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La lucha de la igualdad salarial

Parece mentira, pero persiste la brecha salarial entre hombres y mujeres en nuestro país y en el mundo. Por muchos avances que se haya producido es una realidad palpable y medible, englobando un conjunto de elementos que van más allá de lo puramente salarial, sin deja de afirmar que, por regla general, las mujeres siempre cobran menos, especialmente en el ámbito de la empresa privada.

Las mujeres siempre tienen más dificultades para entrar en el mercado laboral, siendo, por el contrario, más fácil su salida del mismo. Su promoción es siempre más lenta que la de los hombres por multitud de factores. Estas realidades tienen una clara repercusión también en el ámbito social. Si cobran menos, y padecen más dificultades en el mercado laboral, sus prestaciones de protección social son menores, y menores las pensiones que pueden disfrutar por su vida laboral. Por fin, no podemos olvidar la doble jornada laboral de muchas mujeres: en su trabajo y en casa. ¿La sociedad española ha asumido realmente la corresponsabilidad de las tareas privadas en el domicilio entre hombres y mujeres?

Si la realidad española no es buena, la del mudo no desarrollado es aún peor. La pobreza acrecienta la diferencia entre hombres y mujeres. Pronto tendremos que medir cómo la crisis de la pandemia está afectando a las mujeres, especialmente de la parte del planeta donde hay tantas carencias.

En nuestro país, acabar con esta situación pasa por legislar más intensa y extensamente, y de urgencia, y de ser conscientes que sin leyes los obstáculos no se eliminan solos, que las políticas a favor de la igualdad entre hombres y mujeres no son inventos de una izquierda políticamente correcta, sino instrumentos ante una realidad tozuda que se niega a cambiar.

Pero ante mentalidades tan arraigadas, especialmente en relación con la conciliación de la vida familiar y laboral, existe otro instrumento poderoso, el de la educación. En estos tiempos en los que algunos sectores cuestionan la educación en valores, o mejor dicho, la educación en valores de igualdad, camuflando sus propios argumentos arcaicos con supuestas apelaciones a la libertad de elección educativa para sus hijos, debemos reafirmarnos en la urgente necesidad de insistir en esa educación desde la misma primaria. Sin lugar a dudas, estamos ante la vulneración de un derecho fundamental, de un problema de justicia, pero, no lo dudemos, también de eficacia económica.