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EL PERIÓDICO
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Santiago J. Castellà Surribas

Licenciado en Derecho, Licenciado en Ciencias Políticas, Doctor en Derecho, Profesor de Derecho internacional. Miembro de número de la Real Academia Europea de Doctores, y actualmente Senador del Grupo Socialista por Tarragona.

Madrid Km. 0

Esa Puerta del Sol, antaño casi arrabal y punto de encuentro de la progresia liberal y librepensadora de los principios del Siglo XX, dio paso al Madrid gris de los silencios, con la instalación de la siniestra Dirección General de Seguridad,… y como por arte (arte de birlibirloque) - de sables y pistolas-, pasó rápido de la racionalidad napoleónico-jacobina, a la imprecisa radialidad política del desarrollismo franquista con sus empantanados pantanos. Y todo, por lo que parece, dejó una duradera (indeleble) huella en nuestra cultura cívica y política, y en especial en la capitalina: es lo que tiene vencer sin convencer, que entonces emerge una corte de aprovechados, estraperlistas, advenedizos y pelotas, que se convierten en vara de medir (y en vara de azote fácil y escarmiento ejemplificante).

Luís Araquistáin y el Krausismo: la añoranza de una tercera España siempre imposible

Quizás ha habido siempre una Tercera España imposible. No sólo aquella que en nuestros enfrentamientos inciviles se ha mantenido comprometidamente equidistante frente a la barbarie de los “hunos y los hotros” –que diría Unamuno-; no solo aquella que se resiste al precipicio de los extremos en los momentos más difíciles enfrentándose -víctima del fratricidio- a ambas facciones; sino aquella siempre y ontológicamente imposible: judíos conversos, marranos en una España de limpieza de sangre, moriscos, mozárabes, herejes, unitaristas, erasmistas, afrancesados, librepensadores, exiliados,… La lista de los excluidos, los vilipendiados, que sería larga y meticulosa... (una nueva historia de heterodoxos que nos reclama siempre) tras la cual laten los espíritus libres, los que más han pensado y repensado el ser profundo de su hispanidad, rebuscando argumentos para edificar una reconciliación que, por encima de las rencillas, envidias, ambiciones y odios, nos reúna a todos en una empresa común capaz de regenerar la podredumbre y miseria en la que tendemos a acomodarnos. Es curioso ver el escaso eco que fuera de nuestros lares tuvieron el erasmismo y el krausismo, y entender el paralelismo reconciliador de ambos marcos doctrinales para nuestras absurdas fracturas seculares, nos remite a la imposible Tercera España siempre también olvidada.

  • Publicado en Cultura