiente para conjurar la visión de una Europa oriental alemanizada por el peso económico de la nueva potencia política y territorial. La actuación de Alemania en las guerras yugoslavas, percibida inicialmente en París como dinamitadora, contribuyó a acrecentar esos temores.

Tras el fracaso del ensayo democratizador en la nueva Rusia, en gran parte provocado por un capitalismo de rapiña alentado desde Occidente, Alemania siguió cultivando unas relaciones muy estrechas con Moscú, para impedir una deriva indeseable en el Kremlin. Hasta que las sucesivas crisis de Ucrania han dado al traste con ese proyecto estratégico.

En Francia, también ha interesado siempre un modelo de relación autónoma con Moscú, en colaboración o no con Alemania o con Estados Unidos, pero en modo alguno subordinado. El nacionalismo gaullista ha pervivido, tanto en la derecha como en la izquierda. De alguna forma, las élites francesas han tratado de evitar que, ni en la cooperación, ni en la confrontación, París jugara un papel de segundo orden en las relaciones con el Kremlin.

De ahí que Macron (más papista que el Papa: más gaullista que el General), intentará un arriesgado juego de mediación con Putin tras la fantasmal intervención en Crimea y la más evidente en el Donbas, en 2014; y, ocho años después, cuando se consumó la invasión de Ucrania. Se ha especulado mucho sobre las verdaderas intenciones de aquel viaje del presidente francés a Moscú. Macron es cualquier cosa menos ingenuo. Al cabo, quizás se trató de la inevitable necesidad del Eliseo de dejar su impronta.

Ahora que cualquier conciliación con Moscú se antoja lejana, Macron se pone a la cabeza de los halcones y pretende hacer olvidar que alguna vez quiso parecer paloma, al apuntar que, aunque no hay consenso aliado, no se puede descartar el envío de soldados a Ucrania, para evitar un triunfo militar de Rusia. De todos los gambitos de Macron, este ha sido el más o uno de los más arriesgados. Y el que más irritación ha provocado al otro lado del Rhin (1).

Desde febrero de 2022, Alemania ha enterrado las distintas derivadas de la Ostpolitik, y le ha tocado hacerlo a un canciller socialdemócrata, quizás el más gris y menos dotado para un liderazgo de altos vuelos. Olaf Scholz anunció el zeitenwende (traducible como ‘cambio de era, o de tiempo). Medio siglo de acercamiento a Rusia se ponía en cuestión. La ecuación económica (materias primas energéticas a cambio de maquinarias y bienes de equipo) en las relaciones bilaterales se disolvía bajo el peso de las sanciones occidentales contra Moscú. Más aún, la Alemania pacifista post-hitleriana se comprometía a un esfuerzo militar de 100.000 millones de dólares (para empezar) con los que rejuvenecer, reforzar y ampliar el aparato militar alemán.

Pero en todo hay un límite, o una línea roja. Alemania no ha sido tímida con Putin, a pesar de ser el país europeo más perjudicado por los embargos, las limitaciones y condicionantes en el consumo de petróleo y gas rusos. La guerra económica se aceptó como inevitable en Berlín. Pero a partir de aquí se ha ido con pies de plomo, en particular en el suministro de armamento a Ucrania. Aún así, Alemania es, después de Estados Unidos, el mayor contribuidor neto en los arsenales de Kiev (2). Que no se olvide.

Francia también ha tomado sus precauciones en la presión al Kremlin, igual que EE.UU, pese a la retórica y la propaganda de guerra fría imperante desde hace dos años. Por eso, la última provocación de Macron ha molestado tanto en Berlín. Además, como suele habitual en sus alardes, el presidente francés añadió el insulto a la injuria, al sugerir que la delicada fragilidad de Ucrania exigía más “coraje” y menos timidez de los aliados (3).

Scholz le replicó con discreción diplomática y burocrática, sin salidas de tono, recordando que las decisiones de la OTAN descartaban boots on the ground (envío de tropas a Ucrania). Pero su ministro de Defensa, Pistorius, no se resistió a devolverle el guante y afearle esa nueva lección de moralidad. Los ministros de Exteriores de ambos países trataron de diplomatizar la crisis días después, pero no se arriesgaron a celebrar una conferencia de prensa conjunta para no evidenciar que la herida política entre Berlín y París seguía abierta. La filtración de una reunión de altos mandos militares alemanes, espiada por agentes rusos, enturbió aún más el clima (4).

Otro elemento invariable desde la guerra fría: Berlín puede apoyar el proyecto de defensa autónoma europea, pero nunca lo ha dejado de considerar como subordinado a la OTAN. El paraguas nuclear americano es intocable, entonces y ahora. Y ni siquiera una eventual (y sólo especulativa, por ahora) disponibilidad estratégica del arsenal nuclear francés son capaces de modificar ese axioma (5).

FACTORES POLÍTICOS

Aparte de las consideraciones estratégicas, en ésta última crisis también han pesado los factores políticos internos. Macron afronta las elecciones europeas con la aprensión de un triunfo, inevitable según parece. del ultraderechista Rassemblement National. En su día, se le consideraba un partido prorruso e incluso con financiación generosa del Kremlin. En los últimos años, la presidenta del Partido ha intentado alejarse del Kremlin, pero no lo ha conseguido del todo. Y Macron quiere explotar esa supuesta vulnerabilidad de una mujer a la que ha derrotado dos veces en las elecciones presidenciales, pero que parece destinada a ocupar el Eliseo en 2027, si este año tiene unos resultados exitosos en las europeas.

En el debate parlamentario de esta semana sobre el acuerdo bilateral de seguridad con Kiev, Marine Le Pen ordenó la abstención. Dejó claro que apoya la resistencia ucraniana, para que no haya dudas sobre su cambio de actitud con Rusia. Pero vio en la iniciativa del partido del Presidente una clara intención electoralista. En la izquierda se evidenciaron las divisiones: insumisos y comunistas votaron en contra, socialistas y ecologistas, a favor, pero estos últimos rechazaron la sugerencia del envío de tropas.

Scholz también afronta el desafío de la ultraderecha, con elecciones este otoño que podrían consolidar el dominio de la AfD (Alternativa por Alemania) en los länder orientales. Este partido ha conquistado a los ciudadanos que no tienen un recuerdo tan negativo de la RDA, pero en su auge también ha mordido en la base socialdemócrata. El canciller no quiere aparecer demasiado hostil ante un electorado que no participa del discurso antirruso.

FACTORES INSTITUCIONALES

En este desencuentro París-Bonn, como en otros anteriores, la estructura de los respectivos sistemas políticos también ejerce una influencia perturbadores. El sistema político francés es presidencialista; el alemán es parlamentario.

En Francia, el Presidente ejerce una atribución exclusiva y personal en la política exterior. No necesita ni siquiera de su propia mayoría (en este caso, de la minoría que lo apoya) para formular sus propuestas internacionales. En Alemania, por el contrario, el Canciller tiene que pactar la política exterior con sus socios de coalición, e incluso, en las raras veces que ha habido un gobierno monocolor mayoritario, el Bundestag ha ejercido una influencia considerable.

FACTORES PERSONALES

Finalmente, el estilo personal tampoco es desdeñable. Suele ser habitual que en el Eliseo y en la Cancillería no habiten caracteres afines. El Presidente francés está condicionado por el aurea de un sistema político que descansa sobre una figura engrandecida y exige un liderazgo real, pero también efectista. Que lo sea y que lo parezca. El Canciller, en cambio, es una suerte de primus inter pares, por destacado que sea. Por eso, desde 1945, la estatura personal de los líderes alemanes ha estado siempre encuadrada en unas estructuras firmes que evitan el hiperliderazgo. Es el escarmiento del Jefe (Führer).

Esa limitación (histórica y política) se refuerza, a veces, con el estilo puramente personal. En la actualidad, la brecha es quizás la más amplia de los últimos ochenta años. Un Presidente francés al que le gusta hablar y un Canciller que es, quizás, el más discreto desde la posguerra.

De Gaulle y Adenauer cultivaron poco la relación personal, pero tampoco se lo propusieron. Pompidou y Brandt nunca se entendieron especialmente bien, aunque el alemán se cuidó mucho de que su creciente popularidad no irritara en París... hasta que el escándalo Guillaume acabó con su carrera. Giscard y Schmidt confirieron a su cooperación un carácter técnico, obligados por la crisis del petróleo tras las guerras de Oriente Medio. Mitterrand y Kohl elevaron el tono de la relación bilateral, pero no siempre ajustaron la dinámica personal. El alemán fue el canciller más longevo de la posguerra y también el más mediático, pero el francés nunca renunció, antes al contrario, a la solemnidad con que se ejercía el cargo. Merkel minimizó a Sarkozy (y luego a Hollande), pero no por remarcar sus cualidades personales, sino por ponerlas al servicio del indiscutible liderazgo económico alemán en la Europa de la posguerra fría. Macron quiso acabar con esa inferioridad francesa, a duras penas. No está claro que lo consiguiera frente a una Merkel en retirada, pero cree tenerlo más fácil con el gris Scholz.

NOTAS

(1) “France-Allemagne, un tándem secoué par l’épreuve de la guerre en Ukraine”. PHILIPPE RICHARD & THOMAS WIEDER. LE MONDE, 9 de marzo.

(2) “German Chancellor pledges to boost [ammunition] production for Ukraine”. DER SPIEGEL, 5 de febrero (versión en inglés).

(3) “Le débat sur l’envoi de soldats en Ukraine révèle les profondes differences de vision de la guerre parmi les allies”. LE MONDE, 6 de marzo.

(4) “Now It’s Germany’s turn to frustrate Allies over Ukraine”. THE NEW YORK TIMES, 4 de marzo.

(5) “Dans cette nouvelle ère où l’affrontement a remplacé la cooperation, la question de la dissuasion nucleaire reprend tout son sens”. SYLVIE KAUFFMANN. LE MONDE, 7 de febrero.

 

Las primarias que nunca existieron

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Ha pasado el Supermartes de las elecciones norteamericanas sin sorpresas dignas de consideración. Biden y Trump se encaminan hacia una repetición del duelo de 2020, pero con papeles invertidos. En esta ocasión, el líder demócrata será el incumbent (el titular del cargo) y el republicano hará de aspirante. Aunque ninguno de ellos haya obtenido técnicamente aún el número suficiente de delegados para ser coronados en las convenciones del verano, las cartas ya están echadas. Este año ha habido primarias sólo formalmente, pero no ha habido eso que tanto gusta a periodistas y los aficionados a la política como espectáculo: emoción, disputa (1).

Biden y Trump reflejan gran parte de las dolencias del sistema norteamericano. De un lado, el establishment esclerotizado, envejecido, y no sólo biológicamente. Los ochenta años cumplidos del actual presidente han sido motivo de debate durante al menos los dos últimos años, entre las bases, escalones medios y grandes electores del partido. Aún esta viva la discusión, aunque ha derivado ya hacía los márgenes especulativos. Nadie se ha querido postular y a nadie se ha señalado como alternativa. Por distintas razones. No parece elegante debilitar al líder de facto del Partido mientras está gobernando (se ha hecho antes, pero en muy pocas ocasiones). No hay motivos políticos de fondo: la economía marcha bien, Estados Unidos, se dice, ha recuperado crédito en el mundo (o mejor dicho, entre sus aliados de siempre). Y, last but no least, el perfil moderado de Biden parece lo más aconsejable para atraerse a los republicanos moderados que están espantados ante una vuelta de Trump.

Desde los sectores más dinámicos y/o progresistas del Partido Demócrata las cosas se ven de otra manera. Ya no les basta con apelativos retóricos a la democracia, con gestos amables hacia las clases menesterosas o con gastadas proclamas de los valores de la nación elegida. Las minorías raciales, sociales e incluso los sectores menos favorecidos de las clases medidas necesitan otro Partido Demócrata. O simplemente otro Partido a secas (2).

GAZA, RUINA MORAL DE BIDEN

La guerra de Gaza -en particular, la abominable campaña de venganza de Israel por lo ocurrido el 7 de octubre- ha terminado por fracturar sin remedio a los demócratas. Biden, su gobierno y la fracción legislativa que lo apoya se han descolgado de las bases más progresistas por su resistencia a desasociarse de la actuación israelí. La crítica contenida de la Administración no ha sido suficiente para conjurar el malestar.

Quizás lo más interesante de estas primarias en blanco y negro haya sido el número de no commitment votes (traducible como votos no comprometidos o votos en blanco) en el estado de Michigan, uno de los que se apuntan como claves para decidir el ganador en noviembre. Biden ganó allí en 2020 y confiaba en hacerlo este año. Durante la prolongada huelga en la industria del motor, el presidente hizo uso de sus reflejos populistas y se calzó la gorra de sindicalista para apoyar

las protestas laborales, conforme a su trayectoria política. En estado automotriz por excelencia, recuperar a la base obrera parecía una estrategia ganadora frente a un Trump que ejerce una atracción fatal sobre las masas de trabajadores blancos sin estudios superiores.

Pero Biden no contaba hace meses con la bomba de tiempo que la guerra de Gaza dejaría en Michigan. El estado cuenta con el mayor número de árabes americanos, y en algunos distritos constituyen una mayoría. Allí ganó su escaño en la Cámara Baja la palestina de origen Rashida Tlaib, una de las integrantes del squad o grupo progresista de mujeres que constituye la punta de lanza del sector crítico del Partido Demócrata. Para denunciar la pasividad, la tibieza o la complicidad (según el ánimo de cada uno) de Biden frente a Israel, Tlaib y sus seguidores promovieron una campaña de voto en blanco, extensible a otros estados. En Michigan, más de 100.000 electores registrados como demócratas depositaron su no commitment vote o voto en blanco. Fue una especie de voto de castigo o de advertencia. Si esos demócratas persisten en su actitud en noviembre, y aseguran que lo harán, Biden podría perder estado clave y comprometer muy seriamente su aspiraciones de reelección. Quizás no valga con decir que sería peor para los palestinos otra presidencia de Trump. Los daños propios duelen más que los ajenos y despiertan más resentimiento (3).

No hay todavía datos fiables sobre la extensión de los no commitment en esta jornada de Supermartes. Pero el clima debe preocupar en la Casa Blanca y en el Partido. En el promedio de encuestas, Biden va por detrás de Trump en todas las encuestas (4). No es una diferencia insuperable, pero si el actual Presidente no consigue asegurar sus votos otrora más seguros, difícilmente podría dar la vuelta a la situación.

LA FRACTURA REPUBLICANA

Del lado republicano, las cosas tampoco son para celebrar. El partido del elefante se mueve entre la resignación y una euforia inconsistente. Hace tiempo que está escindido en al menos dos corrientes: la trumpista y la convencional. Pero en esta última hay distintas sensibilidades.

Los trumpistas son básicamente los RINO (acrónimo de republicans in name only o republicanos sólo de nombre). Aglutinan a ultraconservadores, libertarios sin carga ideológica firme y sobre todo oportunistas. Se han colocado detrás de la sombra de Trump por pura conveniencia. Son racistas, clasistas, negacionistas de todo pelaje y condición: un crisol de lo que sería en Europa la ultraderecha más rancia. Pero conectan con un sector muy amplio de los trabajadores blancos que se sienten amenazados por las minorías raciales (negros, latinos, asiáticos) y sociales (mujeres feministas, jóvenes contestatarios, ciudadanos con opciones sexuales o de género distintas a las convencionales, etc) (5).

Eso no quiere decir que la fracción trumpista del Partido Republicano se haya vuelto obrerista. Cuenta con el apoyo de multimillonarios, o millonarios, que van por libre en la estructura social, que se han descolgado de sus afines de clase o son outsiders en la selva del capitalismo norteamericano. Por seguidismo o magnetismo, estos privilegiados económicos arrastran a sectores incomodados de las clases medias. Esta melánge interclasista carece de programa político solvente, pero constituye una carga de profundidad para un sistema político agotado.

La facción tradicionalista del Partido Republicano está desmoralizada, pero no derrotada. Se ha aferrado a la candidatura fantasmal de Nikky Haley en estas primarias, como un recurso testimonial. La fragilidad de la resistencia era más que evidente. Haley forma parte del núcleo de dirigentes republicanos que sucumbió al empuje de Trump, al aceptar ser su embajadora ante la ONU. Sonó con fuerza para ser Secretaria de Estado, pero en uno de sus habituales cambios de humor, Trump la descartó, al sospechar que era un caballo de Troya, uno más, en su administración errática y a la deriva.

Los comentaristas republicanos moderados e incluso los que se autoproclaman neocon como Bret Stephens, columnista del New York Times, han promovido esta aventura en solitario de Haley como un gesto de coraje, un mensaje de alarma u otras encendidas proclamas sobre los peligros que acechan a la democracia americana (6). En realidad, los republicanos no acaban de entender, o no quieren admitir, que no es Trump y sus seguidores quienes amenazan a la democracia. Ellos son síntoma, no causa, de la decadencia del sistema político. Se aprovechan de su fragilidad para sacar provecho propio, personal o de casta.

Durante estos últimos años, los conservadores razonables creían que Trump podría hundirse bajo la trama de sus causas judiciales en permanente aumento. Ya son casi un centenar, de distinta naturaleza, y ha ocurrido todo lo contrario: es más fuerte que nunca. No han entendido, o han tardado en entender, que con cada proceso judicial que se abre en su contra, Trump obtiene más apoyo de esa base social vengativa que lo ve como un agente destructor, sin reparar en las consecuencias. El personaje está crecido y se atreve a decir cosas como “seré un dictador desde el primer día”. Aviso al deep State o establishment, que lo frenó en su primer mandato.

El discurso “político” de Trump es más simple que el asa de un cubo, pero, por eso mismo, eficaz: menos impuestos, más tarifas a la importaciones (sobre todo las de China), barreras sólidas frente a los inmigrantes “que envenenan la sangre americana”, cierre del grifo protector de los aliados exteriores, apoyo a los dictadores amigables con América, etc. Una versión del fascismo siglo XXI, sin bases doctrinales más allá de cuatro simplezas. Justo lo que su base social demanda y lo que interesa a sus protectores poderosos más cínicos.

Después de dos o tres primarias más, Biden y Trump habrán alcanzado el número suficiente de delegados para asegurarse su nominación respectiva. Las Convenciones se convertirán en una fotocopia a la inversa de hace cuatro años, pero en esta ocasión sin pandemia condicionante: se recuperará el espectáculo. El resultado de esta disputa repetida no está decidido, ni mucho menos (7). Pero, pase lo que pase, la democracia americana ha tocado fondo, incluso en sus aspectos formales sobre los que realmente se ha venido sosteniendo en las últimas décadas.

NOTAS

(1) “’It never mattered less’: Super Tuesday is looking less than super this year”. DAVID SMITH. THE GUARDIAN, 4 de marzo.

(2) “Michigan’s Uncommitted campaign is challenging Biden. It could save him again”. JOHN NICHOLS. THE NATION, 20 de febrero.

(3) “Over 100.000 Michigan primary votes were ‘uncommitted’. What does it mean?”. THE WASHINGTON POST, 28 de febrero.

(4) https://www.realclearpolling.com/polls/president/general/2024/trump-vs-biden

(5) “How paradoxes of class wil shape the 2024 election”. E.J. DIONNE Jr. THE WASHINGTON POST, 3 de marzo.

(6) “Nikky Haley’s last ditch. BRET STEPHENS. THE NEW YORK TIMES, 27 de febrero.

(7) “Ten thousand people can decide the presidential election”. ELAINE KAMARCK. BROOKINGS INSTITUTION, 3 de enero

Calenturas de la atual ‘guerra fría’

(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

Desde la intervención rusa en Georgia en 2008, si no antes, se suele utilizar el moto ‘guerra fría’ cada vez que ha habido picos de tensión entre el Kremlin y la OTAN. O entre la Casa Blanca y Pekín, a cuenta de Taiwan, del pulso por el control de mares y rutas del Extremo Oriente o de las disputas comerciales. Pero desde la crisis de Crimea, en 2014, y, por supuesto, desde la invasión de Ucrania, hace dos años, la intermitencia se ha convertido en permanencia. Esta ‘guerra de fría’ del siglo XXI ya no es ocasional o coyuntural. Es estructural y definitoria de las relaciones entre el Este y el Oeste. Y, si bien en forma distinta a la anterior ‘guerra fría’, condiciona también los vínculos entre el Norte y el Sur.

Falsas democracias en el Indo-Pacífico

(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

En estos dos primeros meses del año se han celebrado elecciones generales (presidenciales y/o legislativas) en tres países del Indo-Pacífico, la zona hacia la que se desplaza el centro de gravedad del equilibrio mundial, según los expertos: Bangladesh, Pakistán e Indonesia. Juntos suman cerca de 700 millones de habitantes, casi un 9% de la población mundial, y reúnen el mayor número de musulmanes del mundo.

Vejez y obsolescencia

(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La edad de los políticos vuelve a aparecer en el centro del debate político norteamericano. Es un asunto recurrente, que no presenta solución a corto plazo. Un informe de un fiscal especial sobre posibles irregularidades cometidas por el Biden al manejar de forma inapropiada material clasificado y compartirlo con un ayudante que le escribía sus memorias se ha convertido en un ‘boomerang’ para el Presidente en ejercicio en sus aspiraciones de ganar un segundo mandato de los electores. Las conclusiones del fiscal son exculpatorias en el fondo de la cuestión. Pero al señalar como atenuante la “pobre memoria” de Biden, debilitó su posición política (1).

Guerras estancadas

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Las dos guerras que consumen el debate político y económico en Occidente están estancadas, si como tal se entiende la falta de resolución satisfactoria.

Parábola de lobos y corderos

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

La extrema derecha conquista posiciones de poder: en despachos, en códigos legales y en las mentes. La ciudadanía preocupada responde en las calles. Los líderes del orden liberal señalan al lobo, pero sin resolver los problemas de los corderos. Simplemente, se presentan como los únicos pastores capaces de cuidarlos y protegerlos de la horrible amenaza.

La peligrosa ‘disuasión’ en el Mar Rojo

(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

La escalada militar en Oriente Medio ha subido varios grados. Los cien días del aniquilamiento de Gaza quedan atrás y el final no se avista próximo, por ahora. El interés por la franja disminuye para hacer sitio a los otros frentes. El más caliente parece ser el del Mar Rojo. Aunque genera menos sufrimiento humano, supone una amenaza para los grandes intereses comerciales del mundo, y eso pesa más que las vidas de las personas, se quiera o no reconocer públicamente.

Largos brazos, regates cortos

(Tiempo de lectura: 5 - 10 minutos)

La denominada “segunda fase” de la guerra de exterminio de Israel en Gaza (de Hamas, según el relato oficial; en verdad, del pueblo palestino que allí malvive o muere) y la crisis política en Francia se disputan el interés internacional de este turbulento inicio de año. Por diferentes que sean ambos asuntos -en alcance, en propósitos, en protagonistas- reflejan contradicciones y tensiones que auguran una difícil salida.

Año de votos, año de trampas

(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

El año que recién comienza viene cargado de urnas. Más de la mitad de la población mundial está llamada a expresar su voluntad política en los próximos doce meses. Pero en algunos casos, puede decirse que esas urnas están ya llenas. En algunos casos, de bombas; en otros, menos extremos, pero igualmente corrosivos, de trampas, de engaños.

Tres guerras solapadas

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

La atención mediática se desplaza hacia otro foco potencial de conflicto internacional, derivado de la operación de destrucción israelí de Gaza y muerte masiva de los palestinos. El arsenal compasivo de las primeras semanas se agota o se asfixia por la prohibición israelí de ingresar en la franja, la extinción paulatina pero inexorable de los periodistas palestinos que trabajaban para los medios externos y la fatiga habitual en las coberturas bélicas. Las crónicas del dolor humano empiezan a diluirse en relatos rutinarios y repetitivos de hipócritas negociaciones diplomáticas, consistentes en blanquear las muertes y el sufrimiento, justificar las políticas criminales y alertar de otros peligros “mayores”.

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El pacto fáustico de Macron

(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Macron y su gobierno han conseguido aprobar en la Asamblea Nacional francesa su nueva ley de inmigración. El precio ha sido alto: su propio grupo parlamentario ha quedado dividido y herido, con votos significativos en contra y varias abstenciones, la dimisión de uno de los ministros (el de Sanidad), el malestar explícito de media docena más y una sensación de deslealtad con el proyecto político que llevó al liberalismo reformista al Eliseo. Alguien ha escrito que esta batalla política puede ser más dañina que la reforma de las pensiones.

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Fatigas y temores ante las guerras

(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

En las puertas del invierno, las guerras que ocupan la atención internacional (Ucrania y Gaza) parecen abocadas a desenlaces dispares. Israel acelera la destrucción de Gaza en la confianza de que así podrá destruir (casi) definitivamente a Hamas. Cueste lo que cueste: principalmente las vidas de miles de personas. Ya han muerto en esta guerra más palestinos que en todas las operaciones militares israelíes anteriores juntas en la franja. Y quedan, con seguridad, los días más terribles, por efecto de las bombas y tanto o más por la inanición, la deshidratación y las enfermedades de todo tipo, que el aniquilamiento de la infraestructura sanitaria impide atajar. La catástrofe humana es la mayor del planeta en estos momentos, como denuncian la ONU y las entidades de ayuda sobre el terreno, completamente desbordadas e indignadas.

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