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Muertes en el tajo

Aunque el cese de actividad por la pandemia ha provocado un descenso de los accidentes laborales, en los siete primeros meses del año han fallecido 418 por el hecho de ir a trabajar, es decir, 47 más que el mismo período del año pasado cuando no había Covid-19.

Este hecho, insistimos, con menos actividad demuestra un fracaso rotundo en prevención de riesgos y salud por parte de las empresas, porque sigue siendo una cuestión secundaria, pero también es responsabilidad de la Administración porque no parece que se haya extremado la vigilancia del cumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. ¿Es esta última cuestión una consecuencia de los recortes padecidos?

Al parecer, la causa de muerte que más ha crecido, demostrando esta desidia que la UGT denuncia, ha sido la vinculada con los choques y colisiones con objetos en movimiento. El aumento ha sido, nada más y nada menos, que del 107%.

También hay que tener en cuenta que en estos datos de siniestralidad y muerte faltan muchos de los relacionados con la pandemia entre el personal que ha estado luchando contra la misma por ser su trabajo, es decir, los trabajadores de los ámbitos sanitario y socio-sanitario.

Así pues, estaríamos ante otro tema urgente, entre los muchos que lo son, y que no puede esperar más. Se debe proceder al cumplimiento de la legislación, y exigir, en la línea sindical, actuaciones inmediatas a través de un plan de choque que revierta estas cifras alarmantes. Y debemos exigir que termine la denominada infradeclaración de los casos de coronavirus como accidente de trabajo entre el personal citado.

Morir en el tajo no es cosa del pasado, morir en el trabajo sigue siendo una realidad en nuestro país, una carencia social más que no admite demora alguna.